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Introducción a la seducción

Foto: Thinkstock

Introducción a la seducción

¿Una persona seductora nace o se hace? Y, para los que no nacimos con ese gen seductor, ¿cómo cubrimos esa deficiencia? Existen muchas personas que necesitan ayuda, tal vez profesional para afinar las técnicas de seducción.

En el colegio aprendí muchas cosas valiosas como que Colón descubrió América, que en la Luna mi sobrepeso no sería una gravedad, y que por más nobles que se crean algunos, los únicos con sangre azul son los cangrejos. Sin embargo, también aprendí muchas cosas inútiles y gasté mi juventud en clases con profesores privados descifrando al detestable Baldor, y hasta el día de hoy, la única aplicación útil que le he encontrado a ese libro es como apoyo para equilibrar una mesa patuleca; es por eso que me pregunto, ¿por qué no enseñan en el colegio otras cosas más importantes en la vida como la teoría y práctica del coqueteo y la seducción?

Habrá quienes digan que la seducción es algo innato, como aprender a hablar, pero lo cierto es que hay personas que hablaron jeringonza hasta los 4 años. Por ejemplo, yo soy del masivo demográfico de aquellas personas ‘cariñosamente agresivas’, es decir, que cuando alguien nos gusta, lo tratamos a las patadas, para disimular el amor tan grande que sentimos. En kinder mi táctica era echarle arena a la comida de mis amores platónicos; y aún me queda la duda del porqué mis malos resultados en el amor a pesar de mis detalles.

Hay miles de personas como yo que necesitamos ayuda, tal vez profesional, para afinar nuestras técnicas de seducción, así que hice el ejercicio para ver qué solución podía encontrar. Mi primer reflejo fue agarrar las Páginas Amarillas, donde se supone que uno encuentra de todo, desde la fórmula para la eterna juventud hasta monjas estriptiseras, pero no encontré escuelas de seducción ni nada parecido. Siguiente paso, recurrí al Google, y encontré direcciones de seminarios de seducción (sólo en Estados Unidos), perfumes con feromonas y hasta cursos de hipnosis para seducir; y yo que pensé que con una picada de ojo era suficiente, que mal estaba… Sin embargo, todas esas soluciones me parecieron un tanto desesperadas, y yo aún no he llegado a ese punto.

Cuando conozco a esas parejas perfectas, siempre les pregunto con gran curiosidad: ¿y cómo se conocieron?, ¿quién sedujo a quién?, ¿cómo rompieron el hielo?, a ver si descubro alguna fórmula mágica en su testimonial de éxito. Pero lo cierto es que no existen fórmulas mágicas, y lo que le resulta a uno, aplicado a otra persona puede convertirse en un desastre.

Para conocer un one night stand (o conquistas de una noche) están los bares, para el amor están los cafés de Juan Valdez, los parques o hasta la sala de espera de su dentistería. En todos estos casos el modus operandi necesita un rompehielos, una frase inicial, y como las primeras impresiones no tienen segundos chances, hay que saber qué decir. Hay muchas formas de iniciar una conversación, y esto es muy parecido a jugar PlayStation, entre más se juega mejor se vuelve uno, se logra avanzar a los últimos niveles y se anotan más puntos.

Lo primero es poner en la mira a su presa, y luego decida qué approach o acercamiento va a tener… Si quiere ser abiertamente sexual, pregúntele: “¿Te gusta la música?”, y cuando él diga “sí”, contéstele: “Pues yo tengo un muy buen equipo de sonido en mi casa”. También puede intentar el approach tierno: “Oye, creo que se te olvidó algo”, y cuando él pregunte: “¿Qué?”, respóndale: “A mí”. Ahora, si quiere ser ingeniosa dígale: “Discúlpame. ¿Será que tenemos algún amigo en común que nos pueda presentar?”. Pero si no quiere ser tan obvia, aplique la de la indirecta y rompa el silencio con frases neutras como: “¿Oye, sabes cuál es el título de esa canción?”, o como me dijeron la otra noche: “Sabes quién fue el que mató a John F. Kennedy?” El tipo me mató con esa frase.

Lo cierto es que como mujeres ya no tenemos que esperar que ellos den el primer paso, si ya ganamos tanto como ellos en la oficina, tenemos derecho a perder tanto como ellos en los bares…
Y no hay que limitar el arte de la seducción a tan sólo palabras; sino al ping pong de miradas, los juegos de señales, las sonrisas y hasta inventarse una excusa para tocar a esa persona; todo es válido para lograr la misión de seducción. Claro está que sin exagerar, porque a veces hay mujeres coqueteando que parecen estar haciendo un comercial de champú. (Que caspa.) Lo que hay que entender es que si Mahoma no va a la montaña, la montaña debe ir a Mahoma, y más si Mahoma es un tipo súper churro, está solo y la está mirando