¡Bobitas si no!

¡Bobitas si no!

Por Susana
www.susanayelvira.com
 
No soy una gurú del sexo, ni me he comido a decenas de hombres. Al contrario, soy una mujer promedio, sin pose de diva y un poco quedada en las artes del coqueteo y el levantamiento de machos en bares. Por eso la teoría que expondré a continuación está bien lejos de ser una guía. Solamente me baso en mi experiencia y a algunas ideas fijas en lo que respecta a hombres y sexo. 
 
1. Uno tiene que ser uno, espontáneo, y andar de frente. Entonces, si pienso en sexo, más, igual o en menor escala de un hombre promedio, ¿por qué hacérmelas de inocente y puritana? No señoras. Nosotras también pensamos en que, como diría Daniela Romo, queremos amanecer con alguien, en que la vida es mucho mas rosa y feliz después de un gran polvo, en que un man que nos desea con locas ansias es súper efectivo para subirnos el ego, por adolorido que esté; y en que merecemos tanto o mas sexo que los hombres. Amiguitas, somos iguales a los machos alfa de las manadas. Gracias a nuestros antepasados revolucionarios de los sesenta, hoy podemos decir sin verguenza ¡quiero que me den como a rata coja! Finalmente hombres y mujeres somos iguales y sentimos bien parecido.
 
2. No es de guarichas decir qué nos gusta, qué no, cuándo y cómo. Al contrario. A los hombres de nuestra generación, progresistas y libres de complejos, los chifla una mujer que sepa qué quiere y cuándo lo quiere. Así les quitamos la carga de estar proponiendo siempre. Sí, uno dispone, pero también propone. Entonces, si hoy quieren tirar, pues díganle al afortunado: ¡Poséyeme ya! Si se asusta y las tacha de insolentes, este hombrecito es un ser despreciable que merece la hoguera. Él es el que está mal, no ustedes. Como Marco, gran musa de esta trilogía.
 
Además, ¿por qué siempre como él quiere? Señoras, si les gusta que las empujen contra una pared, les muerdan la oreja, les digan cochinadas, o cualquier cosa de estas, ¿por qué no pedirlo? Seguro su contrincante les ha pedido mil cosas a las que ustedes han accedido, ¿y esto no debería ser de doble vía?
 
3.  ¿Cuál es esta fijación con la belleza de las mujeres? Es usual ver en la calle a hombres horripilantes, panzones, un poco grasosos, calvos y mal vestidos agarrados de la mano con una vieja buenísima, con harta silicona, harta agua oxigenada en el pelo y harta base, que ha hecho más ejercicio en su vida que Michael Phelps, Lance Armstrong y Maria Isabel Urrutia juntos, y cuya comida se reduce a lechuga con manzana verde y agua de apio. Esa es nuestra cultura colombiana y traqueta, según la cual las viejas tenemos que ser unas remamacitas pa merecer a un man, por gordo y panzón que sea. ¡Y eso es mentira! Lo digo furiosa y todo.
 
¿Por qué uno va a sentir pena de la grasita acumulada en el abdomen bajo?, ¿o de la flacidez que llega con la edad?, ¿o de la estría que le salió a los 16 cuando se engordó y adelgazó por cuenta del muy normal cambio hormonal? ¿Y por qué avergonzarse de todo esto si, primero, uno se ha dedicado a cultivar el intelecto y una bonita forma de ser, y segundo, el hombre que lo va a ver desnudo a uno se aparta del modelo ideal, por ejemplo, del tipo Eric Bana? Y sigo furiosa. Después de varias investigaciones (no crean que no me documento para escribir esto) y sendos cuestionarios a amigos, concluí que los hombres que se salen del molde de la mafia y la superficialidad, prefieren mujeres seguras y tranquilas, por gordas que sean; y no gordas nerviosas y avergonzadas de sus carnes. Y quieren lejos a sílfides esculturales brutas, superficiales, con un cerebro del tamaño de una arveja. Bueno, como dirían las mamás, “no las quieren para algo serio”.
 
¿Recuerdan esta escena hermosa y memorable de Bridget Jones 2, en la que Bridget se levanta con sigilo de la cama en la que durmió con Mr. Darcy y comienza a brincar y tropezarse para ponerse los calzones mientras sigue tapada con la sábana que arrancó de la cama? Mr. Darcy, acostado, abre un solo ojo y le pregunta a la encartada y pudorosa Bridget: -qué demonios haces-
 
- Me estoy vistiendo -
- ¿Qué haces bailando con una carpa encima? -
- Es que no quiero que me veas los gorditos -  
- Bueno, eso no tiene ningún sentido, porque yo tengo tus gorditos en muy alta estima. En cualquier circunstancia - 
[Bridget saca la cabeza de debajo de la sábana] - ¿En serio?
- Absolutamente. Es más, me parece que va siendo hora de echarles otra mirada -
[La sábana de Bridget se cae al suelo]
 
Este diálogo demuestra mi punto, más allá del suspiro vagabundo que acaban de echarse por cuenta de la infinita belleza de Mr. Darcy, y por el irremediable deseo de tener un galán así de enamorado (y hermoso, y tierno, y sexy… por cuenta de este desgraciado mis estándares masculinos están en las nubes y yo, jodida, pero ese es otro tema).

Eso sí, es chévere aproximarse al ideal de belleza interior y exterior, pero por un tema de autoestima. Por eso les cuento que a veces Elvira y yo vamos al gimnasio y nos exigimos sobre una bicicleta. Pero nunca, léase bien, nunca nos hemos matado de hambre pensando en estar lindas para un hombre. Un man no merece que uno pase hambre ola. Y menos que uno deje de comerse una Todo terreno al carbón con adición de pepinillos de El Corral, o un Burro Ranchero de El Carnal, o una porción doble de chorizo de La Mazorca, o una bandeja paisa de El Envigadeño.
 
***
 
Como les conté en el post anterior, tengo amigas de todo tipo. Desde las que se sonrojan al hablar de “cosas íntimas”, o que solo al pensar en su primera vez se ponen color tomate (solo puedo pensar en mi amiga Pepita Amuchastegui, una rola educada en colegio de monjas que todavía cree que la virginidad es una virtud y no un gran problema); hasta las que hacen que me sonroje cuando me cuentan cada pequeñísimo detalle sobre sus faenas. Y creo que cada posición es respetable y tiene que ver con una personalidad que hay que cultivar. Por ejemplo, no quiero pensar en qué pasaría si un día Pepita le saliera a su prometido, Sir Waldorff, con un desesperado “¡Sir Waldroff, poséyeme ya!”, creo que a la pobre le daría una embolia y se le terminaría el compromiso. 

Pero sí creo que uno tiene que ser uno, quitarse tantas vergüenzas y prevenciones y arriesgarse sin tener en cuenta machismos estupidos y anacrónicos. Como decía Freud, cada mujer lleva una puta dentro (o algo así), y sacarla a veces es súper divertido. 
 
 
Así que aprendan. Esto es como toda esa filosofía pachuca de El Secreto: pide y el universo te lo dará. Por eso pidan mijitas para que su macho (como Rex Manning) disponga y sólo tenga que decirles: Say no more, mon amour:
 
 
 

 
 
No se olviden que estamos en cuenta regresiva para una gran gran gran sorpresa:6

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