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A trotar descalzos

Pantherstock.

A trotar descalzos

Los zapatos para correr han alcanzado niveles avanzados de diseño ergonómico pero las lesiones deportivas de los atletas persisten. Experiencias de corredores ancestrales y estudios médicos preliminares pronostican un cambio radical de paradigma: la mejor tecnología está en el pie descalzo.

“No es el zapato, es el estilo y la manera como corres” dice el doctor Daniel Lieberman, biólogo evolucionista de la Universidad de Harvard, que tiene un laboratorio donde estudia la biología del esqueleto y las biomecánicas del cuerpo. “Los seres humanos no están hechos para usar zapatos, los zapatos para correr son la causa de las lesiones que pretenden evitar”, dice.

Correr se puso de moda en Estados Unidos a comienzos de los 70, con la Maratón Olímpica de 1972, que fue la primera transmitida por televisión. Desde entonces no había sido controvertido el tema de la forma correcta para trotar y el asunto de la técnica se limitaba a ir a una tienda y comprar los zapatos adecuados, es decir, la técnica la tenían las compañías de zapatos, y era asequible para todos. Pero resultó ser que la técnica no estaba en el zapato, sino en el pie.

Durante años los ortopedistas y podólogos satanizaron el deporte debido a las severas lesiones de tendones, rodilla y cadera que sufrían quienes lo practicaban. Eso fue lo que le pasó a Chris McDougall, un periodista y corredor estadounidense que tras años de correr y de diagnósticos médicos traumáticos, descubrió a los indios tarahumara y se fue a correr con ellos para aprender su técnica.

Los indios de la Sierra Tarahumara, en Chihuahua, al norte de México, son considerados los corredores más resistentes del mundo, corren con unos sencillos “huaraches”, que son una especie de sandalias caseras hechas de neumático y cuero. Con huaraches o sin ellos los Tarahumara pueden correr tres días sin parar y han ganado las competencias más exigentes. “Corren porque aman correr”, dice McDougall, “es una necesidad genética, correr es parte de su vida, desde pequeños lo practican como un rito ancestral”. En 1994, un tarahumara, Juan Herrera, rompió el record guiness en los 160 km de la Ultramaratón de Los Ángeles, California. En 1997 la ganó Cirildo Chacarito, de 52 años, también de Chihuahua.

El best seller

Los tarahumara no eran famosos, nadie los había relacionado con el deporte hasta que ganaron la carrera y McDougall se fue a correr con ellos y escribió un libro. En 2009 publicó su testimonio, que se convirtió en un best seller inmediato que transformó por completo el enfoque de la industria del zapato. McDougall hace especial énfasis en los huaraches con los que los tarahumara le ganaron a los deportistas más entrenados y con los tenis de más alta tecnología del mundo, y muestra cómo el estilo de vida y el entrenamiento con el pie libre ha convertido a los tarahumara en los corredores más rápidos de largo aliento, y en los más longevos.

“Ese libro es obsesivo, uno se vuelve converso total”, dice Chloe Rutter, profesora de la Universidad de los Andes y triatleta. El libro, además de haber causado una revolución, es trepidante. En el subtítulo se lee: “Una tribu oculta, superatletas y la más fantástica carrera que el mundo haya visto.” Y en él hay drogas, guerrilla, carreras, sexo, fiestas y hasta asesinatos. El libro está centrado en las fantásticas carreras de los tarahumara y está lleno de personajes fascinantes como “Barefoot Ted” y “Caballo Blanco”, que los lectores adoran y que hoy tienen fans alrededor del mundo. McDougall es un periodista dedicado, ha sido colaborador de Esquire, The New York Times y Men’s Health. “McDoughall no escribe ni siquiera un email aburrido”, dice el doctor Lieberman.

Para Lieberman lo más emocionante del libro es que su teoría está basada en la evolución: “por casi dos mil años, antes de que aparecieran las armas de caza, los seres humanos corrían tras su presa, ¿cómo lo hacían? Volvemos a ese momento de la evolución y comprendemos que los seres humanos están diseñados para correr, sin zapatos. Hacerlo descalzos obliga a correr de la forma en que fuimos diseñados para hacerlo”.

La teoría

“No hay nada equivocado con los pies, pero empezamos a rediseñarlos, creamos los zapatos”, dice MacDougall.
Aclara que su libro no es un panfleto contra la industria de zapatos, como muchos señalan, pero que desde 1999 se sabía que entre más amortiguado esté el talón mayor es el impacto para el cuerpo, y aún así las suelas siguieron volviéndose más y más gruesas y los zapatos más y más caros, e inútiles porque inhiben el movimiento natural del pie y crean todo tipo de hábitos dañinos.

Juan Manuel Cordovez, maratonista bogotano, lleva corriendo 25 años y cuenta cómo fue la transformación del zapato: “Nike empezó con los zapatos de correr a finales de los 70.
Para mejorar las lesiones y conseguir una mejor estabilidad crearon diseños enfocados en la amortiguación del pie, y al hacerlo transformaron la manera en que la gente corre. La caída natural fue reemplazada por la caída amortiguada del zapato y empezó acumularse evidencia de que estaban causando más daño que beneficio. Ya en el año 2000, incluso antes de que saliera el libro de McDougall, la gente había empezado con el tema del minimalismo. Desde el 2004, en carreras en Estados Unidos, uno veía tenis de suela muy delgada, y en el 2006 ya se podía encontrar en todas las gamas de zapatos la línea minimalista”.
 
Los zapatos minimalistas son tenis despojados de cualquier tipo de amortiguación, dejan que las articulaciones, músculos y huesos del pie actúen como si estuviera descalzo, y escasamente protegen la planta. “Las ventas de este tipo de zapato se han cuadriplicado en el 2012”, según Steven Sashen, director ejecutivo del “zapato invisible”, que es lo más parecido a los “huaraches” tarahumara. Incluso ahora hay zapatos con 5 dedos, como guantes, pero son menos asequibles y más complejos de usar. “Yo he intentado varias veces comprar los Vibrams con dedos, pero mis dedos no son ‘regulares’ entonces no caben”, dice Chloe Rutter, “hay que tener un pie muy normal, y yo tengo el segundo y el tercer dedo tan largos como dedo gordo, y último dedo chiquitico.” Según Steven Sashen, la ventaja de las sandalias frente a los zapatos de dedos es el precio y además que el pie está realmente libre, no enfundado, entonces es más higiénico.  

“Descalzo, el ser humano usa sus ligamentos, tendones y músculos de la manera en que han sido diseñados para amortiguar el choque. Las lesiones desaparecen pero además es una manera de volver a sentir el suelo y estimular los nervios del pie con las texturas y variaciones de las superficies de la tierra. Para algo están esos nervios ahí, es como un masaje en el pie”, dice Steven Sashen. Hoy en día hay parques y reservas naturales alrededor del mundo a los que llegan grupos de senderismo que se especializan en hacer caminatas descalzos porque  los estímulos naturales en el pie tienen beneficios terapéuticos asociados a la reflexología. “El pie está lleno de terminales nerviosas, por eso dan tantas cosquillas, son sensores necesarios para la pisada, los pies descalzos pueden percibir las superficies, las anticipan, los sensores hacen que la pisada se acomode a cualquier superficie” dice Cordovez, “pero toda esa infraestructura está atrofiada por los zapatos”.

Correr tras la presa

“Lo que los científicos descubrieron en los videos en cámara lenta de los movimientos del pie al correr, es que en el pie hay una maquinaria poderosa, que cada dedo cumple una función, que el pie se expande antes de tocar el piso, vieron el papel de cada sección del pie, y concluyeron que el pie estaba atrapado en el zapato, que es como un sarcófago que le impide su movimiento natural”, dice Cordovez .

Lo cierto es que hay evidencia científica de que los humanos evolucionaron para ser cazadores. La existencia de las glándulas sudoríparas es prueba de ello, porque su única función es regular la temperatura del cuerpo para que permanezca fresco a velocidades y en distancias que recalentarían a cualquier animal. Eso era lo que hacían los cazadores tempranos antes de tener armas, perseguían al animal hasta rendirlo. Los dedos de los pies son otra evidencia, que sean cortos y derechos nos hace más eficientes para correr. También los ligamentos y los tendones de los pies y de la pierna; la cintura y el tronco que gira y permite un balanceo equilibrado y constante de los brazos y la cabeza; la cola incluso, “el trasero es un músculo para correr”, asegura el doctor Lieberman “casi todo en nosotros, de la cabeza a los dedos de los pies, nos hace buenos para correr”. El cuerpo humano evolucionó corriendo, el cerebro también: olfateando la presa, leyendo su rastro.

Ahora que podemos ver los efectos adversos del sedentarismo nuestro sentido común nos invita a correr de nuevo. Las décadas invertidas en mejorar la industria del zapato parecen mostrar que la verdadera evolución está en un desarrollo genético de miles de años. Para ser original, un descubrimiento debe comprender el origen de las cosas. El entendimiento cultural va más allá de la promoción de una marca y las preseas de la moda. Hay que despertar la memoria del cuerpo. Hay que correr, y hay que hacerlo descalzos.