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Cuando los niños preguntan sobre sexo

Cuando los niños preguntan sobre sexo

Con evasivas, chistes y regaños, los padres responden a la innata curiosidad de sus hijos sobre la sexualidad, sin saber que ese terror a afrontar el tema es la causa de la inseguridad.


Camila lanzó la pregunta sin preámbulos, como lo hacen los niños: “Papi, ¿qué es un condón?” Alejandro quedó paralizado. “¿Un cordón?” Respondió con una pregunta para tomar tiempo y medio pensar en lo que le iba a contestar a su hija de 7 años. En ese momento, se le apareció, como mandada del cielo, una bolsa de supermercado en donde asomaba un nuevo cereal para niños con el cual intentó desviar la atención de Camila. La caja traía de regalo unos muñequitos para armar, los que efectivamente hicieron que la pequeña se olvidara del tema que la inquietaba.

La escena tuvo por testigo mudo a Patricia, la mamá, quien se había recostado en el sofá con los ojos cerrados, pero no dormida. Por supuesto, cuando oyó la pregunta resolvió fingir que disfrutaba de una breve siesta para no tener que echarle una mano a su marido en semejante ‘chicharrón’.

Cuando Camila se durmió y Alejandro y Patricia se encontraron solos en su cuarto, se desternillaron de la risa y comentaron que habían capoteado una vez más la difícil y siempre pospuesta tarea de hablarle a su hija sobre sexo. Aunque ellos y muchos otros se toman el tema con humor, a la gran mayoría de los padres de familia les causa ansiedad afrontar que sus hijos son seres sexuales, llenos de curiosidad sobre sus cuerpos y sobre los de los demás.

En Colombia, por tradición, en casa no se habla de sexo con los hijos. Hay padres que responden con un regaño desde la primera vez que a un pequeño se le ocurre hacer una pregunta como la de Camila. Otros acuden a las evasivas: “Cuando seas grande te explico” o “pregúntale a tu papá”, son dos salidas muy frecuentes.

Otros utilizan su inventiva para esconderles a los niños la verdad acerca de la salud sexual y reproductiva. Adriana, una profesional de 32 años, recuerda que cuando niña, su madre le dijo que las toallas higiénicas para mujer eran unas plantillas para los zapatos. Ahora que es adulta le gasta a cada rato esta broma a su progenitora: “Muy buenas las plantillas, ¿no mami?”.

La época de esos cuentos chinos pasó. Tanto pediatras como sicólogos y sexólogos coinciden en que sí hay que hablarles a los niños sobre sexo y no de cualquier manera. La información que se les da al respecto debe ser clara, directa y, sobre todo, veraz. Hay especialistas como Ana Westley, autora del libro Cómo se hacen los niños, que insisten en la necesidad de explicar la reproducción humana y el acto sexual de una manera muy natural y sin adornos: “Para hacer un niño hacen falta dos personas, un hombre y una mujer. Tu madre y tu padre… Para hacer un niño, la semilla del hombre tiene que encontrar el óvulo que ha salido del ovario de la mujer. ¿Cómo puede entrar la semilla del hombre en la matriz de la mujer? Metiendo el pene del hombre en el agujero de la mujer llamado vagina”.

Sin embargo, no se trata de dar una cruda respuesta porque sí. Antes de llegar a ese punto, los padres deben comprender que los niños necesitan saber acerca de la sexualidad porque ello les ayuda a manejar sus emociones. Con la información cierta y bien intencionada de los padres, ellos podrán afrontar la información, muchas veces equívoca y dudosa, que reciben en el colegio, por parte de sus amigos o de lo que ven y oyen en televisión, en un mundo en el que sexo es el caballito de batalla de la publicidad, las series de televisión, las canciones de reggaeton y las películas.

Tener seguridad e ideas bien cimentadas desde la infancia al respecto es además una manera de prevenir que los niños sean víctimas del abuso sexual. También eleva su autoestima y, a largo plazo, los protege de contraer en el futuro enfermedades de transmisión sexual o de incurrir en embarazos no deseados.

Muchos padres estarán de acuerdo con todas esas bondades, pero a la hora de la verdad se les hace muy difícil vencer el miedo a tocar del tema. Lo mejor, en tal caso, es ponerlo de presente: “No se me hace fácil hablar de esto contigo, porque mis papás nunca lo hicieron conmigo. Yo quiero que tú sí tengas a alguien con
quién hablar sobre esto”, puede ser un buen arranque.

Roto el hielo, hay que desterrar otro miedo y es el de dar mucha información. Cuando saben todo lo que necesitan, los niños no sólo quedarán inmunes a las tenazas del tabú, sino que además podrán tomar mejores decisiones a la hora de convertirse en personas sexualmente activas.

La vieja costumbre de no llamar a las cosas por su nombre, también debe sucumbir. En los hogares se suelen acuñar nombres familiares para el pene y la vagina, los cuales le quitan veracidad y seriedad al asunto. Tampoco es muy serio saltarse asuntos críticos como la prostitución, el abuso sexual y la orientación sexual. Al respecto, es bueno hacerles saber a los menores que hay otras personas con diferentes valores sobre la sexualidad.

Otra práctica muy extendida entre los padres es la de inventarse tácticas para evitar que sus hijos no exploren su cuerpo o no sigan indagando sobre la sexualidad. Ello, antes que servir de algo, les suscita miedo acerca de un aspecto de la vida que es tan importante como alimentarse, vestirse o estudiar. Igual, seguirán intentándolo a escondidas y con un sentimiento de culpa hacia el sexo que ha sido el pan de cada día de una sociedad a la que todavía le hace falta mucho trecho para ponerse en paz con este álgido tema.

Una táctica que sí da buenos frutos, es preguntarles a los niños qué saben y qué piensan sobre todo lo que tiene que ver con el sexo, el amor y el erotismo. A partir de sus respuestas, será más sencillo reforzar la buena información y corregir la que está errada. Aunque por lo general, son ellos los que primero preguntan, y los padres deben hacerles sentir que siempre están disponibles para hablar del tema con confianza. Si no se tiene la solución precisa en el momento —puede suceder—, es sano admitirlo y buscar lecturas u opiniones de voces autorizadas como las de los sicólogos, médicos, pediatras o sexólogos, que liberen de la engorrosa escena de esconderse debajo de la cama cuando los niños preguntan “¿de dónde vienen los niños?”

Los primeros juegos eróticos 
Una de las primeras preguntas sobre sexo que se plantean los niños gira alrededor de sus órganos genitales. Después de observar su propio cuerpo y de equipararse con sus padres, llegan a la conclusión de que los seres humanos se dividen en dos géneros: femenino y masculino. Por eso, es importante que los padres no se escandalicen ante las primeras manifestaciones eróticas de sus hijos que son un comportamiento completamente normal, que se da especialmente entre los 3 y los 6 años.

En ese periodo los niños empiezan a sentir sensaciones satisfactorias al tocarse durante el baño. También suelen ser sorprendidos explorando sus genitales. Para los expertos, es la manera más natural y espontánea de reconocerse y valorarse. Es una etapa narcisista en la que el ser humano ama profundamente su cuerpo y juega con sus partes íntimas sin saber que son órganos sexuales.

Ante estas conductas, los sicólogos recomiendan reaccionar de la manera más natural, sin regaños. Una respuesta represiva por parte de los padres en la infancia desemboca en neurosis y tabúes en la adolescencia y en la edad adulta, según la doctora Ana Elena Costa.

A menudo, los padres se preguntan si es conveniente que sus hijos o hijas los vean desnudos. La doctora Costa dice que comparar sus órganos genitales con los de los mayores les puede suscitar sentimientos negativos y perturbadores, pues a ellos les preocupa mucho el desarrollo de sus propios órganos.