Acerca del Coitocentrismo

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Acerca del Coitocentrismo

Cuántas veces hemos escuchado, incluso a través de los medios de comunicación, la pregunta sobre si las relaciones sexuales son completas o no. Se suele hablar de la penetración como sinónimo de relación sexual plena, pero ¿qué pasa con el resto de las prácticas del sexo?

Por Luisa Torres, sexóloga, con maestria en "Orientación, Terapia Sexual y de Pareja" en la fundación sexologica de Madrid, SEXPOL.

Se cree que las relaciones sexuales deben conducir al coito porque aparentemente es lo más adecuado, mientras que las demás prácticas no reproductivas son vistas como complementos o preámbulos y no como recursos para gozar. Los patrones de conducta que siguen siendo predominantes en las relaciones sexuales, son los juegos preliminares y la cópula. Se calcula que el 90%  de las relaciones heterosexuales acaban en cópula. Influye en éste hecho, que los seres humanos aprendemos muchas de nuestras conductas por imitación y lo que más tenemos a disposición para imitar, son las escenas que vemos en el cine, la televisión y otros medios visuales.

Los preámbulos, forzados en la mayoría de los casos, no se usan con el fin de dar y obtener placer (lo que debería ocurrir en toda relación sexual), sino que más bien se usan como mecanismo para llegar lo más pronto posible al coito. Estos preámbulos son asumidos por muchos hombres como el medio más eficaz para conseguir rápidamente su objetivo: la penetración. Los juegos preliminares suelen durar poco y generalmente sirven para estimular la lubricación de la mujer, debido a que se cree que somos más lentas en excitarnos que los hombres. No es cierto: recibimos menos estímulos eróticos ya que en lo que concierne a la sexualidad, nuestra educación ha sido muy distinta a la de ellos.

Existen también otras creencias erróneas, como el que todas las relaciones sexuales deben concluir con un orgasmo para que sean consideradas buenas y placenteras, pues el placer que recibimos a través de todos los estímulos visuales, olfativos, táctiles, etc., es pocas veces valorado en las relaciones sexuales; al parecer, es solo el orgasmo el que tiene importancia. También se cree que llegar al orgasmo al mismo tiempo, hace que  la relación sea más placentera y determine la armonía de la pareja, o que existe solo el orgasmo vaginal, (considerado como auténtico y deseable) y el clitoridiano, con el que muchas mujeres tienen que conformarse porque está en un segundo plano.

No hay dos tipos de orgasmo sino distintas formas de estimular el clítoris que es el que finalmente produce el orgasmo en la mayoría de las mujeres. Muchas mujeres me han comentado que se sienten  acomplejadas porque su compañero les dice que no es normal que no experimenten orgasmos vaginales. ¿Por qué esta insistencia con el orgasmo vaginal?

Pensémoslo por un momento. Vivimos una sociedad en la que se le ha dado más prioridad a la sexualidad del hombre y en la que desde hace relativamente poco se acepta que la mujer también pueda disfrutar de su sexualidad sin que se sienta culpable e inmoral. Por otro lado, el hombre disfruta más la penetración, porque le permite la estimulación directa y constante del pene. La escasa educación sexual, la mentalidad machista del sexo como demostración de fertilidad y la falta de comunicación en la pareja, son otros factores que contribuyen a conservar la creencia de que solo la penetración y el orgasmo vaginal son válidos.  Esta mentalidad puede traer algunas consecuencias negativas, entre ellas que la mujer se sienta temerosa de manifestarle a su compañero qué es lo que realmente le da placer, pues corre el riesgo de herir su ego masculino y poner en duda su virilidad.

Desafortunadamente el modelo sexual capitalista permisivo hace responsable al varón del placer de la mujer. Según éste modelo, no tiene responsabilidad alguna sobre su placer, lo que hace que los hombres   sientan temor a “no dar la talla” y no disfruten plenamente de su sexualidad.

Aprendiendo  a ser egoístas
Volviendo a la idea de que las mujeres tardan  para “estar  preparadas”  y los hombres se preocupan por “no dar la talla”, debo comentar que el sano egoísmo y la capacidad de abandonarse a las sensaciones, deben primar en las relaciones sexuales.  Una cantidad considerable de personas adoptan el llamado “rol del espectador”, que es la causa de muchas disfunciones sexuales.

Este rol consiste en estar pendiente del otro sin tenerse en cuenta a uno mismo. Nos preocupan las sensaciones y sentimientos de la pareja y nos olvidamos de nosotros. En las relaciones sexuales hay que desarrollar sentimientos egoístas sanos, positivos. Nadie puede dar a otro lo que no es capaz de darse a sí mismo.

Hay que intentar combatir el prejuicio de que somos completamente responsables del de los dos. Este rol es típicamente derivado del  modelo sexual capitalista permisivo, sobre todo en los hombres. En este modelo, como hablamos anteriormente, el placer femenino solo puede ser despertado por la habilidad del varón, lo que hace que recaiga sobre él toda la responsabilidad del éxito o del fracaso de la relación. Es importante lograr un cambio de mentalidad y buscar equilibrio en las sensaciones para que el goce sea mutuo y maximizado. Cuando la mente está preocupada solo por tener un buen desempeño, la respuesta sexual se cohíbe y no funciona porque cuando hay ansiedad no puede haber excitación. Para una sexualidad sana se requiere de entrega sin prejuicios y de distención absoluta.

Para finalizar, debemos tener muy claro los paralelos entre sexo-coito y sexualidad -genitalidad. Ni sexo es lo mismo que coito, ni sexualidad es lo mismo que genitalidad. Muchas personas viven su sexualidad convencidas de que los besos, las caricias y los estímulos solo sirven para lograr el orgasmo. Sin embargo, existe otra manera de vivir nuestra sexualidad, en donde los besos, las caricias y los estímulos son suficientes para hacernos disfrutar a ambos, sin necesidad de penetración.
Llegar al orgasmo no es necesariamente el objetivo: lo realmente  importante es sentir con intensidad cada instante que se vive en el contacto con el otro para lograr la compenetración. Cuando esto existe, el resto viene por añadidura.

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