Se les durmió el canario

Se les durmió el canario

Por: Susana
www.susanayelvira.com
 
Cuando todavía quedaba algo de inocencia en mi ser 'El canario' estaba de moda. Era una canción pegajosa y chistosa que cantaba un grupo de chocolocos que se llamaba 'No me pises que llevo chanclas'. Yo la cantaba alegre porque me parecía completamanete inofensiva. ¿Qué maldad había en una canción en la que el cantante le rendía un homenaje a su mascota muerta? Al contrario, era tierna. "Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay / qué pena me da que se me ha muerto el canario / Era la alegría de mi calle / la banda sonora de mi hogar / todas las mañanas en el balcón me formaba la revolución / el canalla estaba bien cuidao / y vivía mejor que yo…"

Pero cuando la inocencia se pierde se entienden muchas cosas. Entre esas esta linda canción, que motiva mi sentida reflexión: cuando uno crece comienzan a llegarle todas las cosas malas posibles, deudas, jefes impositivos, desempleo, trabajos aburridos y castradores, arrugas y sobrepeso. Y como si todo esto no fuera suficiente, los hombres descubren la impotencia. Y nosotras lamentamos este descubrimiento.

Este último es el castigo de los dioses del que me ocuparé hoy. De hecho, si las arrugas, el sobrepeso y un mal trabajo no son suficientes para acabar con el ego de una mujer, la impotencia puede llegar a conseguirlo, y con creces. ¿Qué hice mal?, ¿no le gusto lo suficiente?, ¿será que notó que hoy no me depilé?, ¿no le gustan las mujeres rollizas como yo?, ¿debí probar los movimientos de Demi Moore en 'Striptease'?, ¿estaba pensando en su ex? son algunas de las mil preguntas (patéticas, por cierto) que cualquiera puede hacerse después de que al mancito se le durmiera el canario en una noche de pasión.

Pero no hay por qué abrirle la puerta al dramatismo. Y mucho menos, permitir que este episodio hiera de muerte el ego. Primero, porque los más afectados cuando al "guerrero" le entra el letargo son ellos, los hombres, dueños de esa poderosa arma que una buena noche se les sale de control. ¿Dónde queda su hombría, su capacidad de macho reproductor?, ¿qué dirán de él?, ¿será que esta mujer saldrá corriendo a hablar de su canario somnoliento? "Es la primera vez que me pasa", correrá a decir este semental venido a menos. Claramente esa frase no hace la diferencia, porque justo esa supuesta primera vez fue con uno. Pero cero estrés. Al contrario, este episodio lamentable es material para una tarde de arpías en un café. Aquí algunas historias.

1. Un viagra para la habitación 1103

Los hombres que rozan los 40 son grandes polvos. Tienen toda la experiencia del mundo, cero penas, saben qué nos gusta y se toman su tiempo. Pero, como nada en esta vida es perfecto, los dioses tienen que castigar a estos amantes perfectos con un reloj biológico que no les da tregua. A esa edad ya comienzan a construirle el altar al genio -que por cierto debería estar en la lista de candidatos para ser canonizados por Benedicto XVI- que se inventó el Viagra.

Pues bien, un día estaba de ronda por un hotelito bogotano con mi cuarentón delicioso. Nos habíamos entregado a la pasión en un pre largo de esos que él dirige muy bien. Su amiguito (mi mejor amigo en ese momento) estaba en su mejor forma: pendiente de cada movimiento, altivo y listo para la acción. Pero de repente se durmió. Sigo preguntándome qué le pasó a Mr. Big. Si señores, se durmió, de repente, después de estar pidiendo pista. Y no se volvió a despertar.

Mi cuarentón delicioso y avergonzado no sabía dónde meterse. Y yo no sabía qué meterme. Pero bueno, soy paciente y comprensiva. Después de varios intentos en los que mis mejores artimañas fueron insuficientes, nos dimos por vencidos y nos entregamos a un arrunchis largo e incómodo. Él no habló mucho en lo que quedó del encuentro. Estaba avergonzado. Y yo estaba muy frustrada, pero traté de disimularlo y estar tranquila y comprensiva. Finalmente soy una 'lady' y nada me saca de casillas.

Cuando nos despedimos no dijo mucho. Yo le apreté la mano, le di un beso largo y le dije que nos veríamos pronto, como un acto de solidaridad no muy sincero. Qué le haremos, no soy rencorosa. A la semana siguiente lo llamé y volvimos a vernos. Afortunadamente su guerrero volvió a la acción con espada y armadura y me recompensó por la mala batalla de la semana anterior.

2. Les presento al Derretido

Una amiga a la que llamaremos Genoveva encontró a su impotente, al que llamábamos oficialmente "El Derretido" (en honor a un sánduche con queso fundido que venden en uno de estos sitios que uno siempre encuentra abiertos a las tres de la mañana). No sé su nombre, ni mayores detalles sobre este ser desprovisto de toda gracia divina. La única certeza que tengo sobre él es que a sus 25 años (en ese entonces) era impotente. Oh ser desgraciado. Y Genoveva, por cierto, merece un altar en el paraíso de la paciencia (¿o en el de la estupidez?). Ella le dio tres oportunidades para que limpiara su imagen, pero no. Esa asta nunca se levantó. Su impotencia no merece adjetivos, nada de canario dormido, ni guerrero con letargo… lo suyo es un problema simple de 'disfunción erectil' causada por mil razones posibles como diabetes y por el que debería visitar a un médico, ¿o salir del clóset? Y, aunque Genoveva alcanzó a culpar a su pancita y a su no muy amplia experiencia en el Kamasutra, el sexo tántrico y se flageló por pasar de largo los programas de la gurú Alessandra Rampolla, pronto entendió que no tenía por qué vivir la impotencia de otro. Solo ruego a Dios para que El Derretido haya encontrado el camino.

3. Si va a tomar no maneje… ni tire

Los hombres quieren emborracharse, bailar, levantar y tirar, todo en la misma noche. ¿Cómo explicarles que no todo es posible? O se emborrachan o tiran. ¿Hay algo más desagradable que un macho borracho, cuando uno está sobrio? Además que un hombre con varios litros de cerveza recorriendo sus venas es prácticamente inservible: no puede llegar solo a su casa y por supuesto no lo puede llevar a uno, no es consciente de nada y ni siquiera se le para. A Elvira y a mí nos ha pasado. Ella culpa a un trago en particular, la ginebra. Pero yo los culpo a todos. Un hombre borracho no coordina un solo movimiento, y mucho menos logra que su gladiador tenga una pelea decente en la arena. ¿Y algo más patético que un hombre borracho tratando que se le pare? Por eso este es un consejo para ellos: señores, si ya fueron tan machos para tomar hasta convertirse en una masa inútil, lo mínimo es que acepten que su canario se duerma. No lo obliguen, él necesita paciencia y un ambiente saludable para hacer lo suyo. Mejor, entonces, agradézcanle a la 'dama' que ya se les aguantó la borrachera y no la sometan a una larga noche de esfuerzos infructuosos. Duerman un par de horas hasta que desaparezca el cansancio viril... así tendrán mayores posibilidades de que su cohete pueda llegar directo a la luna.


¿Comentarios, dudas, propuestas, regaños? Escríbanos
 
Y ahora estamos twittiando. Así que nos pueden buscar para saber qué estamos pensando: http://twitter.com/susanayelvira

Videos Relacionados

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.