La revelación de Hollywood

Las habilidades artísticas de Jennifer le han dado cierta madurez que ya se nota en varios de sus papeles protagónicos.

La revelación de Hollywood

Jennifer Lawrence tiene 22 años y en menos de dos ha recibido dos nominaciones al Oscar, se convirtió en la heroína más taquillera y pasó de ganar 500 mil dólares a 10 millones.

Cuentan que en el 2010 Steven Spielberg se topó con ella en los pasillos de la productora Dreamworks y le preguntó si era en verdad la protagonista de la película alabada por la crítica Winter’s Bone. Cuando descrestó en el Sundance Film Festival con esa película y obtuvo una súbita nominación a los premios de la Academia, muchos repetían tan impresionados como intrigados: “¿Quién es esa?”. Hoy, cuando su cara aparece semanalmente en portadas de revistas y en afiches publicitarios alrededor del mundo, y después de protagonizar The Hunger Games, que ha recaudado cerca de setecientos millones de dólares, todos saben que se trata de Jennifer Lawrence, la estrella del momento.

Por su corta carrera y sus escasos 22 años, podría decirse que es una promesa del séptimo arte. Sin embargo, los hechos parecen demostrar que ya superó ese estatus: su reciente cinta, Silver Linings Playbook, dirigida por David O. Russell, en la que encarna a una viuda adicta al sexo, le ha dado una nueva nominación al Oscar, un Globo de Oro, y el premio del Sindicato de Actores y el de la crítica a Mejor Actriz. La fiebre por la nueva “J. Law” de moda también se mide en datos curiosos, como que la página web Ask Men la ubicó en el puesto número 47 de las mujeres más deseables en el 2012 y que este año pasará al primer lugar. De igual manera subió su salario de quinientos mil dólares por la primera parte de la trilogía The Hunger Games, a diez millones por la continuación. La actriz reconoce que el bombardeo mediático en torno suyo y la sobreexposición la ponen nerviosa: “Hace poco estaba con mi familia en un supermercado. Cuando vi mi foto en la portada de una cantidad de revistas pensé: ‘¡Oh, Dios!, voy a ser una de esas personas que todo el mundo aborrece porque aparece en todas partes’. Pero mis hermanos me contradijeron: ‘No, si todo el mundo te aborrece es porque eres horrible’. Supongo que esa explicación es mejor”, comentó con su habitual humor.


Una muchacha normal

Aunque suene a cliché, Jennifer no permite que la fama se le suba a la cabeza. Sigue siendo la misma que aún pelea con sus hermanos mayores como si fuera un hombre más. La misma consentida que a cada rato llama a su mamá llorando por el asedio de los paparazzi. Una joven como cualquiera, que pasa horas enteras jugando Guitar Hero en el apartamento de sus vecinos, que le tiene pánico a las arañas y disfruta leyendo en sus horas de descanso libros como Anna Karenina o viendo una vez más Loco por Mary o El diario de Bridget Jones. Una estrella que no domina su iPhone, que todavía no tiene casa propia y no ha querido cambiar su Volkswagen. Y que, como una persona del común, se emociona cuando se encuentra a algún actor que admira como Bill Murray: “Una vez lo vi en la ceremonia de los Critics’ Choice Awards, pero me dieron muchos nervios decirle ‘hola’. Así que me quedé mirándolo torpemente, como lo haré cada vez que me lo encuentre. Y él va a empezar a preguntarse si esa chica espeluznante va a asistir y va a mirar de nuevo”.

“Natural”, “normal” y “espontánea” son adjetivos que usan quienes la conocen para describirla. Así lo hizo la periodista Donna Freydkin cuando la entrevistó para el diario USA Today y la joven no tuvo reparo en oler sus axilas y expresar con cara de asco: “El desodorante orgánico no funciona, es como agua y no me gusta apestar”. No es casualidad que de todos los premios que ha recibido, el primero lo obtuviera en el colegio cuando fue “condecorada” como “la más habladora” y la apodaron “Nitro” por su hiperactividad.

De hecho, es conocida su facilidad para decir lo primero que se le ocurre y ella suele bromear con que su agente ha tratado de corregir esas “metidas de pata”. En una oportunidad comparó su sentimiento de haber trabajado con Oliver Platt en X-Men con “tener a un cachorro lamiendo tu cara”. Y en la gala de entrega de los Globos de Oro, cuando fue escogida como la Mejor Actriz, soltó un victorioso “le gané a Meryl”, quien estaba nominada en la misma categoría; por eso su discurso fue considerado políticamente incorrecto. Cuando conoció al actor Josh Brolin y él sintió curiosidad por su edad, ella no dudó en responderle: “Pero podemos salir...”. Es parte de su personalidad reírse de todo, hasta de ella misma, como en cierta ocasión en que dijo haber ensayado su cara de perdedora, cuando Natalie Portman la venció en los Oscar en el 2010. “Estaba ansiosa por usarla”.

“No parece una actriz, no es narcisista y no presupone que todo debe centrarse en ella. Incluso, durante la promoción de una película es la misma donde quiera que esté. Ella te hace feliz pase lo que pase, siempre desprende alegría”, fue el cumplido de Bradley Cooper, su compañero de reparto en Silver Linings Playbook. “Jennifer tiene claras sus prioridades, lo que es importante, y mantiene a su familia cerca de ella”. Ha dejado en claro que aunque ama su trabajo no ha aprendido a lidiar con ciertos gajes del oficio: “Estoy haciendo mi testamento, porque ahora soy rica”, fue uno de sus apuntes. Le ha costado perder su privacidad, y para convencer a los paparazzi de que no tiene nada de interesante advirtió: “Nunca salgo por la noche. Las únicas fotos que consiguen de mí son echando gasolina o trayendo el desayuno. ¿La gente compra eso?”. 

Un poco más en serio insinuó que no deseaba la atención que los medios le dan a Kristen Stewart, la protagonista de Twilight, a quien muchos consideran su directa rival.

David O. Russell asegura que Jennifer no es de las jóvenes actrices que por pasar del anonimato a la fama terminan enredadas en escándalos de drogas, sexo y alcohol. Sin embargo, ella ha notado que cualquier detalle de su vida es noticia, como cuando se rasgó el vestido en la entrega de los premios del Sindicato de Actores. Incluso, durante su noviazgo con el actor británico Nicholas Hoult, a quien conoció en el rodaje de X-Men: First Class, dijo: “Uno no quiere que su relación esté en la prensa, pero cuanto más se trata de mantenerla en secreto, más los medios tratarán de mostrarla. Tal vez hay menos presión cuando uno lo admite”. Además se siente abrumada cuando pasa por doce horas de entrevistas: “Me cansa tener que hablar sobre mí, es como la sensación del síndrome premenstrual, cuando algo está muy bien y uno está triste, no puede disfrutar (…). Ayer tuve que dar una entrevista y no estaba de ánimo, no podía ni siquiera pensar en palabras básicas. Mi publicista, al fondo, murmuraba lo que yo debía decir. Quieren que uno sea agradable todo el tiempo, y no siempre se puede”.

Pese a disfrutar de su profesión, esta no es todo en su vida. “Mis padres me enseñaron la ética del trabajo, y esto es un trabajo (…). ¿Por qué tendría que ser engreída? No estoy salvando la vida de nadie, no soy doctora ni bombero, solo hago películas”. Parecería que no se toma las cosas muy a pecho, pues confiesa que a diferencia de estrellas reconocidas que suelen convertirse en sus personajes y vivir en su piel incluso antes de las grabaciones, ella no se agota emocionalmente: “No invierto mis sentimientos reales. Nunca llevo el dolor de mis personajes a casa”. Además, se ha ganado el aplauso de la crítica sin haber recibido clases de actuación. La revista The New Yorker opinó que Winter’s Bone “hubiera sido inimaginable” con una actriz menos carismática. “Lawrence es dinamita. Uno no puede quitarle los ojos de encima”, reseñó la página web Urban Cinefile sobre su trabajo en Silver Linings Playbook. La revista Rolling Stone la nombró “la actriz joven más talentosa”. Según Russell, su gracia es innata y decidió darle el papel después de un casting vía Skype. “Hay una cierta inexpresividad en su cara, muchos actores deben trabajar para lograr ese resultado… en cambio, ella pareciera no tener edad”, comenta Russell. “Algo en ella es muy vivaz, tiene una gran seguridad y se la transmite a su personaje. Nos preguntábamos si no sería demasiado joven para el papel, pero exhala sabiduría, se ve mayor de lo que es”. Gracias a eso se produjo el dúo explosivo entre Lawrence y Cooper, de 38 años, quien interpreta a un hombre bipolar. Al parecer el único problema que surgió fueron los rumores de un romance, especialmente porque volvieron a compartir set en una nueva película, Serena, y el actor tuvo que desmentirlos diciendo que “podría ser su papá”.

Una actriz versátil

Jennifer ha demostrado la habilidad de moverse en distintos géneros, de la acción al drama y la comedia, y desde filmes independientes a éxitos de taquilla, aunque en un principio temió ser encasillada por su actuación en The Hunger Games por el carácter emblemático del papel. Cuando le preguntan sobre su vertiginoso ascenso, responde con una de sus típicas salidas: “Para comenzar, tuve que acostarme con todos los directores, fue de gran ayuda. Tuve que dormir con el 98 por ciento de los de la Academia para tener nominaciones. El otro dos por ciento estaban muertos”.

En realidad, su preparación para interpretar mujeres fuertes como Katniss Everdeen, la guerrera adolescente creada por la escritora Suzanne Collins, fue más allá de oscurecerse el pelo. Desde pequeña aprendió a defenderse de las torturas de sus hermanos, Ben y Blaine, en su granja de Louisville, Kentucky, escaramuzas que llegaban hasta lanzarse la sopa y arrojarse por las escaleras. Sus padres, Karen y Gary Lawrence, ella directora de un campamento para niños y él propietario de una firma de construcción, no quisieron hacer diferencias de género para que su hija menor no se volviera una consentida: “Hicieron lo contrario a tratarme como a una princesa”. Aprendió tan bien la lección que desde el kínder le prohibieron jugar con sus compañeritas mediante una anotación: “Decían que yo no conocía mi propia fuerza”. Pero su principal enemigo no eran sus hermanos sino el colegio. “Me percibía como una tonta, me estaba matando”. Era la típica niña que se sentía señalada por sus profesores, en especial el de matemáticas. Para levantar su ánimo ingresó al grupo de porristas y actuaba en obras de teatro de la iglesia, donde una vez interpretó a una prostituta bíblica, “la mejor prostituta que he visto”, habría dicho su mamá. Como ella siempre la apoyó, Jennifer le pidió a los 14 años que en vacaciones la llevara a Nueva York para hacer pruebas de talento. En una de esas un hombre le pidió una foto. A los pocos días le estaban ofreciendo escoger “una carrera de supermodelo o morirse de hambre como actriz”. Y aunque participó en varias campañas publicitarias para empresas como Burger King, se arriesgó con la segunda opción. Le costó convencer a su papá, pero se las arregló para terminar dos años antes de tiempo el colegio y probar suerte en Los Ángeles. Él es su primer fan y, según ella, la única vez que lo ha visto llorar fue en uno de sus estrenos. “Eso, sabiendo todo lo que mis papás han sacrificado por mí, significa mucho”.

Después de series como Monk y Medium, formó parte de la comedia The Bill Engvall, que duró tres temporadas. Su reconocimiento empezó con la cinta The Burning Plain, que le valió el premio a Mejor Estrella Emergente en el Festival de Venecia del 2008. Y realmente convencería con su papel de Ree Dolly en Winter’s Bone, en la que interpreta a una adolescente pobre que debe sacar a su familia adelante. En un principio fue rechazada por los productores por ser “muy bonita”. Logró persuadirlos cuando se presentó ante ellos sin haberse lavado el pelo y la cara y sin peinarse durante varios días para lucir más acorde con el personaje.

Para interpretar a Mystique en X-Men y lucir sus curvas azules se sometió a una dieta alta en proteína y a un intenso entrenamiento físico. “Si iba a estar desnuda ante el mundo tenía que lucir como una mujer y no como un niño de 13 años”. Sin embargo, la aburre el asunto de la figura: “No creo que los medios sean conscientes de cuánto glorifican la anorexia. Hay actrices que pierden mucho peso para un rol y cuando explican cómo lo hicieron dicen cosas como ‘me comía una uva al día, estoy peligrosamente delgada y gané un premio’. Con Katniss no quise que ese fuera un tema. Lo importante era mostrar su fortaleza porque sabía que iba a ser un modelo a seguir para muchas niñas y preferí que dijeran ‘Yo puedo lucir como Katniss’ en lugar de ‘Nunca seré como ella si sigo comiendo’”. Dice que dentro de los parámetros de Hollywood puede ser considerada algo “rellenita”, lo que la tiene sin cuidado. Entre otros pequeños sacrificios a la hora de actuar estuvo el hacer las escenas de baile con Cooper. Ella se burla de sus dotes: “Soy lo opuesto a una gacela, no tengo control sobre mis extremidades, me veo como un papá en un prom”.

Jennifer no teme reconocer que actuar es la única cosa en la que se siente cien por ciento segura, “como en casa, todo bajo control”. Sabe que le falta mucho camino por recorrer y su sueño es convertirse en productora y directora. Y mientras que sus deseos se siguen cumpliendo, mantiene los pies en la tierra: “Me divierto, pero me siento rara cuando empiezan a hablarme y tratarme de manera diferente (…). Diez millones de dólares y aún vivo en el condominio de mis papás. Siempre he vivido en un apartamento diminuto (con ratas) en Nueva York, en uno pequeño en Los Ángeles, o en una casa normal en Kentucky. Sería muy bizarro vivir en una mansión por mi propia cuenta”.

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