¡Que me tiendan sobre un escritorio!

¡Que me tiendan sobre un escritorio!

Por: Susana
www.susanayelvira.com
 
Por fin alguien le pone cifras al asunto: según un estudio publicado en Cosmo, el 82 por ciento de las personas entrevistadas sabe de un romance entre colegas de trabajo.
 
¡Qué vivan las oficinas! y ¡qué vivan los cuentos en las oficinas! Es que no hay que ser Ally McBeal o Meredith Grey para disfrutar de los besos en los ascensores, las miradas de reojo y la tensión cuando se tiene cerca al personaje que hace del escritorio un lugar mas divertido. Y si el cuento, o "romance" –como lo llama Cosmo- es a escondidas, ocho mil veces mejor.
 
Es que definitivamente no hay nada mejor que lo escondido. Saber que uno tiene algo con alguien y que es solo suyo (ese algo, no el alguien) no tiene precio. Las mariposas y la creatividad exacerbada para evitar ser descubierto ponen las neuronas y la adrenalina al cien y todo es mucho más chévere.
 
Yo hago parte de ese 82% y no porque sepa de un "romance", sino porque lo protagonicé. Hace un par de años me enredé con un hombrecito que trabajaba en mi oficina. Lo llamaremos Victorino.
 
Victorino me enredó cuando menos me di cuenta. Pero se lo agradezco. En ese tiempo fui una empleada feliz. El lunes me parecía divertidísimo ir a la oficina porque lo iba a ver, no me molestaba trabajar más de la cuenta porque lo estaba viendo,  y la sala de juntas comenzó a hacer parte de mis fantasías. Y ni les cuento de la cocina y el ascensor. Mientras me divertía con mi 'compañero de trabajo', esas cuatro paredes, el café recalentado y el tapete mohoso por el que caminé durante años adquirieron otro significado. Nunca hice “cochinadas” (gran palabra) dentro de la oficina, me moría del susto. Pero era suficiente saber que más tarde vería al muy serio y profesional Victorino y que, aunque él no cruzara la línea en horas laborales, quería quitarme todo en plena reunión de planeación estratégica. 
 
No se imaginan lo agradecida que estoy con Victorino. Mientras fue mi "romance de oficina" el trabajo fue mucho mas divertido. El balance es muy positivo porque ambos lo manejamos madura y profesionalmente (si es que cabe la palabra), entonces nada se convirtió en la pesadilla de la que tal vez haya oído hablar el 82% de Cosmo.
 
Y hoy, cuando la oficina no depara emociones diferentes a reuniones interminables y uno que otro chiste con compañeros fofos y aburridos, extraño a alguien que un día me tienda sobre el escritorio.
 
Ahí les dejo mi historia. Y si Elvira les contara la de ella…
 

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