Pa’l baño, ¡YA!

Pa’l baño, ¡YA!

Por Susana
www.susanayelvira.com
 
Llevo diez años descubriendo mi líbido y la única conclusión que se me ha pasado por el frente es que ¡es gigante!
 
La más reciente manifestación de esa hormona horny que me invade cada tanto ocurrió el sábado. Estábamos con Elvira y Madame Foqui Foqui (no han tenido el placer de conocerla porque se ha negado a escribir, pero tiene un par de historias que hacen que hasta yo me sonroje) en Armando Records muy tranquilas, tomando Cosmopolitans (sí, fue una noche llena de clichés) y hablando de cuanta pendejada, cuando lo descubrí en la barra.
 
Era un hombrecito extraño y elaborado: flaco, con camiseta esqueleto, con un mechón de pelo negro liso sobre la cara y un sombrerito que en otra cabeza se hubiera visto súper mañé. Él, en cambio, se veía… elaborado. Tenía ese estilo “no me he bañado en tres días” que a veces despierta los más bajos pensamientos y una barba de esos mismos tres días que me chifla.
 
“¿Cómo se llamará?, ¿qué hará en sus ratos libres?, ¿le gustará ir a cine?, ¿vivirá con los papás?, ¿tendrá novia?”, fueron preguntas que en NINGÚN momento pasaron por mi cabeza. Al contrario, lo primero que pensé al verlo fue: “está delicioso y me lo llevaría al baño ya mismo. No me interesa su nombre. Y mejor que no hable”. Sí, qué le haremos, esa soy yo.
 
De ahí no pasé. Dejé de oír a mi hormona y me concentré en mi charla trivial. Él siguió siendo parte del paisaje y ya. Seguramente alguien sí se lo llevo al baño. Pero no fui yo y me siento bien. La madurez y la conciencia han calado en mi.   
 
Y se que es cuestión de madurez o pendejada, porque alguna vez sí lo hice. Un día de fiesta conocí a un español al que terminé llevándome al baño del bar. Fue muy fácil (latina sin prejuicios + europeo de paseo = felicidad total). Él ya había manifestado su interés y me invitó a su hotel. Nunca me he ido con un desconocido y me muero del susto, por eso descarté su propuesta. Pero no quería pasar invicta, así que le dije, “pa’l baño, ¡YA!”.
 
No recuerdo su nombre, no se si alguna vez me lo dijo, lo único que se es que profanamos ese lugar reservado para que las viejas borrachas vomiten, se miren al espejo y hagan lo que todas hacemos en el baño. Fue un quickie excelente que pasó inadvertido entre la multitud. Ya se imaginarán mi cara de júbilo cuando regresé a donde mis amigos.

Eso pasó hace cuatro años y no se si lo volvería a hacer. Por ahora me basta con saber que hay hombres que solo despiertan eso, ganas de sexo cochino contra las paredes, así sea una garra de sombrero y camiseta esqueleto. Eso sí, les imploro a Zeus, Eros, Afrodita y Poseidón que nunca me enamore de algo así.


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