actualidad

La política y las mujeres

Lila Ochoa, 5/9/2011

Cada sociedad responde distinto ante las mujeres que pisan la arena política

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Las diferencias culturales de un país a otro en el campo de la política no suelen percibirse en su dimensión exacta, especialmente en lo que a las mujeres se refiere. A este respecto, las reglas del juego que cada país impone a sus mujeres para hacer política son muy diversas. Por ejemplo, hace pocos días nos enteramos de que Segolène Royal, quien perdió recientemente las elecciones en Francia, tuvo algunos problemas con su compañero sentimental. Durante la campaña, los periódicos no le dedicaron más de una cuartilla a su vida personal, que incluía el hecho de que tuvo cuatro hijos con él, su compañero afectivo, sin contemplar siquiera la posibilidad de casarse.

Por otra parte, Cecilia Sarkozy, la nueva Primera Dama de Francia, tiene una historia que daría para verter ríos de tinta: se voló hace dos años con un novio, abandonando a sus hijos y a su marido. Nadie se pregunta que pasó; ella simplemente volvió a donde Sarkozy al comienzo de la campaña presidencial y poco se ha hablado de su infidelidad después de que él conquistó la Presidencia.
 
Cecilia está dedicada a su familia y sigue su vida normal sin el acoso de los fotógrafos, y sobre todo cuenta con el respeto de la prensa que tiene claridad absoluta acerca de que la vida privada de su Presidente es, por definición, privada. Michelle Bachelet, presidenta de Chile, es madre soltera y eso no significa que haya duda alguna sobre sus calidades como dirigente.Eso sucede en Europa y, curiosamente, se extiende a nuestro continente, a América del Sur, donde, mal que bien, se respeta la privacidad de las figuras públicas.

Pero a quien sí le va a quedar cuesta arriba sustraerse a los prejuicios de la sociedad, es a la pobre Hillary Clinton, pues en Estados Unidos sucede exactamente lo contrario que en Francia. Allí se considera que la vida privada de los políticos le pertenece al público desde el momento en que aquéllos eligieron servirle a su pueblo. Por lo tanto, no hay pregunta prohibida ni chisme impublicable. Ahora que la ex Primera Dama se perfila como la candidata del Partido Demócrata con mayores posibilidades de llegar a la Presidencia de Estados Unidos, se prepara el lanzamiento de tres libros que cuentan toda clase de intimidades sobre ella; sabrá Dios si falsas o verdaderas.

Amigos y antiguos asistentes de Hillary Rodham se han dedicado a hablar sobre su vida a los biógrafos, entre ellos Carl Bernstein, uno de los dos periodistas del Washington Post que destaparon el escándalo Watergate. El libro de Bernstein se inicia con la historia de Vince Foster, asesor jurídico de la Presidencia, quien apareció muerto en un parque de la capital norteamericana. Hillary y Vince Foster se conocían desde que trabajaban juntos en un bufete de abogados de Little Rock, Arkansas. Desde el primer momento, Foster se convirtió en mentor de Hillary y le dedicó su vida a esa amistad.

Según algunos, Foster y Hillary eran amantes, y de los tres libros que saldrán a la luz pública el de Bernstein es el único que no lo afirma categóricamente. Dice el periodista: “No creo que hubiera nadie más cercano a Hillary durante 20 años. Quiero decir, uno quiere más a un amigo que a un amante”, e insinúa que Foster quería tanto a Hillary, que cuando sintió que le había fallado al no defenderla con propiedad en el escándalo político llamado Travelgate, decidió suicidarse.

Pero el de ser causante de un suicidio es el menos grave de los horrores que se le han endilgado a Hillary. Dos de los libros afirman que es lesbiana y habría que decir que esta especie, aunque fuera cierta, estaría completamente fuera de lugar en Europa. Y quizá la mayor injusticia que se ha cometido con ella resida en el odio que le profesan las feministas por no haber dejado a Bill Clinton después de que le puso los cuernos.

El caso de Hillary parece obedecer al típico “palo porque bogas y palo porque no bogas”. Porque también las tradicionalistas, que creen que una mujer debe anteponer su matrimonio a cualquier ambición, le critican la de querer ser la primera mujer presidente en la historia de Estados Unidos. Es increíble, estamos en el siglo XXI, y a pesar de que las mujeres constituimos 50 por ciento del electorado, no hemos logrado superar los prejuicios sobre nuestras congéneres en la política, y por eso muchas veces les negamos el voto de confianza para que alcancen posiciones de poder.