El derecho a hacernos las miopes

Ilustración: Cristina Fontán Espinal

El derecho a hacernos las miopes

¿Y si hacernos las de las gafas fuera la solución para una existencia moderna más feliz?

Por: Alejandra Mar, Lolas Magazin-> @alejandramarrr

No hay peor ciega que la que quiere ver. Sí, las verdaderas miopes me entenderán cuando digo que ponernos las gafas solo añade ruido a la vida simple y tranquila que tenemos cuando vemos en desenfoque. O, mejor, cuando ignoramos.

Andamos con la curiosidad adiestrada para no desgastarnos en banalidades. Ser miope nos impide chismosear al que está al lado, reconocer las personas –o bultos caminantes– que pasan cerca, antojarnos de la nueva vitrina de ZARA y engordarnos porque no vemos que en la siguiente esquina venden nuestro helado favorito. Tenemos menos chance de enamorarnos a primera vista –suficiente para agradecer ser miope–, de darnos cuenta que tenemos el maquillaje mal aplicado o que estuvimos a punto de pisar una cucaracha, de ver las ojeras de nuestro chico o sus ridículos likes que nos preocupan aunque, ante él, nos hagamos las de las gafas.

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Ilustración: Cristina Fontán Espinal, Behance.net/cfontan

Es ahí, en ese ‘hacernos las de las gafas’, donde suplicamos que, aunque algunas tengan visión perfecta y le vean fácilmente los implante de pelo a Matthew McConaughey, nos de una miopía mental que no cure ni las gafas de moda con marco vintage. Porque en un mundo en el que estamos a un click de ver tantísima basura, como lo feliz que está nuestro ex, de saber cómo fue la fiesta a la que no nos invitaron, de comparar a cuántas personas le gusta ella y le gustamos nosotras y de ver el estereotipo de belleza absurdo de las Kardashians, es mejor hacernos las de las gafas, las miopes mentales, de impedir que nuestra cabeza sea otra isla tóxica llena de basura en un mundo tan contaminado.

Pero no crean que es miedo de vivir al 20/20. Ver menos a distancia nos enseña a dejar de enfocar lo que debería estar en segundo plano. Porque ya hace bastante tiempo que se nos olvidó ver y priorizar los objetos protagonistas en nuestro campo visual. Sí, sobre todo por una razón: porque las miopes vemos muy bien de cerca. ¿Les ha pasado que se derriten por el que es inalcanzable y nos ignora pero el atento y especial lo pasamos desapercibido? Basta con decir que no es nuestro tipo. ¡Es ese el que estamos buscando! Simplemente tenemos las gafas puestas y estamos tan desconcentradas que perdemos el foco.

Prefiero eso de vivir miopes, livianitas, sabiendo dónde estamos y por dónde caminamos pero sin importar quién nos ve o por dónde están pasando los demás. ¡Que vivan los perfiles privados de puertas cerradas que nos impiden stalkear! Al final no hay nada detrás de ellas que deba importarnos más que las que se abren para nosotras. Ver de verdad es darnos cuenta que es mejor autoestalkearnos y ponernos en foco para vivir enamoradas y orgullosas de lo que somos. Must de temporada: hacernos las miopes, las de las gafas.

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