Si yo fuera gay...

Si yo fuera gay...

Por: Elvira
www.susanayelvira.com

Amo a los hombres pero estoy segura que de haber sido lesbiana, hubiera tenido un éxito arrasador. Lo sé, porque soy un imán para las chicas. He espantado más viejas que tipos y han sido muchas las veces que he tenido que decir “que gracias, pero es que no se me moja la canoa”.
 
Nunca había entendido qué era lo que tenía para hacerme un imán atrae-lesbis. Hasta que un día salimos a tomarnos algo en un bar gay (horrible por cierto) con una amiga de largo recorrido lésbico y Susana. Ella nos explicó cómo era la cosa.
 
Susana salió bien librada porque ella es la definición e imagen perfecta de la vieja heterosexual que come macho alfa de brazo marcado y no se le tuerce absolutamente nada. Aunque a veces tiene su tumbao y levanta chicas, pues más de una vez hemos cogido a una vieja mirando libidinosamente a nuestra macho-alfa-lover Susi.
 
En cambio yo dejo mis dudas, porque tal parece que existo en una zona gris ante los ojos de las lesbianas. Esa zona gris se traduce en que de mí no saben qué pensar, y por eso, muchas deciden lanzarse al agua para ver si se me moja la canoa o no. Y es por esa dualidad que supuestamente tengo, que me he ganado tantos odios y shows de celos por parte de novias de mis amigas, además de ataques súbitos y algo agresivos por parte de viejas que quieren medirme el aceite. Como no saben qué pensar de mi, asumen que soy la moza de alguna amiga lesbiana, cuando no tengo el menor interés ni curiosidad de cogerle las tetas a nadie, ni que ninguna vieja me las coja a mi. Porque eso sí, las cuentas claras y el chocolate espeso, de lo contrario uno puede terminar en encerrón de baño sin tener salida de emergencia.
 
Siempre he tenido amigas que gustan de las chicas. La primera me salió del clóset cuando estábamos como en noveno, siendo una gran sorpresa para mí, porque habíamos sido amigas desde kinder y obviamente uno a esas alturas no sospecha nada de eso. Ella nunca me echó los perros, pero más de una novia suya sí se me insinuó.
 
En la universidad tuve varias amigas gays, que cuando decidían contarme que eran del otro equipo, me hacían propuestas como “si algún día quiere saber lo que es estar con una vieja, yo me ofrezco”. Y bueno, nunca llegué a pedirles el favorcito, pero fue entonces cuando comencé a saber lo que era ser una hetero odiada por las novias de mis amigas y el blanco de ataque de lesbianas desquiciadas.
 
Un día me gané un cachetadón con aruñazo seguido por grito de vieja histérica al oído, ¡PERRAAAAA!, tan solo por compartir un paquete de maicitos con una amiga... amiga que por cierto no sabía que le halaba al otro lado a pesar de llevar cuadrada como cinco años con la que yo asumía era su mejor amiga. Otro día una vieja me mandó con un mesero un poema escrito en una servilleta de su propia creación. El poema decía algo así como “hada entre las hadas, resplandeces en la fría noche como el rayo de luz que ilumina tu mirada”... La novia se dio cuenta, así que su reacción fue hacerme tal escándalo que la terminaron sacando cargada pataleando del lugar donde estábamos. Y otro día, estaba haciendo fila en el baño de un bar, y cuando entré al baño y estaba cerrando la puerta, una vieja forzó su entrada como una gran maestra de la contorsión. Pasó la tranca de la puerta y me dijo con cara de loca que desde que había entrado al bar, lo único que había hecho era pensar en que quería darme un beso. Yo, como una hábil lombriz, logré escaparme de sus garras y del baño que no volví a pisar. 
 
Ya he aprendido a manejar el imán que me caracteriza, y he comprobado que lo más efectivo es agarrarse del brazo del primer tipo que uno se encuentre con actitud bien lady. Sólo para hacer la pantomima, si uno no conoce al tipo simplemente le agradece y le suelta el brazo. O ignorar por completo las miradas ganosas que de vez en cuando a uno le echan. Y si ya no hay manera de escapar, con sólo decir que a uno no le gustan las viejas, es suficiente para que muy amistosamente se alejen o decidan abortar su misión. Aunque a veces hay que correr, literalmente, como cuando el tipo intenso y borracho le empieza a caer, uno simplemente huye y busca refugio en sus amigos.
 
Lástima. Si se me mojara la canoa hubiera sido una gran lesbiana con megaéxito incontrolable.


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