A
A
El baile de los que sobran

Foto: Getty Images

El baile de los que sobran

La bailoterapia está en furor. Rumbero que se respete acude a lugares donde la danza se aprende, se comparte y se usa para estar en forma.

La poderosa y contagiosa voz de Celia Cruz inunda el recinto, y aun solo grito 2.500 personas, bajo el limpio cielo de un domingo y con el Ávila como escenario, daninicio a una sesión de estiramiento de piernas, brazos y torso. Después seguirán los pasos de salsa que les marca el joven Raúl Smith Mesones, bailarín profesional, desde la tarimade la Concha Acústica del Parque del Este, de Caracas. 

Se trata de una clase de bailoterapia. La multitudinaria asistencia, en la que se mezclan niños, mujeres y hombres de todas las edades, contagiada por la alegría de la música y los estimulantes comentarios de su conductor, levanta brazos, mueve cintura y se contorsiona en una explosión de entusiasmo colectivo.

La práctica de la bailoterapia se origina en Venezuela en 1998 de la mano de Eduardo Moreno, bailarín profesional de amplia trayectoria, y de Roque Cedeño, promotor, quien explica que el concepto bailoterapia, más que una definición, es una marca registrada y patentada a escala internacional, con aspiraciones de convertirse en franquicia. Sin embargo, no fue sino hasta hace un año que esta novedosa forma de quemar calorías comenzó a causar furor entre los venezolanos. 

Y es que, a diferencia de la rigurosidad del jazz, el flamenco y la danza contemporánea, esta disciplina permite una absoluta libertad de movimientos acompañados por los más variados ritmos populares.

Familia que baila unida...

Roque Cedeño narra cómo llegaron al concepto de bailoterapia: “La mujer tiene un ritmo y una manera de ejercitarse y el hombre otra. Al hombre le gusta hacer físicoculturismo; la mujer a lo mejor hacerspinning y las más jóvenes aeróbicos. No había manera de juntarlos. Nos dimos cuenta de que el baile le gustaba a todo el mundo, y cuando empezamos a analizar en frío las bondades que nos proporcionaba el movernos a esas velocidades y con esos ritmos, vimos que se quemaban entre 600 y 800 calorías en una sesión de baile”.

Cedeño explica que el aporte final lo dieron distintos médicos. “Ellos sugerían tratamientos relacionados con ejercicios a sus pacientes —personas aquejadas de problemas cardiovasculares obesidad o sedentarismo—; pero encontraban que con ejercicios como caminar o hacer gimnasia se aburrían. Por el contrario, si les recomendaban bailar, asumían la actividad con entusiasmo y terminaban ejercitándose más de lo que les pedían”.

A la salud y bailando  

La bailoterapia es diversión, rélax y salud. Además toca los sentimientos, pues al escuchar los ritmos conocidos (cumbia, merengue,pasodoble, salsa) automáticamente se produce una emoción. “En cada sesión tenemos a un bailarín, un payaso, un musicólogo, un terapeuta, un sicólogo y un médico —agrega Cedeño—. La gente piensa que está recibiendo una simple clase de baile, cuando en realidad es una terapia.

La música, los comentarios del bailarín, sus movimientos, que son de muy bajo impacto, hacen que los asistentes sientan una gran satisfacción, que llega incluso a niveles de euforia”. Los beneficios de esta práctica son múltiples. Según el médico venezolano Eduardo Romero, especialista en Farmacología Clínica e Hipertensión, el baile es una variedad de ejercicio aeróbico que acelera la frecuencia cardiaca y estimula la circulación, permitiendo una mejor y más eficiente oxigenación de los tejidos.

“A la larga, reduce el colesterol sanguíneo. A nivel muscular tonifica y se adquiere mayor destreza motora y mayor eficiencia, es decir, los músculos trabajan consumiendo menos oxígeno y reduciendo la carga impuesta al corazón durante el ejercicio. Adicionalmente, la piel libera toxinas a través del sudor, los poros se abren y hay una mayor aireación de la epidermis”. 

Pero las bondades de la bailoterapia arropan también el ámbito síquico. “Se produce estimulación a nivel neuronal, liberación del estrés y producción de beta–endorfina, hormona que promueve la sensación de bienestar”, agrega Romero. Adicionalmente, ayuda a perder peso, ya que en cada sesión se queman entre 600 y 800 calorías. Mantiene el buen humor, una actitud positiva hacia las dificultades; ayuda a liberar tensiones y ansiedad, así como a combatir la depresión y los temores creados por la mente.

Colombia en la rumba 

Y otra vez la voz de Celia Cruz se abre rotunda sobre las notas de la Fania, la orquesta de todos los tiempos. Esta vez proviene de una oficina que comparte el mismo piso con una inmobiliaria y tres profesionales odontólogos, y su dueña afirma que estos últimos ni se inmutan cuando la música revienta el aire en las clases de salsa, merengue y otros ritmos a las que acuden entusiastas sus alumnos desde hace más de 13 años. 

Yolanda Rivera es una caleña adobada con pura salsa clásica, y dice que el éxito de su escuela se lo debe a que “esto es lo mío, lo adoro, no puedo vivirsin bailar”. Hasta en New Jersey, donde vivió por tres años, puso una escuela similar a la que acudían muchos latinos, pero también muchos gringos ansiosos de mover el cuerpo con esa cadencia que sólo se les da a los latinoamericanos.

Y es que la moda de hacer ejercicio, pero bailando, también está en auge en Colombia, aunque no en sesiones multitudinarias. Existen más bien muchas y pequeñas escuelas que ofrecen a sus alumnos la posibilidad de mantenerse en forma contoneando la cadera, alzando los brazos y, sobre todo, levantando el ánimo.

Gozadera total 

No sólo la salsa impregna esa manera sabrosa de poner a tono cuerpo y mente. “La danza hay que gozársela”, dice Liliana González, antropóloga de profesión y bailarina por vocación: “Siempre he danzado y me daban ganas de dictar clases; desde el colegio me contrataban para enseñarle a los pequeños, así que puse mi escuela pensando en transmitir a mis alumnos el ejercicio de una actividad ritual, diferente, que nos pone en contacto con lo más profundo de nosotros mismos”. 

Y allí, en la escuela Chalana, una casa de la Bella Suiza de Bogotá, Liliana da clases de danza clásica hindú, en la que los brazos están siempre arriba y se mueve levemente el pecho y la cadera, se involucran los mudras o posturas de las manos, y cuenta hasta la expresión de los ojos y la boca, pues en este baile se trabaja la energía vital lo mismo que la sexual, y se activa el corazón, pero de una manera sutil.

Liliana también enseña danza contemporánea a la que le pone música africana y algunos pasos de jazz, y una disciplina que se llama ‘tensegridad’, basada en las enseñanzas de los antiguos chamanes mexicanos para potencializar y reorganizar la energía propia a través de ciertos movimientos. Para empezar a danzar hay un calentamiento previo que sigue los pasos liberadores del yoga.

Por sevillanas 

Cuando se trata de bailes tradicionales de España, los colombianos tienen que habérselas con una cadencia diferente. La misma Paola Escobar, quien aprendió el arte del flamenco en Madrid, tuvo que afinar mucho el oído antes de poder interpretar el ritmo de esta danza andaluza por antonomasia. Paola da clases de sevillanas, que son cuatro bailes cortos que se interpretan por parejas, muy arraigados al folclor andaluz, y de flamenco, una expresión artística depurada y una técnica muy diferente porque involucra el taconeo, que es casi exclusivo de este baile.

Los pies y los brazos juegan un papel primordial en este aprendizaje que exige constancia y talento, y que ha llevado al ‘tablao’ de la casa de Paola, además de varios colombianos, a una pareja de españoles que nunca se interesó por aprender a bailar en su propio país.