¡Superfemenina!

¡Superfemenina!

El cáncer no tiene por qué minar la vanidad ni trastornar la feminidad. La caída del pelo es algo transitorio y existen decenas de opciones para hacerle frente y sentirse hermosa. Camila Montoya nos contó qué hizo cuando tuvo que vivir esta situación.

Para la mayoría de mujeres, tener un cabello hermoso influye directamente en su autoestima, por lo que perderlo significa un gran revés en su imagen. Carolina Montoya, hermana de la modelo Toya Montoya, fue diagnosticada con cáncer de mama hace dos años. Pasó por una mastectomía, además de radioterapia y quimioterapia, y culminó su tratamiento con éxito. Madre de tres hijos, esposa y administradora de empresas, se define como poco vanidosa pero cuando supo que padecía la enfermedad, luego de pensar en sus hijos y en su familia, le preocupaba quedarse sin pelo:

“Al enterarme de la noticia, y una vez superado el shock, uno de los temas que me daba vueltas era saber qué iba a quedar calva en algún momento; comprendí que no era tan indiferente para mí la apariencia y debía prepararme para ese momento. Empecé la búsqueda de opciones para no andar calva por ahí. Usé pashminas, turbantes, pañoletas y lo que me sirviera para sentirme linda hasta que finalmente llegué donde Jairo Sarmiento, quien se dedica a hacer pelucas de pelo natural y quien tiene una linda obra social con niños que padecen cáncer; allí conseguí el pelo que necesitaba para evitar las miradas imprudentes en la calle y eso le dio tranquilidad a mi familia, en especial a uno de mis hijos al que le daba mucha angustia verme sin pelo. Cuando empezó a salir de nuevo, por la falta de melanina me creció blanco y esto me hacía ver mayor, así que decidí empezar a usar Henna para teñirlo. Me ha ido increíble, sigo usándola hasta hoy”.

Fotos: Karim&Maria

Tips de una sobreviviente

"Como consecuencia de las radioterapias y de las quimioterapias, la piel sufre mucho, por eso siempre usé una crema ultrahumectante, además de aplicar bloqueador solar varias veces al día. Gran parte del éxito de este proceso se debe a la actitud con la que uno enfrenta la situación. Si bien al comienzo se me acabó el mundo en un segundo, entendí que las probabilidades de éxito son altas y que podía lograrlo, siempre y cuando tuviera la mejor actitud posible. Continué trabajando, haciendo mercado, yendo a mil reuniones, a las citas de los colegios de mis hijos y poniéndome bella. Procuraba levantarme todos los días de la cama y mantener alguna actividad que me hiciera sentir bien, siempre pensaba que el esfuerzo que estaba haciendo valía la pena y que debía apreciar hasta las cosas más pequeñas de la vida”.

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