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Cuando los orgasmos se convierten en pesadilla

Foto: Pantherstock

Cuando los orgasmos se convierten en pesadilla

Aunque esta palabra está asociada a placer, hay quienes sufren con solo pensarlo. Por ejemplo, aquellos que padecen el PGDA, un trastorno femenino que provoca orgasmos constantes e involuntarios.

“La gente escucha ‘orgasmo’ y piensa que es algo bueno, pero estar al borde del orgasmo las 24 horas del día, hasta el punto de que no puedes dormir, no puedes funcionar, no puedes ni siquiera pensar con claridad… eso no es divertido”. Las declaraciones difundidas a través de The Guardian corresponden a una joven canadiense de 33 años que padece PGAD, acrónimo inglés para designar Persistant Genital Arousal Disorder, que en español se traduce como Trastorno de la Excitación Genital Persistente.

Esta enfermedad, que solo padecen mujeres, saltó a los medios de comunicación de todo el mundo hace dos años a raíz del testimonio de Kim Ramsey, una enfermera británica de 46 años, quien aseguró experimentar un promedio de 100 orgasmos al día por causa del trastorno. “Sientes que estás siempre fuera de control. Cuanto más entras en pánico, más se incrementan los síntomas”, aseguraba a la periodista Eleanor Margolis.

El Trastorno de la Excitación Genital Persistente es un síndrome que provoca una excitación genital espontánea, indeseada e incontrolable. No está vinculado al deseo, ni al coito. De hecho, el orgasmo aparece en la mayoría de los casos sin necesidad de estimulación externa.

El concepto de PGAD, acuñado por primera vez en 2001 por la doctora Sandra Leiblum, se manifiesta de forma muy diversa. Hay mujeres que aseguran sentir una excitación en forma de pálpitos en sus órganos sexuales en varios momentos del día, pero sin alcanzar el clímax. Así, su única manera de aliviar los síntomas, de forma temporal, es alcanzar el orgasmo, acudiendo para ello a la masturbación. Otras afirman que experimentan orgasmos de repente entre lapsos cortos en los que sus zonas genitales se mantienen en una momentánea calma. Al margen de las diversas manifestaciones del trastorno, “todo el mundo sufre”, atestigua Ramsey.

Sin embargo, el PGAD no es la única disfunción sexual de la que se tiene conocimiento en la actualidad. Según un artículo publicado en Psychology Today, son tres los desarreglos sexuales más frecuentes en la población:

1. Desórdenes en el deseo sexual. Escaso o nulo interés en la actividad sexual (deseo sexual inhibido o anafrodisia). La persona que lo padece no se masturba, ni tiene fantasías sexuales. Tampoco siente la necesidad de practicar sexo. En los casos más extremos, la persona puede experimentar sensación de repulsión, miedo o pánico hacia el sexo.

2. Desórdenes en la excitación sexual. Quien lo padece desea tener relaciones sexuales, pero tiene mucha dificultad o es incapaz de excitarse. Este trastorno genera mucha frustración y sufrimiento.

3. Desórdenes en el orgasmo.
También llamado anorgasmia (Lee el artículo 'Cuando el placer no llega'), es la inhibición recurrente y persistente para alcanzar el clímax en condiciones normales. En estos casos, la persona si experimenta deseo y excitación, sin embargo, no es capaz de llegar al orgasmo.

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