¿Quién no le temía a  Joan Rivers?

¿Quién no le temía a Joan Rivers?

¿Quién no le temía a Joan Rivers?

Todo famoso supo lo que es haber sido víctima de la lengua viperina de esta comediante y crítica de moda. Estas frases son una semblanza de las cinco décadas de carrera de una mujer que por ser políticamente incorrecta se convirtió en leyenda.

Una vida hecha chiste

Un Emmy, 12 libros, 9 películas, más de 60 series de televisión, una línea de joyas (vendió 750 millones de dólares), el programa Fashion Police, la serie web In Bed With Joan, el reality Joan & Melissa, protagonizado junto a su única hija, y 120 shows en vivo al año, forman parte de la hoja de vida de quien no en vano fue coronada como “la reina de la comedia”.

Marilyn Monroe le habría dado uno de sus primeros consejos para sobresalir en un ámbito masculino: “Los hombres son estúpidos y les gustan las tetas grandes”. Empezó escribiendo libretos para el programa del Topo Gigio, en el que le pagaban 500 dólares. “Por esa cifra, con hambre y con deudas, hubiera trabajado para Hitler”, exclamó pese a su origen judío. También presentó espectáculos en clubes. En los 80, Fox le ofreció su propio espacio de entrevistas, en él se enfrentaba a su mentor, Johnny Carson, como quiera que se emitían en el mismo horario. Y tiempo después se encargó de no perder vigencia reinventándose como crítica de moda: Fashion Police, presentado por la octogenaria, se convirtió en favorito de los jóvenes entre 18 y 24 años.

Su mánager dijo alguna vez: “Que Dios guarde a la próxima reina, porque esta no va a abdicar. Nunca lo hará. Habrá marcas de garras en la alfombra roja antes de que ella se vaya”. El lema de Rivers fue bordado en uno de sus cojines: “No esperes elogios sin envidia hasta que estés muerto”. De hecho, alguna vez relató cómo le chocaba cuando las comediantes jóvenes se le acercaban a halagarla: “Me dicen: ‘Sin ti no estaríamos aquí, tú tumbaste las barreras’. Aléjense de mí. Podría con cada una de ustedes con una mano atada a mi espalda. Hablen así en mi funeral”.

Cirugía sin anestesia

“Es aterrador verse sin maquillaje. ¿Quién es esa persona? Así que lo primero que hago al levantarme es pintarme. Nunca fui una belleza natural”. Se hizo su primer retoque en los ojos a los 32 años: “Así que me convertí en una gran defensora de estos procedimientos. Luego fui la chica del aviso de cirugías plásticas… y más tarde, ‘The Joker’”. “Me he hecho tantas operaciones que cuando muera donaré mi cuerpo a Tupperware”, exclamó, aludiendo a la compañía de productos plásticos. Si la misma Rivers dejó caer sobre su apariencia el veneno de su lengua, ¿por qué privarse de hacerlo con los demás en su exitoso programa Fashion Police?

“Tengo que decirlo, ‘Nicole Kidman, apareces en un vestido rojo con una cara blanca, pareces una botella de salsa de tomate’. En la próxima fiesta no me hablará pero ese es mi trabajo… Ella me recuerda a Audrey Hepburn por un detalle: la cara de ninguna de las dos se ha movido desde los años noventa”.

“Kim Kardashian usando algo extra en su enorme trasero es como ver a Lea Michelle con una nariz de payaso. […]. Odio a la gente flaca con su ‘¡oh!, ¿este tampón me hace ver gorda?’”. La actriz Jennifer Lawrence se fue en contra del programa argumentando “que les enseña a las nuevas generaciones a juzgar a las personas con base en valores erróneos como si estuviera bien señalar a alguien de feo”.

Con su desparpajo habitual, Rivers simplemente explicó: “Mi madre me dijo que si no tenía nada bueno que decir de alguien era mejor quedarme callada. Al diablo con eso. Si la hubiera escuchado no existiría mi show”.

Stand-up tragedy

“La vida es muy dura, así que mejor ríete de todo”. Y Joan lo ha hecho hasta de ella misma. No es casualidad que haya titulado una de sus publicaciones I Hate Everyone… Starting with Me (Odio a todo el mundo, empezando por mí). Eso lo dejó muy claro: “No hay una comediante que haya sido bonita de niña. […] Yo no le agradaba a mis papás. Hasta que tuve 9 años mi mamá estuvo tratando de abortarme. […] Culpo a mi madre por mi mala vida sexual. Todo lo que me explicó fue: ‘Los hombres van arriba y las mujeres abajo’. Durante tres años mi marido y yo dormimos en camas litera”. Una especie de catarsis estaría detrás de tal sinceridad: “Me siento furiosa acerca de todo. Y esa rabia y esa locura las saco en el escenario”. Sin embargo, este tipo de humor no siempre sienta bien. El actor y comediante Jack Lemmon reconoció haber abandonado uno de los shows de la diva declarando: “Esto es asqueroso”.

Lo más impresionante es que Joan Rivers no tuvo pelos en la lengua a la hora de hablar de cómo su esposo, el productor Edgar Rosenberg, se quitó la vida. “Mi marido murió y de acuerdo con su testamento no podía recibir su dinero a menos que lo visitara todos los días. Así que lo cremé y esparcí sus cenizas en la tienda Neiman Marcus para cumplir su voluntad. […] Cuando se suicidó, yo tenía su reloj y su anillo en la boca antes de que el cuerpo tocara el suelo”, fue otro de los chistes de la viuda. “Lo único que me salva es que a mi edad nada me afecta. He estado en lo alto y he caído. Me han despedido y me han contratado. He quedado en la quiebra. ¿Qué van a hacer conmigo? ¿Decir que no les gusto? Me importa un bledo”.

Sin piedad ni censura

En una oportunidad Rivers se ufanó de haber ofendido a todos los famosos. “Yo lo llamo ‘verdad’ y creo que toca enfrentar la verdad. Solo hay que decirla y sacarla del camino, sin cubrirla con azúcar”. Tal vez el hecho de haber estudiado inglés y antropología le sirvió para hacer sus mordaces apuntes y volver mortales a los dioses del entretenimiento. En su último libro, Diary of a Mad Diva, critica a unas 135 celebridades; incluso Kristen Stewart le envió a su abogado por mencionar que “sabe hacer malabares con las bolas”.

A Demi Moore la llamó “zorra”; a Angelina Jolie, “labios de vagina”; a Oprah Winfrey, “lesbiana”, y a Barbra Streisand, “terriblemente fea”.

“Gwyneth Paltrow, cálmate. Eres hermosa y tienes talento. Pero también mucha suerte. Además, si desapareces mañana nadie lo notará. […] Angelina se practicó una doble mastectomía para prevenir el cáncer. […] Creo que Paris Hilton debería hacer algo para evitar las enfermedades de transmisión sexual. Bastaría con que se uniera las rodillas”.

Pese a ser republicana, admitió haber votado por Obama y ni siquiera por eso se abstuvo de convertir al presidente en su blanco. Cuando le preguntaron si Estados Unidos algún día contaría con un presidente homosexual, dijo que ya lo tenía y que la primera dama era “trans”. En otra ocasión reveló que se le ocurrió “comparar a Michelle con Jackie O, pero llamándola Blackie O”.

Hasta de Lady Di hizo chistes, pese a su gran amistad con el príncipe Carlos. Mientras criticaba a su nuera, Kate Middleton, se atrevió a aconsejarla: “Si vas a París vuela, no tomes el túnel”, en referencia al lugar donde Diana sufrió su mortal accidente.

En la lista, las minorías no se libran: “Quizá soy anticuada, pero pienso que cuando una mujer llega, los hombres deberían levantarse y los gays al menos hacerlo hasta la mitad”.

Y recientemente ganó más enemigos al referirse a la muerte de miles de palestinos: “Les dijeron que se fueran y si no lo hicieron son idiotas. Los que perecieron eran los que tenían bajo coeficiente intelectual”.

La razón de tal falta de filtro sería en el fondo noble: “La comedia consiste en hacer reír a todo el mundo para poder lidiar con los problemas… Yo me hubiera reído en Auschwitz”.


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