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Viejos verdes ¿Incomprendidos o sinvergüenzas?

Viejos verdes ¿Incomprendidos o sinvergüenzas?

Viejos verdes ¿Incomprendidos o sinvergüenzas?

Los hombres viejos a la caza de jovencitas, están de moda hoy por el escándalo del premier italiano Silvio Berlusconi, han sido tratados por... tradición como asquerosos y grotescos.

 
Con Silvio Berlusconi y el escándalo de su pasión por las adolescentes prostitutas, Roma evoca por estos días la época en que sus emperadores, por un lado, dictaban leyes que exhortaban a la templanza, mientras que, por el otro, sus lujosas estancias eran el centro de los mayores desenfrenos del mundo conocido. Julio César (llamado “el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos”) o Claudio fueron famosos por sus devaneos por las jovencitas, pero ninguno cayó tan bajo por ese gusto como el anciano Tiberio. Suetonio, en su célebre obra Los doce césares, narra así sus excesos: “En su retiro de Capri tenía una habitación destinada a sus desórdenes más secretos, guarnecida de lechos en derredor. Allí, un grupo elegido de muchachas y de jóvenes disolutos, reunidos de todas partes, y algunos que habían inventado monstruosos placeres, y a los que llamaba sus ‘maestros de voluptuosidad’ (...) formaban entre sí triple cadena, y entrelazados de esta manera se prostituían en su presencia para despertar, por medio de este espectáculo, sus lánguidos deseos (...) Dícese que había enseñado a niños de tierna edad, a los que llamaba ‘sus pececillos’, a que jugasen entre sus piernas en el baño, excitándole con la lengua y los dientes”.

No en vano, la propia ex esposa de Berlusconi, Verónica, al ser la primera en denunciar el apetito del Primer Ministro italiano por las jóvenes, señaló: “Diversión para el emperador”, y no sin razón. Como los monarcas del viejo imperio, Berlusconi parece haber caído en una peligrosa mezcla de lascivia y abuso de poder que amenaza con tumbarlo, como no lo lograron pasadas acusaciones de corrupción, tratos con la mafia o fraude. Primero fue Noemí Letizia, quien fue su amante antes de cumplir los 18 años y desató la furia de Verónica, al punto de que todo acabó en divorcio. Luego, vinieron las revelaciones de la bailarina adolescente Karima Keyek, quien contó que Berlusconi dirigía en su palacete romano una especie de ritual sexual llamado ‘bunga bunga’, que sería la versión moderna de las bacanales de Tiberio descritas por Suetonio. Berlusconi estaba tan fascinado con la odalisca marroquí, llamada artísticamente Ruby Robacuore, que le dio caros regalos y mucho dinero, sin tocarla, según ella. Hasta cayó en el desatino de interceder por Ruby una noche en que fue llevada a una estación de policía acusada de robo. Sin pudor alguno, ordenó que la soltaran porque era la hija del entonces presidente egipcio Hosni Mubarak, una absurda mentira. Por último, una grabaciones que comprobaban que él sí había comprado sus favores sexuales desde que ella tenía 16 años terminaron llevándolo a su actual juicio por prostitución de menores. De ahí a la caída del poder parece que queda un paso.

La misma pasión por las adolescentes encendió a otros gobernantes de todos los tiempos como Carlomagno, Enrique VIII (su esposa Catalina Howard no tenía ni 16 años cuando se casaron), o Luis XV, quien gozaba de las menores y cuando cumplían 18 años las casaba con sus cortesanos. Hoy, pesan sobre el presidente de Nicaragua Daniel Ortega las acusaciones de su hijastra Zoila América Narváez, quien sostiene que la violó a diario en su adolescencia. Pero a la postre, esta atracción, a veces fatal, por las Lolitas no es exclusiva de los poderosos, sino muy frecuente en señores en este segmento de edad. Lo que sucede es que si el que comete el pecado se llama Silvio Berlusconi habrá más bulla que si se llamara “Pedro Pérez”.  

En un chat en Internet, titulado ‘¿Los viejos las prefieren jovencitas?’, uno de esos “Pedro Pérez”, participante anónimo mayor de 60 respondió: “¡Obviooo! Así podemos enseñarles a hacer el amor. Nos sentimos más jóvenes. Nuestro ego aumenta porque para tenerla se la quitamos a un joven. Son menos traumadas (sic). Tienen mejor cuerpo. Son más ilusas e inocentes (...) Las puedes engañar con facilidad, andan con amigas jóvenes como ellas. Las puedes lucir y mostrar a todo el mundo con orgullo, no andan con dolores ni achaques de la edad”. No cabe duda de la visión machista y utilitaria de la mujer en este testimonio, pero es la que pulula en un medio como el colombiano o latinoamericano y, con todo y su ordinariez, tiene una explicación. Los especialistas tanto en sexología como en la salud de los mayores recuerdan que con los años vienen alteraciones de tipo vascular, por ejemplo, que inciden sobre la capacidad sexual del hombre. El riesgo de la impotencia o la eyaculación precoz, más las señales del envejecimiento, como las canas, las arrugas o la barriga, crea en algunos ansiedad, pues creen que perdieron su atractivo para el sexo opuesto. El sicoanalista y terapeuta de pareja Marco Antonio Pérez Mora corrobora los dichos del chateador: “A los hombres maduros les atraen las chicas jóvenes porque eso les levanta la autoestima, pues las ven más lozanas y libidinosas que las de su misma edad. Muchos creen que al andar con ellas se rejuvenecen. En un sentido narcisista, sienten que son más poderosos y potentes en su sexualidad, aunque en muchos casos ellas estén en la relación por otras razones y no necesariamente por lo que ellos creen”.

“Las jovencitas se dejan seducir es por la billetera”, dice ‘a calzón quitao’ la médica diplomada en sexología María de la Paz Serpa Fonnegra, aunque no niega que hay casos en los que ellas encuentran en sus amantes mayores la imagen del padre, bien sea ausente o que siempre las ha mimado, en lo cual coincide con Pérez Mora, quien afirma: “Les agrada estar con un hombre mucho mayor porque fantasean, inconscientemente, que están con su padre. Además, creen que le han ganado la partida a su madre, pues al ser elegidas por un cincuentón sienten que han dejado atrás a una mujer que tiene una edad similar a la de quien les dio la vida”.

El interés por el dinero en estas relaciones puede sonar poco ético, propio de una mujer sin conciencia o metalizada, pero la verdad es que en parte tiene origen en la evolución de la especie humana, cuando las hembras encontraban atractivos a los hombres cazadores, buenos  proveedores y capaces de protegerlas de los depredadores. Con el desarrollo de las culturas, los matrimonios eran arreglados entre niñas de la más tierna edad con hombres mayores ricos, para garantizar que no les faltara nada, dado que ellas no trabajaban, ni producían sus propios recursos. Testimonios de la Edad Media y el Renacimiento muestran que muchas preferían casarse con señores viejos, pero pudientes. Hoy, esas costumbres, que entraron en desuso y fueron objeto de burla en la modernidad, se remozan dados los rumbos de la implacable economía. Según un artículo de la revista Newsweek del año pasado, los bajos niveles de estabilidad laboral y las largas jornadas laborales, han favorecido el que las mujeres jóvenes opten por emparejarse con hombres mucho más grandes que ellas, pero con buenos recursos, que las dejen quedarse en casa y cumplir con el sueño de la maternidad mientras su reloj biológico se los permite.

De modo que el viejo verde, personaje de la fauna social visto tradicionalmente como inmoral y procaz, tendría, no obstante, explicaciones biológicas y antropológicas antiquísimas, en especial una poderosísima: la conservación de la especie y más específicamente la reproducción, el fin original del sexo.

Un estudio de Shripad Tuljapurkar, Michael Gurven y otros expertos en población y antropología de las universidades de Standford y de California, refrescó la teoría de que el apetito de los hombres mayores por las mujeres menores contribuye a alargar la vida de los seres humanos y su conservación. Hay que recordar que la mujer tiene una vida reproductiva mucho más corta que la del hombre, que, al contrario, puede ser fértil hasta muy avanzada edad. Mientras más joven sea la pareja del hombre, dice el estudio, más larga será su vida reproductiva, ya que, en teoría, ésta concluiría al llegar la menopausia de ella, a menos que fuera infiel. “El que Rod Stewart o David Letterman tengan bebés en sus 50 o sus 60 no trae ningún beneficio para ellos, aclara el estudio, pero el patrón (de reproducirse entrados en años) tiene un efecto sobre la población, dado que trasmiten esos genes de longevidad y de procreación a esas edades tanto a hombres como a mujeres”. Así las cosas, el viejo verde y sus escarceos no siempre merecen ser satanizados, a menos que, como Berlusconi, sacrifiquen todo un imperio por una acción tan vil como prostituir adolescentes pobres con derecho a un mejor proyecto de vida.


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