Las  mujeres de Donald Trump

Las mujeres de Donald Trump

Le dijo cerda a una dama, perra a una más, y animal asqueroso a otra de las víctimas de su lengua suelta. Pero su esposa y su hija serían el arma secreta para suavizar una de las peores facetas del hombre que desea regir el destino de Estados Unidos.

Donald Trump no tuvo reparo en tildar a los inmigrantes mexicanos de violadores y delincuentes. “No llega la mejor gente, traen drogas y crimen”, sentenció. Fue tal el impacto de sus palabras que hasta un grupo de estrellas latinas grabó la canción We’re All Mexican en contra de su retórica.

Si el es candidato y ahora presidente está aplicando el lema: “Que hablen bien o mal, pero que hablen”, su estrategia está dando resultado, pues se ha convertido en el protagonista de un espectáculo mediático que acapara titulares.

Sin embargo, ya de tiempo atrás su falta de filtro era célebre y de eso puede dar fe una lista de famosas. “Es fea por dentro y por fuera. Ahora entiendo por qué su marido la dejó por otro hombre”, dijo de la reconocida periodista Arianna Huffington en su cuenta de Twitter en 2012.

Anteriormente había llamado a la presentadora Rosie O’Donnell “animal”, y en la granja de insultos incluye a “perras” y “cerdas”, entre otras especies, en su criterio “repugnantes”. Su víctima más reciente fue la comentarista de Fox, Megyn Kelly, de quien sugirió estaba hormonal a la hora de encararlo durante un debate: “Uno podía ver su sangre salir por todos lados”, expresó.

El analista político Kenneth Warren dijo en días pasados a FUCSIA que el público femenino “le haría pagar sus comentarios sexistas”, negándole el voto: “Las mujeres tienden a escoger a los demócratas, pero Trump va a causar que la brecha de género a favor de ese partido crezca aún más”. Para contrarrestar esas predicciones, el candidato contaría con dos ‘ases bajo la manga’. Su esposa Melania y su hija Ivanka intentarían hacerlo ver como un hombre de familia que ha criado a 5 muchachos que hoy están entre los 9 y los 37 años. De la primera, Trump aseguró que “es muy segura, tiene un gran estilo y sería una sorprendente primera dama con corazón”. El piropo que alguna vez le lanzó a la segunda, es que si no fuera su niña, “tal vez saldría con ella”.



Melania Knauss, de 45 años y 24 menos que su marido, es una ex modelo eslovena de 1,80 de estatura que estudió arquitectura y habla cuatro idiomas. Carl Sferrazza Anthony, autor del libro America’s Most Influential First Ladies, apunta a que gracias a su origen, “potencialmente podría darle atención a los problemas de los inmigrantes. Por ahora se sabe que ha asesorado a Trump para que baje el tono de sus ataques personales y que lo ha instado a no ceder en el cuestionamiento del lugar de nacimiento de Obama”.

Hace unos años, cuando el magnate de bienes raíces empezó a fantasear con la presidencia, ella manifestó que como posible compañera de un mandatario tendría un rol “muy tradicional, a lo Betty Ford o Jackie Kennedy”. De hecho, con esta última la han comparado en razón de su sofisticación: en su boda en 2005, lució un vestido de novia de la casa Dior de 200.000 dólares. “Es muy importante conocer a la persona con la que uno está. Y cada uno cumple sus roles. No espero que Donald cambie pañales o ponga a Barron en la cama”, comentó cuando se estrenó como madre. La devota señora Trump ha declarado que lo ama, tal y como es, sin excluir su extraño pelo.



En realidad, Melania estaría lejos de ser “tradicional”: sería la primera Primera Dama de Estados Unidos oriunda de una nación comunista; también la primera en ser la tercera esposa de un mandatario, y la primera en haber posado desnuda, como lo hizo para la edición británica de la revista GQ.

Pese a que se jacta de mantener un bajo perfil para no robarle el show al empresario, en una entrevista reveló que tenían un sexo increíble al menos una vez al día. De ser cierto, y de llegar a la Casa Blanca, esta actividad sería una tarea más del ejecutivo. La austeridad no es una característica que la defina. Su Twitter parece un catálogo de marcas de lujo, cuyo escenario son campos de golf, su villa vacacional en Palm Beach o su penthouse ubicado en el piso 66 de la mítica Trump Tower de Manhattan, en la que casi todo lo que brilla sí es oro. Además es una exitosa mujer de negocios que creó sus propias líneas de joyas y productos de belleza, en la que sobresale una crema humectante a base de caviar.

Donald Trump tampoco sería tan conservador en el estricto estilo republicano, pues ha alardeado de lo sexy que se ve su “supermodelo”, como llama a Melania, en una “tanga diminuta”.

El historiador Anthony advierte que las cónyuges de los aspirantes a la Oficina oval logran tener cierta influencia en momentos decisivos de las campañas y recuerda las palabras de Bill Clinton quien prometió “dos Presidentes por el precio de uno” en referencia a Hillary. “No puede desconocerse que algunas mujeres pesan más que otras”, agrega el profesor Warren, “por ejemplo, en las elecciones de 2004, Laura Bush fue de más ayuda que Teresa Heinz Kerry, quien lucía elitista e incapaz de relacionarse con el votante promedio. En el exterior fue notoria la popular Eva Perón de Argentina”.

En el caso de Trump, hasta Ivana, su ex mujer y la madre de sus tres hijos mayores (también ex modelo criada en la Europa comunista) ha hablado a su favor, sin rencor por un pasado en el que la dejó por una amante: “Es un gran negociador y eso es lo que necesitamos. Estados Unidos está en un hoyo profundo, otros países no nos respetan pero ven coraje cuando Donald habla sin pelos en la lengua”. Y la actriz Marla Maples, la amante que se convirtió en la segunda esposa y la cónyuge que terminó siendo la segunda ex, ha dejado saber que todavía lo ama.



Si de mujeres llamativas se trata, la mejor ficha del candidato sería su hija Ivanka, quien fue modelo en su adolescencia, se graduó summa cum laude de la Wharton School of Business, alma mater de su padre, de quien heredó la habilidad empresarial.

 A sus 34 años, es una de las cabezas de la organización Trump, creó una compañía de accesorios y fragancias que lleva su nombre y el tiempo le ha alcanzado para ser esposa (está casada con Jared Kushner, otro joven magnate del negocio de bienes raíces), mamá y feminista, pues dirige una campaña para empoderar a las mujeres trabajadoras.  

Y mientras a su madrastra hay quienes prematuramente la han llamado “la próxima Jackie Kennedy”, a Ivanka la han comparado con la socialité Paris Hilton, algo que la ofende. “Si quisiera ser una chica fiestera no estaría en condiciones de pagar mi estilo de vida”. Es enfática en que no encaja en el perfil de estrella de la farándula y cuenta que desde niña aprendió que si quería una bicicleta tenía que trabajar para obtenerla.

Ivanka le habría aconsejado a su padre salir con la frase: “Yo valoro a las mujeres, quiero ayudarlas”, para desestimar su prontuario verbal.Son muchas las que han salido a defenderlo, a aclarar que más bien es un incomprendido, que simplemente es su forma de ser. No obstante, estoy convencido de que el discurso de Trump es muy calculado”, opinó a esta revista el profesor Eduardo Gamarra, del Departamento de Relaciones Internacionales de la Florida International University. “Quiere presentarse como un líder que cuestiona el exceso de tacto a la hora de hablar: ‘¿Por qué no puede decirse negro sino afroamericano?, ¿Por qué es pecado contar un chiste sexista o burlarse de los gays?’. Muchos conservadores creen que tanta sensibilidad es un autoritarismo de la izquierda y él espera demostrar que es un verdadero republicano”.

Lógicamente, la hija desea presentar al ahora presidente como un buen ejemplo a seguir, “Un visionario, el mejor mentor”. Por eso, cuando al jefe del clan lo tachan de megalómano, patológicamente competitivo y ambicioso, ella transforma esas características en atributos: “No conozco a nadie tan exitoso como él que no sea arrogante y no tenga un ego enorme”.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.