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Las cuarentonas buscan el sexo perdido

Foto: Thinkstock

Las cuarentonas buscan el sexo perdido

Un novedoso libro de la bogotana Mónica Sarmiento muestra cómo las colombianas nacidas en los años 60 han conquistado lugares protagónicos en la sociedad, pero permanecen atrasadas en materia de sexo.

 
En Colombia, como en todo el mundo, se escriben muy pocos libros que exploren la sexualidad femenina, de modo que en este fin de año las lectoras tendrán una alternativa novedosa e ilustrativa con En busca del sexo perdido, obra en la que Mónica Sarmiento Duque retrata con humor y realismo la complicada posición de las mujeres que hoy atraviesan la delicada línea de los 40 años.

El planteamiento central del libro gira alrededor de una de esas ironías que la sociedad ha tenido frente a sus narices por años y no le ha dado importancia: “Las mujeres nacidas en los años 60 pertenecemos a una generación de transición, en la que hemos ganado lugares destacados en la vida laboral, social e incluso política, pero en el tema del sexo estamos bastante atrasadas”, explica la autora.

En efecto, aquellas colombianas que nacieron en la década de la revolución sexual y la liberación femenina, exhiben por lo general una impresionante represión sexual, al igual que una increíble ignorancia sobre estos temas, lo cual las acerca más a la mojigatería de anteriores generaciones que a la audacia de aquellos locos años de ruptura.

En busca del sexo perdido, una alternativa a los relatos sobre jovencitas prepago reconstruidas en el quirófano y seducidas por el dinero fácil de los mafiosos, descorre por primera vez ese velo, a través de las historias de cinco mujeres de la alta sociedad bogotana, en las que seguramente muchas de sus congéneres se verán retratadas.
 
Desfilan por allí la casada ingenua que descubre que su marido, quien jamás le hace el amor, es gay; o la hippie, precoz en el sexo, que se reinventa con un amante varios años menor que ella. En fin, como lo explica Mónica Sarmiento, pese a que no se trata de una fotocopia de la realidad, las historias se basan en hechos que protagonizaron conocidas suyas, que ocurren a diario, o que perfectamente podrían suceder.

De hecho, el origen del libro, publicado por la editorial Oveja Negra, fue una situación en la que Sarmiento se vio involucrada, tan impactante, que se convirtió en el eje narrativo de su relato. Hace un tiempo, esta comunicadora de la Universidad Javeriana de Bogotá, madre de un hijo y quien fue por varios años alta ejecutiva de una multinacional, fue invitada a una venta de juguetes sexuales en una casa, cuya anfitriona le dijo que, a lo mejor por su amplia experiencia en mercadeo, ella tenía todo el perfil para echar a andar con éxito este negocio. Mónica, al contrario, se sintió la menos indicada, quizá porque, digna representante de su generación, nunca le había dado mayor trascendencia a la líbido. Es, por otra parte, ex alumna del tradicional Gimnasio Femenino, la versión para jovencitas del Gimnasio Moderno, cuyas egresadas tienen fama desde recatadas hasta pacatas, y suelen ser protagonistas de leyendas urbanas que demuestran cómo, en el fondo, la capital aún guarda mucho de su viejo aire parroquial. Al respecto, la escritora aclara que es importante crecer con valores y que su libro le dio la oportunidad de “mirar con otra óptica la educación que recibí, pero ya no con el ánimo de renegar del pasado, sino con miras a entender lo que sucede hoy y no aplazar la búsqueda del placer en muchos campos, incluido el sexual”.

Porque esa fue justamente la implacable realidad con la que se topó en aquella reunión promocional, en la que los juguetes sexuales fueron el pretexto para que ella y sus amigas, ex compañeras de la universidad, revelaran aspectos íntimos de sus vidas, como jamás lo habían hecho en más de dos décadas de conocerse. Se cruzaron allí las más vanguardistas con las más puritanas, pero se evidenció un denominador común: todas habían interpretado el rol que les exigía su familia, su religión, su estatus, etc. En su constante mirada hacia afuera y no hacia adentro, como esposas y madres, habían antepuesto satisfacer a sus maridos e hijos, mientras que los requerimientos de su propio ser jamás habían sido tenidos en cuenta. En ese marco, el sexo de las colombianas cuarentonas de hoy se ha llevado la peor parte. Para ilustrarlo, Sarmiento trae a colación el gran tabú de la masturbación femenina, de la cual varias asistentes a aquella reunión dijeron tener referencias muy vagas o nulas.

“La autocomplacencia siempre ha sido relegada para la mujer”, asegura la escritora, de 45 años, quien habla de sus contemporáneas como “mujeres que crecieron sin ser conscientes de qué les gustaba en el sexo (...) y si no sabes lo que quieres, no se lo puedes pedir a otros”.

Intrigada por este cuadro, Sarmiento no creó una venta de juguetes sexuales en la realidad, pero sí en la ficción, para trazar el retrato de su generación. En su libro, las juntas de sala convocadas por una de las protagonistas para promocionar estos artículos, terminan por congregar a un grupo de mujeres con vivencias del sexo bien diversas y reales. La autora, quien durante varios meses investigó, leyó y consultó testimonios tanto de especialistas como de otras cuarentonas para darle forma a su obra, explica que su fin era hablar de sexo en un libro que no fuera exclusivamente de sexo. Es por eso que, además de las confesiones de cama de los personajes, el texto retrata peculiaridades de su edad, como el hecho de que si en sus 20 las mujeres rivalizan, después de los 40 surge entre ellas solidaridad de género.

Sarmiento, ex redactora cultural de El Siglo, no ha querido elaborar un discurso feminista, ni despotricar contra los hombres, quienes de todos modos no se salvan de ser expuestos con sus males contemporáneos: el muy en boga “demonio del mediodía”, o tendencia a cambiar a sus esposas por jovencitas al llegar a los 50 años; y la “fiebre amarilla”, o el peligro de caer bajo las redes de las vampiresas orientales con sus enloquecedoras habilidades para la lascivia. Las colombianas que llegan al cuarto piso, se enfrentan a experiencias cada vez más comunes, como el divorcio, o inevitables, como ver que los hijos crecen y las necesitan cada vez menos.

El relato de En busca del sexo perdido también es retador y divertido al exponer la hipocresía social, la infidelidad tanto de esposos como de esposas, los prejuicios absurdos, la impostura, la sofisticación y los amaneramientos de las clases privilegiadas. A la autora, además, no se le han escapado los nuevos vicios de la sociedad, como la adicción a Internet, específicamente al juego virtual Second Life.

En medio de las peripecias que implican para las protagonistas familiarizarse con vibradores, dildos, bolas chinas, geles y lociones excitantes, la narración muestra todas esas sorpresas que da la vida y que la hacen más interesante. A la estirada y conservadora Lucía, por citar un caso, la opción de un negocio de juguetes sexuales le produce miedo al qué dirán, pero termina por ser su tabla de salvación en medio de la bancarrota y el abandono de su esposo.

Los lectores contemplarán a las protagonistas atravesar por sus dramas intensamente, pero, a la final, así sea a través de la muerte, las verán liberarse como lo ha hecho su autora con este diciente texto: Mónica es la viuda del escritor R.H. Moreno Durán, gloria de las letras colombianas, a quien ella le rinde todos los homenajes que merece, pero de quien se deslinda en este libro que le ha permitido encontrar su propia voz, que había permanecido a la zaga de la de él hasta hoy.