Casados con visa

Casados con visa . Los fraudes matrimoniales han terminado por perjudicar a parejas estables. (Foto: Thinkstock)
Los fraudes matrimoniales han terminado por perjudicar a parejas estables. (Foto: Thinkstock)
Publicado: 2011-11-08

Los matrimonios por conveniencia se han convertido en una opción para muchos inmigrantes que desean salir de la ilegalidad para iniciar una vida normal en otro país. Algunos corren con suerte, otros asumen el riesgo.

Revista Fucsia

Jaime* llegó a Nueva York en 1999. Había terminado sus estudios de Administración de Empresas con éxito, pero éste le había sido esquivo durante los dos años en que estuvo buscando empleo en Medellín, su ciudad natal. Su hermano Felipe, ingeniero de sistemas, había partido tres años antes a cursar una maestría, se enamoró de una de sus compañeras de universidad, ahora estaba casado, tenía un bebé de un año y trabajaba en una compañía de redes informáticas.

En vista de la buena suerte de Felipe y su insistencia permanente para convencerlo de probar suerte en Nueva York, Jaime ‘se lanzó al ruedo’, aprovechó su visa de turista vigente y se fue a seguirle los pasos a su hermano. Consiguió trabajo pintando casas, luego su inglés relativamente bueno le sirvió para trabajar como mesero en un restaurante de Manhattan, luego se vencieron los seis meses que tenía para permanecer en el país y de ahí en adelante se convirtió en un ilegal más de los 12 millones que se calcula que viven en Estados Unidos. “Al principio era divertido, ganaba buen dinero, pero cuando te das cuenta que tienes casi 30 años y no has hecho nada importante, ni has ejercido tu profesión es deprimente, fuera de eso, a los empleadores les da pereza tener que lidiar con ‘la migra’ (nombre popular de las autoridades migratorias) y dar explicaciones, además las multas por dar trabajo a ilegales son altas”. Por eso, Jaime decidió ahorrar y ‘pagar’ por su matrimonio, es decir, encontrar una mujer dispuesta a contraer nupcias por una suma de dinero, lo que le permitiría a Jaime tener el derecho a residir legalmente, aspirar a un empleo mejor y recibir beneficios del Estado, como la seguridad social o créditos bancarios.

La candidata más firme hasta el momento se llama Dana, es la mejor amiga de su cuñada, pero está un poco temerosa frente a las implicaciones legales que pueda tener más adelante. No quiere problemas, pero el dinero que Jaime va a pagarle podría resolverle algunas deudas. Tampoco quiere que en su familia se den cuenta, le parece dificil de explicar, pero, ¿cómo evitarlo? Por su parte, Jaime también tiene otras dudas, pues siente que Dana siempre se ha sentido atraída por él y le preocupa que se entusiasme demasiado y quiera tomar el tema del matrimonio “al pie de la letra”, cuando la idea es que vayan a un registro civil, tomen un apartamento juntos, inicien una serie de trámites y permanezcan durante un par de años bajo el mismo techo “como hermanitos”, según las palabras de Jaime, que además se ha quedado pensando en la historia de un amigo de su hermano, que se casó con una mujer un poco mayor con el mismo objetivo. Al cabo de tres años la señora no sólo le había negado el divorcio, sino que además lo celaba cuando salîa con amigas. “Es que las gringas suelen ser muy solas, les entusiasma mucho la idea de casarse, a veces sin importar con quién. Son intensas con ese tema”, añade Jaime.

Fenómeno nupcial
En los últimos años ha aumentado el número de matrimonios entre parejas en las que uno de los contrayentes es extranjero, particularmente en países como España (donde las cifras se han cuadruplicado) y Estados Unidos que registran los mayores índices de inmigraciones ilegales. Podría pensarse que son las consecuencias normales de la globalización, pero a la vez el fenómeno está ligado a la necesidad de muchas personas de adquirir un estatus de legalidad en determinado país, pues las políticas migratorias son poco flexibles a la hora de simplificar los trámites y tener amnistías especiales para extranjeros que desean quedarse y trabajar.

Las cosas empeoraron desde el fatídico 11 de septiembre, cuando se descubrió que la mitad de los 36 supuestos terroristas que participaron en la planeación de los atentados en Estados Unidos había obtenido su residencia legal a través del matrimonio, y que por lo menos diez de estas uniones habían sido fraudulentas. Un matrimonio arreglado puede llegar a costar unos 6.000 Euros en Europa y unos 8.000 dólares en Estados Unidos, lo cual ha convertido esta práctica en un negocio lucrativo. Los candidatos locales ofrecen sus ‘servicios’ en páginas de Internet con avisos como: “Joven norteamericana, 28 años, profesional, disponible para matrimonio con extranjero”, lo que despista a las autoridades porque podrían ser sólo personas solas que buscan pareja. Estos anuncios son atendidos en su mayoría por ciudadanos de origen latino y naciones del sureste asiático como Camboya y Vietnam, en parte, porque están hartos de que su apariencia física los haga blanco permanente de las autoridades migratorias.

“Lo más molesto es que creo que no aceptan que uno sea un ciudadano normal, porque eso implicaría que dejaríamos de lavar platos y hacer los oficios que a ellos les parecen poco dignos”, aseguró hace poco una mujer oriunda de República Dominicana en un reportaje de la cadena Telemundo sobre los constantes obstáculos que deben sortear los latinos que desean contraer nupcias con un norteamericano.

De cal y de arena

Embarcarse en un matrimonio arreglado para obtener la residencia legal en un país puede ser una verdadera lotería. En primer lugar, existe el riesgo de que la mentira quede al descubierto, lo que implica hasta cinco años de prisión o una multa de 250 mil dólares y la consiguiente deportación del extranjero mentiroso. Por eso, quienes asumen este riesgo, deben ser conscientes de que lo más indicado es hacer las cosas lo más realistas posible, para responder a las eventuales exigencias de las autoridades en caso de que decidan hacerles un seguimiento: vivir bajo el mismo techo, compartir gastos, cuentas,  registros de impuestos etc., con la sensación que implica dejar que un extraño entre en sus vidas y la posibilidad de que los trámites se dilaten por meses, incluso años.

Hay historias increíbles como la de María Helena*, una colombiana que llegó hace ocho años con su esposo y su hija de 3 años a New Jersey. Comenzó a trabajar en una empresa de televisión satelital gracias a una prima, mientras su esposo consiguió empleo con un conocido que tenía un concesionario de carros usados, donde la mayoría de los clientes eran latinos. Nació su segundo hijo y ambos entendieron que debían legalizar su estadía.

María Helena le contó su historia a uno de sus jefes, con quien había entablado una amistad de mucha confianza, que después de un tiempo se ofreció a casarse con ella sin ninguna retribución. “Creo que Dan ha sido un ángel de la guarda para nosotros. Dice que admira a los latinos que dejan todo buscando una vida mejor. Nos casamos en agosto del 2005. Dan me llevó a vivir a su casa, habló con mi esposo, que al principio no estaba muy convencido y le parecía una idea descabellada. Me sacó una tarjeta de crédito derivada de la suya (la cual yo pago cada mes) para que figure que tenemos relación económica, incluso me ayudó a obtener un préstamo para comprar un carro. Mi esposo y los niños van todos los fines de semana a la casa de Dan y se quedan con nosotros. Ha sido difícil, especialmente explicarle a los niños y que sean discretos al respecto, pero aspiramos a que en el 2007 se completen los trámites y por lo menos uno de los dos logre estabilizar la situación. Sin embargo, si mi esposo fuera a hacer lo mismo, lo pensaría dos veces, es un riesgo enorme y no creo posible repetir la suerte que hemos tenido”.

Menos fortuna han tenido aventureros como Juan Pablo* un ingeniero de sonido de 27 años que terminó proponiéndole a su vecina de apartamento el negocio de casarse con él por la no despreciable suma de siete mil dólares (unos 16 millones de pesos). “El problema es que cada uno ha comenzado a salir por su cuenta y cuando conozco a alguna mujer que de verdad me interesa y de la que me podría enamorar y le cuento mi historia, de una se espantan, les parece que está mal lo que hice. y creen que soy un mal tipo. No entienden que una persona se case con otra por estrategia o negocio y dudan de mis principios”. O Magda* una joven odontóloga mexicana harta de vivir escondida y con trabajos mal pagos que se animó a responder un aviso de un norteamericano disponible para un matrimonio por conveniencia, pero se encontró con que su nuevo cónyuge esperaba que ella cancelara el precio haciendo trabajos domésticos e incluso le restringía las salidas de su casa.

Por supuesto, no faltan los estafados. Las autoridades migratorias han desmantelado varias organizaciones dedicadas a ofrecer asesoría y servicios para inmigrantes que desean obtener su residencia mediante matrimonio. La mayoría operan en estados como Texas, Arizona, Nueva York. Además de funcionar al margen de la ley, muchas se han aprovechado de la necesidad de sus clientes, les cobran altas sumas por cualquier trámite y finalmente desparecen sin dejar rastro.

La pesadilla americana

El hecho de que este fenómeno se haya convertido en un problema de tipo legal, ha perjudicado a muchas parejas mixtas (término para definir la unión entre un local y un extranjero) que sí poseen una relación auténtica y estable, pero infortunadamente están marcados por el sello de la ilegalidad.Por otra parte, están quienes sienten la presión de casarse, aun cuando no se sienten del todo preparados, sólo porque uno de los miembros de la pareja se encuentra en calidad de ilegal, lo cual puede acelerar una relación exitosa y volverla un verdadero infierno. Para completar, quienes se casan con un inmigrante deben someterse a largos procesos legales que en la mayoría de las ocasiones implica que el no residente debe permanecer en el pais por tiempo indefinido, es decir, que no puede salir del país y debe renunciar a visitar a sus familia en el país de origen sin importar la razón del viaje.

Recientemente el New York Times publicó la historia de Griselda y Kenneth, una hondureña y un norteamericano que contrajeron matrimonio en el 2001 y ahora se encuentran luchando porque Griselda, madre de dos hijos con su esposo y embarazada de 4 meses, ha sido deportada a su país a causa de sus entradas ilegales a Estados Unidos en el pasado, y ahora la Embajada Americana de su país le dice que podría enfrentar una espera de hasta diez años para poder aplicar nuevamente a una visa de turista. No quieren aceptar los trámites que está efectuando su esposo quien dice al respecto: “Los inmigrantes son una realidad para nosotros. Estamos cerca de ellos, los conocemos, nos enamoramos de ellos, nos casamos con ellos y después el Gobierno quiere destruir las familias que formamos con ellos y evadir la responsabilidad de darles el lugar que les corresponde”.

*Los nombres han sido modificados

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