Quiero ser la protagonista de una comedia romántica

Quiero ser la protagonista de una comedia romántica

Por: Susana
www.susanayelvira.com

Yo, Susana, soy una buena mezcla entre Julia Roberts, Bridget Jones, Cameron Díaz y Amanda Peet (‘Muy parecido al amor’). Un día de desparche estoy en la Librería Nacional leyendo una revista inteligente, tipo Foreign Policy. No tengo, ni a palo, una Cosmopolitan. Me volteo bruscamente hacia la caja de pago sin quitar los ojos de la revista y tropiezo con él, mi galán, quien curiosamente lleva un café en la mano. Se le cae todo encima. Yo levanto la  cabeza, nuestras miradas se cruzan y pum, flechazo. Suenan violines mentales y todo ocurre como en cámara lenta: nos miramos y el mundo se detiene. Pasamos el embobe que duró unos segundos y me apresuro a pedirle disculpas y a sacar unos pañuelos de mi cartera para limpiarlo. No se deja y anota su número en el pañuelo.
 
Esa noche él, un híbrido entre Jude Law, Colin Firth y John Cusack, está tirado sobre su cama, sin camisa, y no hace otra cosa que pensar en mí. Yo igual. Pero no lo voy a llamar aun. Mientras preparo una presentación que tengo que hacer a la mañana siguiente para conseguir unos aliados para un importante proyecto que me hará rica y famosa, pienso en él, en sus bonitos ojos, en su sonrisa, en la casa que compraremos en Santa Ana y en nuestros hijos que seguramente estudiarán en el CNG (para efectos de lectura diga Ci-en-yí).
 
Al día siguiente soy un manojo de nervios. Casi no consigo taxi, claro en las metrópolis es súper difícil coger taxi, y el tráfico es infernal. Cuando lo agarro me meto en un ‘embotellamiento’. Entonces me bajo del taxi, conducido por un wayú (que en mi comedia romántica criolla hace las veces del inmigrante hindú), y comienzo a correr hacia el lugar de la reunión, en el World Trade Center. Mis tacones Prada no me dejan correr. Pero lo hago de alguna forma y llego al edificio. Voy tarde. Todos están reunidos en la sala de juntas y yo irrumpo, de nuevo en cámara lenta. Él está ahí, es uno de los socios.
 
Nuestras miradas se vuelven a cruzar y de nuevo mi torpeza a lo Bridget me hace botar los papeles al piso. Él se tira a levantarlos y nos cruzamos arrodillados en el piso.
Transcurre mi presentación y soy una estrella. Los futuros socios de mi proyecto quedan matados conmigo. Saliendo de la reunión él se me acerca, se presenta y me invita a almorzar. Nos enamoramos.
 
Ahora viene la cámara rápida: con Stereophonics de banda sonora, estamos en el parque, corremos, nos abrazamos, en el centro comercial, nos abrazamos, en un restaurante, nos abrazamos, tomamos café, nos abrazamos, bailamos, nos abrazamos, nos damos besos. Tiramos. Somos felices.
 
Y ahora el conflicto: una ex novia que lo hizo retorcerse de dolor reaparece. Un sábado en la noche, antes de que yo llegue a cumplirle la cita (mi galán es tan hermoso que me está preparando comida con velas y música tipo Kenny G), llega a su apartamento para recordar viejos tiempos. La loba tiene un abrigo y abajo solo la ropa interior, de encaje negra. Entonces llega a su apartamento y se le mete. La puerta queda entreabierta. La guaricha en cuestión se le tira encima, y él, que es un caballero, no es capaz de alejarla o tratarla bruscamente. Ahí aparezco yo. Entro y los veo tirados en el sofá. Ella está sobre él. Yo salgo corriendo, sin pedir explicaciones y sin alcanzar a notar que es la loba infernal la que hizo todo.
 
De repente desaparezco. Mi galán me busca por todos lados, pero yo ando triste y decido irme a vivir a una ciudad con playa, muy perdida, digamos Tolú. Allí le ayudo a mi hermana hippie a administrar su hotel frente a la playa. Es que me cansé de los hombres y del capitalismo. Pasan los meses y ahora la banda sonora es Tracy Chapman. Paso largas horas frente al mar pensando en él. Y para él la vida no vuelve a ser la misma, sus amigos le presentan amigas deliciosas e inteligentes, pero él solo piensa en mí. 
 
Un año después, por alguna extraña coincidencia (de esas que siempre se dan en las comedias románticas que se respeten), a él lo mandan de viaje de trabajo a Tolú. Nos encontramos. Lo hago sufrir un poco, que se arrodille, y me explique mil veces que Lady Laura se le metió a la fuerza y que él lo único que hace es pensar en mi. Volvemos y los violines suenan de nuevo. Nos casamos en la playa, por supuesto, y vivimos felices para siempre. La banda sonora: REM con su Shiny Happy People. De hecho no, mi comedia romántica tiene un poco de musical y como en ‘Mamma Mia’ (gran película) canto y bailo al son de Abba. La canción de cierre es ‘Dancing Queen’. Soy la reina danzante de mi galán. Fade out.
 
Pero un momento, porque la peli no se ha acabado. Mientras aparecen los créditos la pantalla se divide en dos. Entonces hacemos un fastforward y aparezco yo con cinco años más (pero increíblemente bella). Estoy saliendo de mi casa en Santa Ana. Tengo un café en una mano y un portátil en la otra. Me subo a mi camioneta Audi y mis gemelos –que portan elegantemente sus uniformes del CNG- se suben atrás y se ponen el cinturón. De repente María –mi empleada hondureña- sale corriendo y me dice, “señora, dejó su aparato”, en una clara referencia a mi iPhone, y me lo entrega. Luego mi galán, al que los años le sientan de maravilla, se despide de mí con un beso apasionado por la ventana del carro, se sube a su Mercedes y arrancamos en direcciones opuestas. Ahora sí la película se acaba.
 
Ahí está mi historia, soy la protagonista de mi película. Como el viejo sabio que le dice a Kate Winslet en ‘El Descanso’ que ella está hecha para ser la protagonista de su película, así soy yo, la protagonista de mi comedia romántica. En algún lugar del mundo hay un galán esperando por mí. Mejor dicho, el fin de semana me voy para La Nacional. Allí va a estar él con su café. Va a tener unas gafas de intelectual, un saco en V y estará solo, listo para que le caiga el café encima y nos enamoremos. ¿Así o más clichés?
 
NOTA: Cuando la leyó publicada, Pepe Alegría me hizo caer en cuenta de una omisión súper importante en mi comedia romántica, ahí va:

Muero por la salsa, y tengo como rutina ir todos los miércoles a 'Café y Libro'. Es un plan que comparto con todas mis amigas, amigos y con Pepe. Pero mi galán, que no podía ser perfecto, nunca ha sido gran bailarín. De hecho le queda grande mover sus pies al son de cualquier ritmo. Pero, como me ama con loca pasión, se mete en clases de salsa con una profesora puertorriqueña. Después de un par de lecciones se convierte en un gran bailarín. Ahora sí es perfecto. Y por cierto, es gran amigo de mis amigos.

***
 
No puedo desaprovechar la oportunidad para presentarles un rápido conteo de las mejores películas de amor de todos los tiempos que hicimos con Elvira:
 
1. Love Actually. Indiscutible primer lugar.
2. Bridget Jones, la 1 y la 2, pero sobre todo la 1.
3. When Harry met Sally
4. Cómo perder a un hombre en 10 días.
5. Nottin Hill
6. Muy parecido al amor
7. Como si fuera la primera vez. Allí Drew Barrymore pierde la memoria todos los días
8. Loco por Mary
9. My Big Fat Greek Wedding
10. Mamma Mia. Es un musical pero merece estar en nuestro conteo.
 
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