Que los siga cumpliendo…

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Que los siga cumpliendo…

En este 2010 se conmemoran los 50 años de la creación de la pastilla anticonceptiva, un invento que en 1960 fue distribuido por primera vez y que cambió el curso de la sexualidad para siempre.

En el año 1999, la revista The Economist catalogó a la pastilla anticonceptiva como el avance científico más importante del siglo XX. No era para menos. La aparición de la primera medicina diseñada para ser tomada regularmente sin sentirse enferma, además de causar revuelo, cambió para siempre la forma de abordar la sexualidad en el mundo.
El 9 de mayo de 1960, cuando las autoridades americanas aprobaron las distribución y venta de anticonceptivos en Estados Unidos, la humanidad ganó una batalla contra la que llevaba luchando miles de años. Por ejemplo, para evitar embarazos no deseados, se sabe que los egipcios hacían un inserto vaginal a base de excrementos de cocodrilo. Aristóteles dijo haber usado como espermicida aceite de cedro y de incienso. El condón se le atribuye al conde de Condom o doctor Condom, quien a mediados de 1700 los fabricaba con el intestino de ovejas para evitar que el rey Carlos II de Inglaterra tuviera que preocuparse de tener hijos bastardos.

Pero, curiosamente, fue con la llegada de la Edad Contemporánea que los métodos anticonceptivos comenzaron a ser condenados y prohibidos por diferentes religiones que veían al sexo como algo inmoral. En 1873, pasó en el Congreso americano una ley que prohibía cualquier tipo de información anticonceptiva por considerarla obscena, hecho que significó un inmenso retroceso en la carrera por la libre opción de las mujeres.

Los gestores
En 1914, la enfermera Margaret Sanger usó por primera vez en la historia el término ‘control de nacimiento’ (‘birth control’). Ella, que en 1879 vio a su madre morir después de las complicaciones de un parto que traería al mundo a su hijo número 18, juró hacer los posible para que nadie más pasara por esta situación y, desde entonces, soñó con “una pastilla mágica” para evitar el embarazo. En 1916, abrió la primera clínica de planeación familiar en Brooklyn, lo que le costó 30 días de cárcel, sin embargo, esto no evitó que siguiera en su lucha. Un año después, en una conferencia, Sanger conoció a Katherine Dexter McCormick, la segunda mujer en graduarse como bióloga del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), y con quien compartía el mismo interés en ayudar a las mujeres a decidir cuándo tener hijos.

McCormick, nacida en una familia adinerada de Estados Unidos, fue quien puso el capital para apoyar la lucha apasionada de Sanger. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que para lograr crear “la pastilla mágica” iban a necesitar a un genio de la ciencia.
Sin las investigaciones y experimentos de los científicos Gregory Pincus y John Rock, la lucha del dúo Sanger-McCormick se hubiera limitado a fundar más clínicas de planeación familiar –en 1942 Estados Unidos ya tenía 700 centros más de los que tenía en 1930–. Rock, quien irónicamente era católico practicante y padre de cinco hijos, fue el encargado de experimentar en humanos. La fórmula que Pincus había descubierto retardaba la ovulación en animales. Las pruebas se llevaron a cabo exitosamente en Puerto Rico, en 1956, pero sólo hasta el 9 de mayo de 1960 la Administración de Drogas y Alimentos Americana (FDA) aprobó su distribución y venta a las mujeres casadas.

La revolución
En la década siguiente, siguieron el ejemplo de Estados Unidos países como Inglaterra y Australia. Para 1961, el número de mujeres americanas que usaban la píldora subió de 400 mil a 1’500.000; y en 1965, esa cifra ya se había triplicado. Hoy la usan alrededor de 100 millones de mujeres en todo el mundo.

La aparición de esta pequeña pastilla se dio en un momento de la historia en el que las actitudes liberadoras ya eran cosa de todos los días. Estudios realizados a mediados de los años 50 (El Reporte Kinsey) evidenciaron que la mitad de las mujeres estudiadas habían tenido sexo antes de casarse, y que una de cada cuatro le había sido infiel a su esposo antes de los 40 años. Así mismo, en 1964, revistas tan importantes como Time abrieron un debate sobre la “revolución sexual” y la manera como el sexo y la líbido podían salvar y liberar a las personas. Otro tema que planteaban los medios era la posibilidad de una anarquía sexual. El tema que había sido tabú hasta entonces, llenó las primeras planas y se puso sobre el tapete por primera vez en la historia.

De igual manera, por primera vez las mujeres tuvieron la posibilidad de elegir qué pasaba con su cuerpo, hecho que las elevó al mismo lugar que ocupaban los hombres, hasta entonces los únicos libres de sentir deseo y disfrutar del acto sexual. Así, para los feministas, este gran avance significó un empoderamiento de la mujer, mientras que para los detractores no fue más que una invitación a la promiscuidad. Ahora bien, según los expertos, fue sólo hasta los años 70 cuando se pudo ver el impacto que tuvo en realidad la ‘pastilla’. A diferencia de lo que muchos pensaban, no estuvo centrado únicamente en el comportamiento sexual de las mujeres. El cambio real se dio en la forma en como abordaban su vida, sus decisiones y sus obligaciones. Las mujeres que antes se casaban a los 23 años, para 1975, lo hacían a los 25; las familias numerosas y grandes, que 80% de las mujeres querían tener en 1963, se redujeron a 29% que anhelaban lo mismo en 1973.
De esta forma, no estaría de más decir que la revolución que vino con la pastilla anticonceptiva, más que sexual, fue de género. El impacto que tuvo en la sociedad y en la cultura se centra en el hecho de que la mujer pudo escoger en qué momento tener hijos, facilitando de esta forma su ingreso al mundo profesional y laboral, que antes era acaparado por los hombres.

Son 50 años de decisiones propias, de libre pensamiento y de participación activa de la mujer en la sociedad moderna. Un cumpleaños digno de una gran celebración por parte de nosotras, las mujeres.

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