Santa Marta, escapada perfecta para cuerpo y alma

Santa Marta, escapada perfecta para cuerpo y alma

Nuestra editora web lo tiene claro. Para recargar batería, nada como una escapada a la playa. ¿Cuál es la mejor forma de hacerlo? Deja que te lo cuente.

Cuando nuestro cuerpo y nuestra mente nos piden un respiro, a veces simplemente tenemos que leer las señales y dejarnos ir. Darnos un tiempo para nosotros mismos y pensar que nuestro bienestar es siempre lo primero. Nada como una buena escapada para lograr este fin.

Tras unas cuantas semanas de intenso trabajo y de emociones fuertes, decidí tomarme un par de días para mí y cambiar de ambiente.  La playa y el sol me llamaban y no pude pensar en un mejor lugar que Santa Marta para recargar baterías y volver a mi centro.

Decisión tomada y dicho y hecho. Llegué muy de mañana a Santa Marta que, como suele hacerlo, me recibió con un sol radiante y un cielo azul perfecto. Aún mejor recepción me tenía preparada el Hotel Irotama donde me encontré al instante con esta vista que me quitó inmediatamente un buen par de nudos de la espalda y me llenó de energía de mar.

Una vez instalada y más cómoda imposible, salí a dejar que el sol me recargara, pero eso sí, antes a llenar la barriga para terminar de contentar al corazón.

Por alguna razón cuando estamos fuera de casa pareciera que disfrutáramos más de la comida, somos más agradecidos y generosos con los alimentos.

Decidí entonces dejarme tentar por un desayuno de campeones con vista al mar en el que no hubo absolutamente nada que faltara. Granola, yogur, huevos, pancakes con syrup y waffles con caramelo (¡oooh Dios!) fruta fresca, quesos…

Pero sin duda, lo que más me marcó fueron las delicias locales con las que aún me estoy saboreando: un bollo limpio con suero y un patacón de guineo rebozado de queso costeño traídos directamente del cielo, sin mencionar el exquisito jugo de melón natural que lo acompañó todo. Debo confesar que tengo una debilidad por los desayunos de hotel y éste se pasó.

Ahora sí, más que contenta, era un día perfecto para el total relax. Cambié el celular por un buen libro, y los afanes que normalmente me acompañan en la ciudad, por el ritmo de las olas y de las palmeras al viento que me rodeaban. Para ese punto, la decisión más difícil del mundo era: ¿hamaca o asoleadora? Y con eso, resumo mi mañana.

Hasta hace muy poco descubrí que puedo llegar a ser una gran fan de las piñas coladas y no podía dejar de probar la del hotel, por tratarse de algo así como de un “Irotama´s Classic”. Así que hora de cambiar el agua salada por agua dulce, el mar por la altura y disfrutar de esta delicia helada con una vista infinita y el agua cristalina a mis pies. ¿Así o más buena vida?

Tras un día sensacional de puro descanso, lectura, sol y playa era hora de dormir, no sin antes cometer el último pecado de la noche: un delicioso Tiramisú cortesía del room service del hotel y que me dejó lista para dormir como un bebé. Un poco de auto consentimiento no está mal y un par de extra endorfinas de felicidad pura nunca sobran.

Tras una noche de absoluto descanso, amaneció y me pregunté:  si esto es con lo que uno se encuentra al despertar ¿qué puede fallar? Pensé que valdría la pena volver bien acompañada.

Una vista inspiradora y otro día perfecto para dedicárselo a una caminata por la playa y algo de bronceo, con todo el cuidado del caso, por supuesto. Por mi color de piel suelo ser muy cuidadosa con la protección solar y aunque disfruto del sol siempre suelo se extra precavida pues no hay color dorado que valga una insolación ni los peligros del sol excesivo en la piel. Indulgencia si, irresponsabilidad definitivamente no.

Me enteré que el Hotel Irotama tiene toda un serie de planes para los increíbles lugares y playas que abundan en la zona y vale absolutamente la pena conocer: Bahía Concha, Playa Neguanje o Quebrada Valencia por nombrar algunos. Esta zona del país es de una absoluta belleza y se debe disfrutar siendo siempre responsables con nuestro turismo. No hay que olvidar que está en nuestras manos la preservación de estos tesoros y eso conlleva una gran responsabilidad.

Por falta de tiempo, en esta ocasión no me apunté a una salida, pero eso no me impidió encontrar un plan igual de increíble y que sería la cereza en mi postre de descanso y consentimiento absoluto. Una tarde de spa entre jacuzzi, baño turco y sauna que culminó con el más increíble masaje de aromaterapia. ¿El escenario? Un clásico bohío Tayrona en medio de la naturaleza que recuerda la cultura local y la sencillez del acto de buscar auto cuidarse.

No podía faltar una medialuna de mariscos gratinada para cerrar con broche de oro mi escapada flash que sólo me dejó con ganas de más días y más escenarios perfectos para cuerpo y mente. Me sentí como una absoluta princesa, mejor atendida no puede estar y además logré desconectarme tal y como quería. Realmente pienso que es algo que toda mujer y todo ser humano debe permitirse a veces en su vida.

Solos, en pareja o en familia nunca duden del poder que tiene un viaje para “resetear” el marcador y darse un poco de felicidad pura en contundentes dosis. Santa Marta queda recomendado a ojo cerrado como un gran lugar para hacerlo realidad.

Al Hotel Irotama, infinitas gracias, cada sonrisa y detalle de buena atención solo potencializó lo que fue un fin de semana perfecto.

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 Maria José Marroquín, Editora Fucsia.co  

Antropóloga y periodista de viajes, experta 
en estilo de vida y lujo digital. 


Nacida y criada en Bogotá, retoques finales
entre París, Berlín y Barcelona.

Su lugar: las montañas.

Su debilidad: los libros.

Su sinónimo de bienestar:

una taza de té verde.

Para saber más síguela en

Instagram: @mightyjosephine

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