Amor en tiempos de Internet o cómo evitar el conflicto con la pareja

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Amor en tiempos de Internet o cómo evitar el conflicto con la pareja

Las diversas plataformas sociales que se han consolidado en Internet, junto con los dispositivos móviles, han trasformado la forma de interactuar con nuestra pareja. Expertos nos cuenta cómo ser cautos con esta plataforma.

La tecnología se ha convertido en una cuestión de cotidianidad irrenunciable para muchos. Su empleo masivo y constante, el uso de dispositivos móviles, así como el surgimiento de las aplicaciones de mensajería instantánea ha permitido una conectividad, interacción e inmediatez en las relaciones personales jamás vista hasta el momento. (Lea también Facebook, el nuevo enemigo de las parejas)


“Las recientes plataformas en la red significan un aprovechamiento cada vez mayor de la ‘inteligencia colectiva’, donde todos aportan y se benefician de sus usos y aplicaciones”, afirma José Daniel Puche, psiquiatra especializado en temas de programación neurolingüística, inteligencia emocional y psicología transpersonal. Sin embargo, para Puche, del mismo modo que “las nuevas tecnologías nos acercan a quienes se encuentran lejos, nos alejan de quienes se encuentran cerca”



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De similar opinión es la psicóloga Carolina Botero, para quien la interacción con la pareja es mucho mayor en la actualidad debido al avance tecnológico. Sin embargo, la calidad de esa comunicación no necesariamente ha mejorado. “Las personas le reportan a su pareja todo lo que hacen y todos sus pensamientos por esos medios, por lo que cuando se produce el encuentro personal, les queda poco de novedoso por compartir”, asegura. (Lea también ¿Cómo las redes sociales y la tecnología están cambiando las relaciones de pareja?)


En otras palabras, la interacción actual está en un momento de irremediable transformación y refundación. 

En la actualidad, la vida privada y la pública suelen confundirse y se publica en las redes sociales más de lo que se debería. De hecho, estas tecnologías permiten conocer aspectos muy íntimos de las personas que antes se mantenían en privado y que pueden ser usados para chantajear, acosar, dañar la reputación y causar mucho daño a la pareja”, dice Carolina Botero.

Una comunicación "incompleta"

Una consecuencia de la aparición de las plataformas y aplicaciones que promueven la hiperconectividad es su “capacidad de magnificar determinadas emociones y comportamientos en las personas tendientes a la inseguridad, a los celos y a las obsesiones”, indica el doctor Puche.

El aspecto emocional de la comunicación, es decir formas no verbales como gestos, silencios  y aspectos paralingüísticos se dificulta a través de estos medios. Sólo observamos textos, algunas veces fotos, pero la comunicación es incompleta. Esto puede llevar a deficiencias en la comunicación, interpretaciones erróneas, y malos entendidos. A su vez, estos medios pueden ser usados para exhibir la propia intimidad e invadir la vida privada de los otros”, asegura Carolina Botero.

Facebook, genera la aparición de debates internos vinculados a su uso que suscitan malentendidos o tensiones con la pareja a la hora de ponerlas en común. 


La divergencia de pareceres sobre la cuestión de la privacidad es uno de ellos. O lo que es lo mismo, determinar qué o cuanta información de la vida personal o en pareja se acepta que comparta el otro miembro de la relación con toda su red de amigos, y viceversa. De hecho, un estudio publicado en la revista Cyber Psychology and Behaviour Journal aseguraba que WhatsApp y Facebook son los responsables de la ruptura de 28 millones de pareja al año en todo el mundo, este último por cuestiones relacionadas con la intimidad.


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Lo mismo ocurre con la opción de referenciar el estado sentimental en el que uno se encuentra. ¿Cuándo es el momento idóneo para hacer público que uno está inmerso en una relación en Facebook o hasta qué punto es relevante que todos los contactos tengan conocimiento de algo tan íntimo como es el estado emocional y personal de uno? 

Esta cuestión puede generar altercados entre los miembros de la pareja, si para uno de los miembros resaltar este dato es una muestra de compromiso con la relación, mientras que para el otro puede suponer una exposición innecesaria de su privacidad.

En el caso de las rupturas, la problemática es incluso mayor. Además de lidiar con ellas en la vida real, uno debe hacer lo propio en las redes sociales y enfrentarse, entre otros dilemas, a qué hacer con toda la información (fotografías incluidas) que volcó en su momento sobre su relación. También decidir si se mantienen o eliminan del perfil a las personas que se añadieron mientras la relación funcionaba por ser amigos de la pareja. Y, además, sortear las preguntas indiscretas de los contactos cuando hay que cambiar el estado e indicar que la relación amorosa ya no sigue adelante.

Para Botero, “las plataformas en sí no son el problema, sino lo que se hace con ellas. En la actualidad, la vida privada y la pública suelen confundirse y se publica en las redes sociales más de lo que se debería publicar. De hecho, estas tecnologías permiten conocer aspectos muy íntimos de las personas que antes se mantenían en privado y que pueden ser usados para chantajear, acosar, dañar la reputación y causar mucho daño a la pareja”.


Pero no todo lo que ofrece Internet y la mensajería instantánea genera tanta controversia. “Para aquellos con dificultad de relación directa por un grado importante de introversión, tiene la ventaja de aumentar el número de personas a contactar. También permite mantener la 'cercanía' con quienes tenemos pocas opciones de encontrarnos”. De hecho, un uso equilibrado de la Web 2.0 y los dispositivos móviles puede ser un gran aliado para “construir, consolidar y mantener relaciones de pareja estables y de alta calidad”, concluye.


7 Consejos para evitar conflictos con la pareja debido a las nuevas tecnologías:

1. Ser cauto con la información que se comparte. La intimidad que uno practica en su vida real con respecto al devenir de los sucesos de su día a día, de sus emociones o acontecimientos no debería ser diferente a la que pone en práctica en Internet. De hecho, la exposición pública a la que están sometidas las informaciones una vez se comparten en este medio es mayor. Lo mismo ocurre con la repercusión que puedan acarrear y la falta de control de sus consecuencias.
2. No ampararse en Internet para hacer cosas que no se harían en la vida presencial.
Las nuevas tecnologías son una realidad con la que hay que convivir. De allí que las reglas o normas por las que una persona rige su cotidianidad no deberían diferir de las que asume para gestionar su vida virtual.

3. No renunciar a la intimidad personal. Esto implica no facilitar a su pareja las claves y contraseñas de las plataformas de Internet en las que uno participa. Las redes sociales permiten acceder a mucha información descontextualizada y fácil de malinterpretar por alguien que no conozca todos los datos. La confianza debe ser el sustento de la relación. Por ese motivo, si compartir los acontecimientos de la vida de forma sincera y franca es una práctica habitual en la pareja, la misma actitud debería imperar en Internet con los sucesos que allí se desarrollan, respetando el espacio personal de cada uno. Es importante no confundir confianza y sinceridad con el control y la represión.
4. Ser precavido con quien se acepta en las redes sociales.
Internet se erige como un espacio que permite una acumulación de amigos excesiva y cuya intención no siempre es saludable. Del mismo modo que uno no deja entrar a todo el mundo en su vida, ni comparte su intimidad con cualquiera, esta lógica debería prevalecer también en las redes sociales.
5. No volverse obsesivo con el perfil de la pareja en las redes sociales.
Evitar estar pendiente constantemente del perfil de la persona con la que se mantiene una relación y de cada movimiento que este haga en la red. También rehusar a controlar de forma malsana las amistades que le escriben públicamente y de las que no se tiene conocimiento, especialmente si se percibe que esta acción se refuerza cuando la persona que se manifiesta en el wall de la pareja es de nuestro mismo género. Los celos no son buenos aliados, ni en la vida real, ni en la virtual.
6. No hacer de los conflictos con la pareja algo público.
Los platos sucios deben lavarse en casa, no hacerse públicos ni airearse en la red. Evitar volcar los desahogos y las imprudencias en las redes sociales, a pesar de que en un primer momento puedan parecer liberadores.
7. Dedicar más tiempo en cuidar la relación en la vida real que en la virtual
. Fomentar en exceso el contacto con la pareja a través de Internet puede provocar el descuido de la vida que ambos comparten en la realidad y generar un distanciamiento. En algunos casos, los miembros de la relación olvidan cómo comunicarse cara a cara o hacen más frágil su interacción. Es recomendable encontrar el equilibrio entre las horas que se dedican a la pareja y a navegar por Internet.

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