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Estrés: El mata pasiones

Foto: Pantherstock

Estrés: El mata pasiones

Cerca del 50 por ciento de las mujeres sufre de falta de deseo sexual en algún punto de su vida. El estrés es el principal causante, así que hay que sacarlo de la cama.

No hay duda de que el villano del siglo XXI es el estrés. Según una reciente encuesta realizada por la American Psychological Association, un tercio de los empleados lo padece de manera crónica debido, principalmente, a las preocupaciones relacionadas con el trabajo. En ese porcentaje las afectadas en mayor grado son las mujeres, quienes manifestaron ser más propensas a sentir una fuerte tensión durante la jornada laboral.

La situación es seria pues el estrés, haciendo honor a su condición de enemigo público, mata. “Es la causa más importante de muerte en el mundo porque daña el sistema cardiovascular y, aun así, se volvió un fenómeno tan común que cuando los pacientes se quejan de sus síntomas, muchos médicos les dicen que no se preocupen, que lo que tienen es normal, ‘solo estrés’, aunque en realidad deberían alertarlos más”, explicó a FUCSIA la doctora Liliana Arango. 

Y es que, como asesino silencioso, va causando estragos a su paso: las defensas se van al piso y altera sustancias que se producen en los riñones, como la renina, que desencadena hipertensión arterial. Afecta el funcionamiento de los neurotransmisores en el cerebro, por lo cual genera depresión e irritabilidad. Como produce anomalías en la secreción de todas las glándulas, causa gastritis, atrofia muscular, osteoporosis y diabetes, entre otros padecimientos.

En su cometido, un factor clave es el cortisol, la sustancia que se libera normalmente cuando hay algún grado de estrés, pero si este aumenta, se produce en mayor cantidad y se inhibe su función de mantener adecuados niveles de azúcar en la sangre. Como respuesta surgen la ansiedad y la alteración del apetito, y todo el azúcar que no se gasta se guarda en forma de grasa, lo cual equivale a gordura. Por si fuera poco, cuando la llamada hormona del estrés se alborota, se disminuye la hormona sexual, o  testosterona, y aumenta la prolactina, también conocida como la hormona del celibato, la misma que producen las madres lactantes. De esta manera, el primer “muerto” del estrés puede ser el deseo sexual.

En mujeres jóvenes el estrés es la principal causa de pérdida de libido. Pacientes de 30 años llegan a la consulta con menopausia prematura debido a los trastornos metabólicos”, señala el cirujano Luis Miguel Parra, especialista en medicina antienvejecimiento. “Un ser humano piensa tres cuartas partes del día en algo relacionado con sexo. Sin embargo las mujeres, por cuestiones biológicas y sociales, les ponen más razón a las cosas, mientras que los hombres son más instintivos. Al mismo tiempo, por lo general cuando el deseo de ellos se activa, su cerebro se apaga. Para ellas el asunto es más complejo, la cabeza está en el juego y les es más difícil desprenderse de sus preocupaciones”. 

La sexóloga Marta Lucía Palacio comenta que es la principal razón de consulta. “En promedio se habla de que entre el 30 y el 50 por ciento de las mujeres experimenta épocas largas de anorexia sexual o poco deseo, una cifra superior a la masculina. De todas maneras es sorprendente que hombres entre los 30 y 45 años presenten pérdida de deseo hacia su pareja. El común denominador entre ellos es que son muy ambiciosos, competitivos y altamente trabajadores. Su mente está en producir, ¿a qué horas van a pensar en lo sexual? Simplemente el sexo no es una prioridad”. Agrega que a lo largo de la vida de una mujer puede haber altibajos y diversos detonantes del problema, incluso al mismo tiempo. Por ejemplo, si acaba de tener un bebé no solo se afecta su sistema hormonal, sino que la crianza trae consigo consecuencias como el agotamiento y la dificultad de la pareja para encontrar sus espacios: “Un niño consume, la mamá vive en función del hijo y puede sentir que su cuerpo no está como ella quisiera. A veces el esposo se siente desplazado y ella percibe que él no le colabora”.

En la lista también figura la menopausia, que como aclara la experta, no tiene que ver con el final de la sexualidad, sino de la fertilidad. “Pero muchas homologan estas dos variables. Aunque hay cambios como la resequedad vaginal, un ginecólogo puede resolverlos. Lo que afecta el deseo de algunas es el estigma que le ponen a esa etapa”. Algunas mujeres responsabilizan a las pastillas anticonceptivas y a los antidepresivos. Los problemas de salud también son causantes y una minoría tiene condiciones fisiológicas como la dispareunia, o coito doloroso, pues es lógico perder el gusto por algo que duele.

La sexualidad es vulnerable por muchos factores, incluso detalles que parecen insignificantes desilusionan. Si uno admira a su pareja, si es buen amante y es considerado, lo más probable es que el deseo se mantenga. Con frecuencia veo que muchas mujeres se exigen demasiado y pierden la autoestima, y lo curioso es que no falta el tipo panzón que molesta a su esposa por una estría”. Palacio advierte que cuando una paciente asegura que sufre de falta de libido hacia su pareja, lo primero que descarta es si el deseo se le despierta por otra persona; “si es así, no tiene ningún problema orgánico”. Hay causales psicológicas, como una estricta educación sexual que limite la expresión, y entre los mata pasiones por excelencia no pueden faltar la rutina y la monotonía. “Y todos estos elementos a su vez generan estrés”.

En el 2010, una investigación realizada entre 31.000 pacientes por la International Society for the Study of Women’s Sexual Health en Estados Unidos, encontró que el 43 por ciento de las mujeres reportó tener problemas sexuales; incluso jovencitas de 18 años confesaron carecer de deseo. Pese a que una alta población femenina se ve afectada por este fenómeno, que trae consigo depresión, ansiedad y dolores de cabeza, muchas prefieren guardar silencio porque no están convencidas de que sea un problema frecuente, menos cuando la televisión les vende una realidad hipersexual muy distinta a la suya. Y aunque los expertos han desarrollado cuestionarios que facilitan el diagnóstico (“¿le gustaría aumentar su deseo sexual?”, “¿experimenta molestias por su falta de interés sexual?”), abundan quienes no lo consideran un problema de salud esencial.

Así como hay chistes que acusan al matrimonio de acabar con la pasión, la verdad es que podría ser a la inversa: la falta de deseo es la causa primordial de los problemas en una relación. La pareja de alguien que experimenta esta situación se siente rechazada y eso le produce un sentimiento de culpa. “¿Qué porcentaje de importancia tiene la vida sexual? Yo diría que un cien por ciento, pues no hay que limitarla a lo genital. El bienestar también tiene que ver con la sexualidad. Es un círculo vicioso: a mayor estrés, menor deseo, y a menor deseo, mayor estrés”, comenta Parra.

Del mismo modo, la producción de testosterona es estimulada por una mayor frecuencia de las relaciones sexuales, porque el deseo es una especie de “hábito”, como un músculo que si no se usa se atrofia. Afirma que en la sociedad actual las mujeres están bajo demasiada presión respecto a cómo deben lucir, cómo escalar posiciones laboralmente y a la vez cómo ser esposas y madres competentes.

Las relaciones íntimas se les convierten en un asunto más con el que deben lidiar y al que a la fuerza deben buscarle un espacio en sus agendas sin desearlo. Por eso Judith Steinhart, terapeuta de pareja, aseguró a ABC News que “las mujeres jóvenes están muy cansadas de trabajar tan duro y piensan en el sexo como algo que se supone debería aliviarlas, liberarlas... pero a menudo no es así”.