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Amores de nómina

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Amores de nómina

“Coincidíamos en el pasillo, ascensores y reuniones de trabajo. Nos escribíamos por mensajería instantánea para finalizar puntos clave de trabajo. Poco a poco descubrí que teníamos intereses similares: yo le gustaba, y él a mí. ¿El problema? Yo era su jefe y él era casado…”: Victoria, ingeniera, directora de proyectos .

Un resumen ejecutivo sobre relaciones sentimentales da sumas (las horas de trabajo han aumentado), restas (menos espacios para conseguir pareja), multiplicaciones (los sentimientos que surgen dentro de las oficinas son reales) y divisiones (los prejuicios dividen las opiniones al respecto). El resultado: producto de la cercanía, las relaciones amorosas en la oficina son un hecho, aunque el orden de los factores altere el producto: a veces inadecuadas; otras, excitantes; o, a lo mejor, productivas. El común denominador: son inevitables.

Para la sicología social es obvio que uno de los factores que influyen para que dos personas seinteresen y sientan agrado es la proximidad. Ni modo, nos hacemos amigos de quienes usan el mismo parqueadero y frecuentan los mismos sitios. Por selección natural, una vez establecido el contacto, el encaprichamiento puede fijarse en quien tenga características que correspondan a nuestras necesidades afectivas.

Sociedad anónima

“El rol de la mujer ha cambiado, hay que actuar más relajado y ser profesional fuera y dentro del entorno —comenta María Andrea Gómez, arquitecta—. Finalmente, no hay nada secreto y todo termina al descubierto. Eso sí, para mí las mujeres aún seguimos diferenciándonos de los hombres en que nosotras no estamos en búsqueda de la relación sentimental en el trabajo; si llega llegó, no como los hombres que están al acecho de hacer cosas prohibidas y pasarla bien”.  A pesar de que María Andrea no tuvo una buena experiencia, está convencida de que a estas relaciones no hay que ponerles tanto misterio ni ocultarlas, como antes que era incómodo hablar del tema e incluso tabú.

Andrea López, ingeniera industrial, cuenta que en su organización nunca se han prohibido las relaciones sentimentales. Incluso, muchos de sus colegas se han comprometido y han terminado casándose. “El problema —dice— lo he visto en las relaciones clandestinas dentro del trabajo y los chismes queellas pueden generar. Hace algunos años, cuando el call center estaba apartado de las oficinas, y al que sólo tenían acceso las personas encargadas de atenderlo, con turnos hasta la madrugada, terminó convirtiéndose en un lugar de fiesta. 

Los rumores de orgías y desenfrenos circularon durante meses hasta que en una fiesta de la empresa, uno de los esposos de las señoras del call center, pasado de tragos, formó un alboroto tras confirmar el rumor de infidelidad de su esposa con uno de sus compañeros de trabajo”.

Para María Andrea Gómez, arquitecta, su relación comenzó producto de la cercanía. “Con Andrés estábamos juntos todo el tiempo, éramos partners en el trabajo y asistíamos a los mismos eventos. Mi novio de ese entonces vivía en otra ciudad y eso ayudó a que Andrés y yo nos acercáramos más. Además, todo el tiempo hablábamos por Messenger y él me echaba todos los perros, hasta que yo dejé a mi novio y comenzamos a salir“, explica.

“Para mí lo bueno de tener un amor en el trabajo es que, cuando se te presentan problemas, él es un apoyo y un aliado para enfrentarlos. Además evalúa tu trabajo sinceramente. ¿Lo malo? Es que en mi caso la relación se volvió posesiva, los celos de él eran insoportables, para Andrés todos los hombres de la empresa me caían como si yo fuera la más churra. Al final, no fue una buena experiencia y, aunque fuimos siempre profesionales con nuestro trabajo, la situación era molesta cuando peleábamos porque todo el mundo se daba cuenta”.

Mujeres, poder, rosas

Pero no hay que desconocer, como explica la sicóloga Dorian Bustos, que las mujeres se escudan en una aparente libertad, producto de la moda y de los medios de comunicación, cuando realmente lo que esperan es un acompañamiento real y duradero. Son mujeres con poder, profesionales y seguras de sí mismas que ya han sobrepasado los problemas de género.

Así mismo, las mujeres con altos cargos podrían estar buscando un affaire y no relaciones a largo plazo dentro de la oficina, “por lo que he visto en mis consultas, le apuestan más a la aventura —asegura Catalina Ochoa, sicóloga organizacional—. No van a querer casarse con alguien que pueda ser competencia para ellas, no quieren obstáculos para su carrera, ya están lo suficientemente capacitadas, por eso buscan relaciones cortas. 

Y si hablamos de infidelidad, ahora las mujeres profesionales no les queda tiempo para ello: son mamás, esposas, jefes, hijas, hacen deporte, asisten a eventos culturales…”

Es muy probable, como asegura Piedad Pérez, especialista en salud mental y sicología, que “las mujeres se fijen en alguien de igual rango como forma de disminuir la competencia. Es decir, se sienten inseguras frente a los logros de él y al tener un affaire reducen la competitividad”.

‘Tinieblos’ de oficio

Para Juan Carlos Martínez, periodista, el sexo dentro de la oficina como experiencia es excitante, si en el trabajo es prohibido. “Salimos después de trabajar con varios amigos y nos levantamos unas viejas, nos las llevamos a la oficina con complicidad del celador y lo hicimos en el tapete (es que es más suave que en los escritorios — comenta—). 

La ‘embarrada’ fue que dejamos muchas pruebas en el lugar. Al otro día, una colega se dio cuenta y llamó al jefe. Antes de caer, confesé y la niña que me descubrió me odiaba por eso. Lo curioso es que a los 15 días esa misma sicofanta y yo teníamos que cubrir el fin de semana. Estábamos solos, le di un beso, la tire al suelo y pues pasó… aunque fue muy rápido porque alguien iba a llegar justo en ese momento. Luego las cosas se enfriaron y yo me fui del país”. 

Por otra parte, Martín Sánchez, administrador de empresas, recuerda la frase que le dijo un español que hizo año rural en Colombia, y que por un lío de faldas casi lo linchan: “donde tienes la olla, no pongas la polla”. Más allá del refrán, para Juan Carlos “las mujeres son más abiertas porque ahora pueden hacer y deshacer y nadie sospecharía… y claro el miedo que sientes porque estás arriesgando todo sólo por un polvo es excitante”.

Según los casos que llegan a su terapia, Dorian Bustos cuenta las aventuras por profesiones: “En el ambiente hospitalario se ven estos casos: el doctor que hace turno durante toda la noche. El médico que sale de su casa a altas horas de la noche para suplir una emergencia, la familia no sospecha y mientras tanto, él está teniendo un affaire con la enfermera en jefe. También, las personas que están involucradas en el mundo de los eventos son propensas a involucrarse en estas relaciones: el trago, la rumba, la noche, la gente bonita, los viajes, son factores que pueden influenciarlos a tener aventuras entre colegas”.

Pretensión en la fuente

Las ‘relaciones laborales’ no siempre terminan como en un cuento de hadas, como le pasó a Viviana Gaviria, ejecutiva de cuenta: “Cuando acaban son un infierno, porque hay uno que sufre y otro que sigue adelante con su vida. La pesadilla entonces es para el que lo tomaba en serio y aunque hagas todo lo posible por separar las cosas, todo termina explotando. Es en ese momento que tienes que soportar los reclamos, las furias y quieres salir corriendo y renunciar para no hacerle daño. 

Pienso que si pasa: sal corriendo antes del rompimiento”. En la práctica, si tu aún no tienes pareja, estás buscando y no tienes tiempo para encontrarlo, mira a tu alrededor mientras estés en tu oficina. Está comprobado en muchas investigaciones: la mayoría de las personas se casan con alguien que vive en el mismo barrio, trabaja en la misma compañía o asiste a la misma clase. 

Catalina Ochoa, sicóloga organizacional especialista en terapia sistémica afirma: “Sucede porque finalmente estos círculos son en los que se mueven las mujeres profesionales y no deja de ser cierto que prefieren casarse con personas que conozcan y que convivan con ellas diariamente. Sin embargo, aparte de los lugares de rumba, le incluiría otro espacio donde también están buscando pareja, que es Internet, porque pueden tener mil relaciones que aplican”. Pero, si el asunto es serio, mantén la precaución. 

Bien lo dijo el Hannibal Lecter a Clarice en la película El silencio de los inocentes: “Deseamos aquello que vemos todos los días”.