Adam Sandler 1 - Jude Law 0

Adam Sandler 1 - Jude Law 0

Por: Susana
www.susanayelvira.com
 
Ya he sido bastante clara con mis prejuicios en contra de los hombres churros. Mis experiencias adolescentes con hombres extremadamente churros me dejaron algunas malas experiencias. Por eso comencé a desconfiar de ellos.
 
La vida no me ha hecho cambiar mis prejuicios. Basta con ver a esos especimenes en MTV, musculosos, bronceados, huecos, que buscan pareja en esos programas súper libreteados que se hacen llamar ‘Next’ y demás. Estos galanes no piden a una mujer tierna e inteligente, sino a una anoréxica con abdomen plano que puedan lucir como un bonito trofeo. Es fácil encontrar a cualquiera de estos tarados en un gimnasio o en un bar de cualquier ciudad. Yo los veo a menudo.
 
Como no me puedo dar el lujo de parecer una vieja amargada y maniquea tengo que aceptar que hay pequeñísimas excepciones. En defensa de los machos honrados por la naturaleza, recuerdo lo que una vez me confesó mi hermano, que por cierto es bonito, y además tierno y fiel. “Susy, estoy jodido, las viejas se asustan conmigo, sin siquiera conocerme ya creen que soy un patán ególatra que me las voy a comer y ya”. Mi hermano, aunque ha hecho una que otra patanada, no anda buscando polvo y ya. Cuando se involucra con una vieja lo hace de verdad. Por eso él es la mejor razón para no generalizar.
 
Pero, como son más los argumentos en contra de ellos, reitero mi renuncia a este tipo de hombres, que no se pueden comprometer y andan muy ocupados con su propio ego. Ni uno más de esos. Solo para una revolcadita de vez en cuando. Pero no más.
 
En cambio, le doy la bienvenida a un nuevo tipo de hombre. A diferencia de lo que digo siempre, y he escrito en este blog, no quiero a un Jude Law, ni a un Robert Downey Jr., ni a un Colin Firth, ni a un McSteamy, ni nada que se les parezca. Quiero a un Adam Sandler.
 
Ayer vi una película de Adam. Como siempre hace los mismos gestos y tiene el mismo acento, creo que él no actúa sino que se interpreta a sí mismo. En la película de ayer era un bombero muy exitoso con las mujeres que de repente decide hacerse pasar por gay para casarse con su amigo y conseguir una pensión.
 
Al ver más allá de una mala actuación y de un mal guión, decidí que ese es el hombre que le conviene a cualquier mujer como yo.
 
Los personajes que interpreta mi nuevo ídolo de Hollywood son tiernos, sensibles, graciosos, no le temen a enamorarse y son muy chistosos. Todo lo que hoy quiero en un hombre. Además Adam no es feo. Es lo que mi mamá llamaría “agraciado”.
 
Con un hombre así yo podría lucir una pancita trabajada a punta de hamburguesas y bandejas paisas, podría salir en sudadera a comprar el desayuno del domingo y podría hacer muchas otras cosas imposibles para un metrosexual de estos que frecuenté hace unos años.
 
Entre ellas pensar. Podría pensar y hablar con él sobre las canalladas de los israelíes en la Franja de Gaza, de la difícil situación estadounidense por cuenta de la crisis económica, de los efectos que ha tenido en otras economías fuertes y de lo duro que la están viendo los inmigrantes. Y de literatura, y de música, y de otras estupideces. Podría decirle por qué prefiero al Jonas Brother más grande, que ya es hora de que Uribe deje el poder y que ni a palo votaría por el Ministro de Agricultura.
 
Y él, además de responder a cada uno de estos juicios, me haría reír. Adam Sandler me hace reír. Un hombre como él además me abrazaría, me arruncharía y me diría que soy la más inteligente y linda. Y me miraría a mí más que a su reflejo en el espejo.


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