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¿Criar niñas es más difícil?

¿Criar niñas es más difícil?

Un nuevo libro asegura que educar mujeres en el mundo actual es mucho más complicado que formar hombres. Algunas estrategias para no perder la cabeza en el intento.

El psicólogo australiano Steve Biddulph se ha convertido en un gurú a la hora de dar consejos sobre paternidad y cómo educar niños felices. Uno de sus más exitosos best seller ha sido Raising Boys (‘Criando niños’), que ha vendido más de cuatro millones de copias y ha sido traducido a cerca de treinta idiomas, desde 1997.

Su premisa era sencilla: formar hombres no es tarea fácil, y entre sus teorías expresaba que los niños deberían empezar el colegio más tarde que las niñas, que era más común en ellos el déficit de atención y que siempre necesitarán de roles masculinos muy claros. “Cuando la pubertad llega, ellos reciclan su época de bebés”, explicó al diario británico The Telegraph.

“Su corteza prefrontal es como gelatina, así que a los 13 son como infantes de un año, ?desorganizados e incapaces de hacer buenas elecciones. Los padres deben ayudarlos a estructurarse”. Para muchos papás esta afirmación no se queda simplemente en teoría, sino que la han vivido en carne propia. Suele decirse que los varones son más desordenados, bullosos, bruscos e inquietos. Incluso, hace un par de años, un grupo de investigación en Inglaterra aseguró haber determinado que reducen en 34 semanas la expectativa de vida de las madres, pues nacen con más peso y durante el embarazo requieren más suministro energético.

Según el estudio, además, crecen más rápido y eso, para una mujer que amamanta, significa una inversión mayor de calorías. Sin embargo, con el paso del tiempo, el autor parece haber confirmado la realidad opuesta: criar niñas en esta época puede llegar a ser un reto mayor, y así lo explica en el 2013, con su nuevo libro Raising Girls (‘Criando niñas’): en el mundo de hoy, en el que todavía impera la inequidad entre géneros, la presión está sobre ellas. “Nunca antes las niñas habían estado expuestas a un asalto tan fuerte (…). Constantemente ven mensajes que las hacen sentir que no son suficientemente buenas”, afirma Biddulph.

El escritor se basa en que desde la infancia, las pequeñas están sometidas a un incesante bombardeo publicitario y mediático que refuerza ciertos estereotipos y sus inseguridades. Se han convertido en el blanco perfecto del consumismo. De acuerdo con él, las grandes compañías han descubierto que las niñas, en especial las preadolescentes, son una mina de oro, entonces explotan sus ansiedades y les generan otras nuevas relacionadas con su apariencia y la manera como deben presentarse ante los demás para “gustarles”, desde la ropa y el peso hasta sus relaciones con los amigos y la sexualidad.

Los juguetes, como la muñeca de medidas “perfectas” y vestida a la última moda, están por doquier y también permanecen rodeadas de mensajes confusos en temas como el sexo: la televisión y los comerciales les piden que sean sexy, y muchos niños, también víctimas de la tendencia, las convencen de mostrarse deseables enviándoles fotos de partes de su cuerpo por el celular. Pero al mismo tiempo prevalece la idea de la niña “buena” y la que supuestamente no lo es, “y los insultos que suelen decirse son por lo general de tipo sexual, como ‘esa perra’”, explicó a esta publicación una estudiante de 15 años. En este aspecto los varones no son juzgados de la misma manera.

Más edad, más pronto

Pilar Aguirre, experta en terapia infantil, asegura que “las de kínder de hoy se visten como adolescentes. Las niñas ven el canal Disney y quieren ser como Miley Cyrus y Selena Gómez, no solo imitan el estilo de sus personajes sino también su vida”. Incluso, en el libro Biddulph afirma que las edades se han corrido y que una niña de 14 de hoy es como una de 18 de antes. El resultado se ha hecho evidente en cifras que van más allá del número de horas que invierten en hacer compras o en arreglarse: el aumento de desórdenes alimenticios como la anorexia, que en Estados Unidos, por ejemplo, es la tercera enfermedad crónica más frecuente entre las adolescentes; el que haya más niñas tratadas por adicciones a las drogas y el alcohol, además de problemas serios de autoestima y casos alarmantes de bullying.

“Las mujeres tenemos una conexión no verbal. Quienes hacen bullying saben perfectamente que están aislando a la otra, que la están haciendo sentir estúpida, pero como utilizan comportamientos no verbales, cuando alguien les llama la atención se disculpan diciendo que ellas no están haciendo nada, entonces la agresión parece oculta al no ser física”, comentó a FUCSIA Mimi González, psicóloga educativa y directora de la firma En-Grupo Consultores Escolares.

Las niñas creen que lo que se espera de ellas es que sean perfectas en todo, aun cuando el mundo, como expresa el escritor, sea imperfecto para sus necesidades y no les dé el “estatus que se merecen”. Aclara que su enfoque es antisexista cuando señala que “ningún padre se propone criar a su hija con desventajas en ciertas habilidades útiles. Pero inconscientemente a los niños se les hace énfasis en lo práctico y a ellas en lo emocional.

Mi sugerencia es que quizá debamos revertir este orden”. Al respecto da consejos simples como evitar juguetes que insinúen cómo deben verse y comprar ropa “no solo por lo femenina sino porque sea práctica”, como expresó en un artículo para el periódico The Sunday Times.?Biddulph establece cinco etapas del paso de niña a mujer con sus respectivas indicaciones:?
1. Seguridad: de 0 a 2 años. Los padres deben estar muy presentes y rodear a su hija de todo el amor que puedan con acciones como arrullarla, hablarle, cantarle. Es necesario disfrutar con ella para afianzar lazos de confianza. Los problemas en esta etapa pueden generar posteriormente sensación de falta de afecto en la niña.

2. Exploración: de 2 a 5 años. Si se siente segura, podrá explorar el mundo que la rodea para desarrollar su creatividad. Se le debe dar libertad vistiéndola con prendas cómodas. Las fallas en este paso pueden traer como consecuencia niñas con temor a expresar sus ideas e inseguras frente a cosas novedosas, hasta su propia creatividad.

3. Habilidades sociales: de 5 a 10 años. Debe aprender que es más divertido compartir con otros, que ella no es el centro del mundo. Es clave reforzar actitudes como el perdón, el control de la agresividad y la empatía. Saltarse este momento de la vida les generaría dificultades para relacionarse con otros.

4. Encontrar su pasión: de 10 a 14 años. Los padres deben invertir mucho tiempo en su hija en esta etapa para guiarla y motivarla a realizar actividades que la hagan feliz y la ayuden a descubrirse a sí misma. Deben hacerle preguntas como “¿qué disfrutas hacer, ¿cómo puedo ayudarte a lograr eso que tanto quieres”.

Así aprenderá a tener más confianza en ella misma y en sus decisiones. Si no desarrolla pasiones podría hacerla insegura de su potencial.?5. Hacia el mundo adulto: de 14 a 18 años. Enseñarle responsabilidades a la hora de conducir, de manejar el dinero, en cuanto a la salud, entre otros aspectos. “Es necesario enseñarle a ser mujer. Necesitará de mamá, tías y buenas maestras para eso. Ser mujer no es fácil.

Su hija deberá ser autosuficiente, fuerte emocionalmente, amable y responsable”, concluye Biddulph. Un desarrollo inadecuado en esta instancia podría significar que le tenga miedo a la vida adulta y negarse a dejar la adolescencia.

Inmersos en el consumo

Mimi González considera que tanto hombres como mujeres son presionados por el consumismo desde niños: “Al crecer, ellos van a querer tener el auto último modelo y ellas ser la princesa”. Para la experta, el verdadero cambio se ha visto más en los enfoques de crianza que en las propias niñas. “Los papás de antes que formaron mujeres venían de una educación centrada en la Iglesia, muy conservadora en cuanto a lo sexual.

Las mamás de entonces ni siquiera podían votar. Su autoridad frente a los hijos no era cuestionable. Imperaba la sumisión femenina. Luego vino el estilo de crianza hippie de libertad total sin límites, que tampoco funcionó. Con la llegada del sida la sociedad retornó a la educación autoritaria, que empezó a competir posteriormente con los padres que prefieren ser amigos de sus hijos porque crecieron temerosos de la figura paterna y cuando son adultos les temen a sus hijos, de manera que hacen lo que ellos quieren y los dejan huérfanos de mamá o papá”.

Desde su experiencia considera que en la actualidad los padres son más conscientes de que ambos extremos son perjudiciales y han adquirido más control en la crianza. “Ahora la tendencia educativa es enseñar la libertad con responsabilidad. En el mundo de hoy toca hablarles a nuestros hijos de condones, de intimidad sexual incluso cuando pareciera inexistente, lo que sin duda es más difícil cuando se trata de niñas, pues por generaciones ha habido temas tabú para las mujeres. Por eso hay mamás que no saben qué hacer cuando su hija de 12 años llega alarmada porque sus compañeros de salón le preguntan si se ha masturbado”.

Además agrega que si hoy las niñas lucen más “agrandadas”, no es porque sean más maduras. “El otro ingrediente que también cambió es el acceso a la información: a los padres de muchos años atrás lo más escandaloso que les tocó fue Playboy. Ahora las niñas necesitan una clara guía y acompañamiento para poder manejar semejante grado de saturación mediática con páginas web que explican incluso cómo dejar de ser virgen sin que se note”.

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