Corín Tellado se nos tiró la vida

Corín Tellado se nos tiró la vida

Por: Susana
www.susanayelvira.com
 
El cliché indica que cuando alguien muere los periodistas del mundo nos ocupamos de hacer obituarios benévolos y adornados sobre el difunto. No importa si es Julio César Turbay o el ‘Doctor Muerte’. Pero esta vez no. Me niego a escribir un gran réquiem por María del Socorro Tellado López, más conocida como Corin Tellado. Es que esta escritora de novelas rosa, cursis, utópicas, ridículas y barrocas se nos tiró la vida.
Por cuenta de “la dama de la novela romántica” las viejas nos volvimos tontas.
 
Comencemos con que esta señora reafirmó la idea de “cada tiesto tiene su arepa”, pero a su estilo. Según ella, el tiesto de la arepa siempre es un miembro de la realeza de nombres Pedro Miguel, Rómulo Rafael, Guillermo Felipe, Alfonso Pablo o derivados, churrísimo, con muchos dólares en el banco, mansiones llenas de mármol y escaleras de caracol, una madre ausente que siempre ha ocultado que él no es hijo del magnate que lo crió y que, además, es tan noble que puede enamorarse de una campesina analfabeta que llega a su mansión como empleada doméstica. Por cierto, en estas novelas la campesina analfabeta nunca tuvo un peso para hacerse el botox capilar, la cera, ir a un gimnasio o arreglarse las uñas, pero siempre es una Adela Noriega súper flaca, con abdominales marcados, piel inteligentemente bronceada, dientes blancos y una cabellera larga, lacia y sedosa. 
 
Y las viejas nos comimos el cuento completico. Toda la vida esperamos tener esa suerte, pero la naturaleza no es ecuánime con todas y unas dependen de un gimnasio y varias liposucciones para embutirse en un jean talla seis, y de varios metros de extensiones para tener un pelo medianamente decente.
 
Y ni hablar del galán. Qué totazo al darnos cuenta de que la vida está llena de Jairos vaciados que, a pesar de tener panzas trabajadas a punta de cerveza, solo se cuadran con beldades anoréxicas y huecas. Y ni hablar de cuando esperan que sea la campesina analfabeta la que los mantenga.
 
Ahí va el otro tema. Según Corín conseguir plata es súper fácil. Por cuenta de esta señora que llenó su cuenta del banco a punta de las mentiras que escribía, crecimos viendo ejemplos de superación en los que la campesina analfabeta montaba una empresa de empanadas en un garaje y terminaba siendo la zarina de la empanada criolla de su país y aledaños; se quedaba con su tierno, elegante y fiel galán, y compraba la mansión en la que trabajó como empleada para añadirle una escalera de caracol más. Es que, según las novelas de Corín y amigas, entre más alta la escalera, más plata se tiene.
 
Bueno, y ni hablar de las malas. Según el mundo barroco de Corín las malvadas siempre terminan en la inmunda. Pobres, locas, feas y solas. ¿Queridos lectores, eso siempre es así?
 
Antes de que digan que ya soy víctima de la edad, que ando amargada o tengo mi PMS, tengo que aclararles  que el día era hermoso antes de comenzar a pensar en esta amada y exitosa difunta española. Ahí sí me llené de odio. Es que si esta señora no hubiera creado los mundos de fantasía que creó, todas seríamos más felices con nuestro Jairo.
 
Pero es inevitable, Corín murió pero quedaron muchos reemplazos. Sin ir muy lejos, las comedias románticas que me hacen trinar de emoción responden al mismo principio. Con decirles que sigo esperando a un Graham Simpkins (El Descanso). Eso sí, sentadita y con la férrea convicción de que me le cuelgo del cuello al primero que tenga al menos una de sus cualidades. Que Corín descanse en su gloria.  

 
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