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Sexo extremo: Parafilias

La merintofilia, o la excitación sexual provocada al estar atado, hace parte de la lista de parafilias. Foto: Pantherstock

Sexo extremo: Parafilias

Aunque no sea un tema de conversación muy común, el sadismo y el masoquismo son algunas de las parafilias más comunes o, en pocas palabras, prácticas sexuales extrañas en las que las personas obtienen placer. ¿Fetiche o perversión? Conoce que hay detrás de ellas en la segunda parte del Especial Sexo Extremo.

Buscar  el placer sexual a través de objetos inanimados, animales, situaciones  y comportamientos inusuales es el conjunto de síntomas asociados a la parafilia, tachada por unos de perversión y por otros como simple exploración de la sexualidad.  Y aunque el sexo es considerado como una conducta normal del ser humano, la parafilia no.

Según el doctor W. Silva, en su artículo Sexual Variations publicado en el Bristish Medical Journal , este tipo de “desviaciones” son más comunes en hombres que en mujeres y quien lo padece lo puede sufrir toda su vida.

El mayor problema radica en las relaciones sentimentales de los afectados, pues sus parejas, al sentirse como objetos sexuales, los abandonan, agravando mucho más su condición. Y en casos más complejos, en su objetivo de complacer su necesidad sexual terminan por causar serios daños a su pareja que, en la peor de las situaciones, desencadenan en la muerte.

Sin embargo,  hay quienes aseguran que las parafilias como, por ejemplo,  la alveofilia – excitación producida por tener sexo en la bañera- , reavivan la relación y encienden la llama de la pasión, por el simple hecho de tener experiencias sexuales diferentes. Aún así, la comunidad médica rechaza esta clase de prácticas, categorizándolas como evidencia de un desorden psicológico.

Los tratamientos para quienes las padecen son variados. En el caso de los hombres, se suelen usar medicamentos para reducir los niveles de testosterona y de este modo, disminuir los impulsos sexuales, además de terapias psicológicas individuales o en grupos de apoyo. Los pacientes, aunque no se recuperan del todo, ya que es una enfermedad crónica, encuentran en las terapias una forma de llevar una vida dentro de lo que se puede considerar como “normal”, en la que el sexo más que un problema sea una experiencia placentera para ellos y sus parejas.

¿Tú qué opinas? ¿Placer o perversión?

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