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Los hombres y el sexo después de los 60 años

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Los hombres y el sexo después de los 60 años

La subida al sexto piso puede acarrear ciertos problemas para la sexualidad de los señores, pero éstos tienen solución.

Inge es una mujer de unos 65 años, común y corriente, que no espera otra cosa que pasar sus últimos años con Werner, el hombre que ha amado y cuidado durante 30 años de matrimonio. Un día de trabajo cualquiera, le encargan llevar unos pantalones a casa de Karl, un cliente de 76 años, pero la visita trasciende: se miran pícaramente y coquetean en la puerta, él la invita a pasar, la excitación hace lo suyo y los dos ancianos terminan haciendo el amor al estilo tórrido e irrefrenable que el estereotipo sólo les atribuye a los jóvenes de 20. Es una relación netamente sexual, en principio, que lleva a la protagonista, quién lo creyera, a dejar a su esposo de décadas por un amante mucho mayor, con todo el dolor, pero convencida de hacer lo correcto ahora que le queda poco tiempo para gozar de los éxtasis del amor como quizá jamás lo había hecho antes.
Tal es, a grandes rasgos, el argumento de En el séptimo cielo, cinta del director alemán Andreas Dressen, aplaudida en festivales tan notables como el de Cannes, transgresora por ser quizá la primera en retratar tan descarnadamente el complejo tema del sexo después de los 60 años. Sus escenas fuertes de fornicación, desnudos explícitos y frontales, así como el recorrido palmo a palmo de la piel ajada por los años, pero no muerta para el deseo, conllevan, a la par con el argumento, el mensaje de que nunca se es demasiado viejo para experimentar estas pulsiones. Así los tabúes en boga digan otra cosa.

La película, que pronto se verá en Colombia, es muy pertinente porque novedosos estudios demuestran que la ficción de Inge y Karl, con su torrente de ardor carnal en la edad otoñal, no estaría nada alejada de la realidad. Tal vez, para estupor de aquellos hijos jóvenes que piensan que padres y abuelos no tienen sexo, está más que demostrado que esta faceta de la vida sigue siendo importante tras cruzar la temida barrera de los 60 años y se prolonga en no poco casos hasta la muerte. Incluso, puede ser mejor que en los tiernos 20.

Tal fue una de las conclusiones de un estudio realizado por la Universidad de Chicago a tres mil personas entre los 57 y los 85 años. 73 por ciento de los encuestados entre los 57 y 64 se confesó sexualmente activo, tasa que disminuyó a 53 por ciento para los que contaban entre 65 y 74 años, hasta llegar a 26 por ciento entre los entrevistados de 75 a 85 años.

Este estudio, y otros realizados por prestigiosos centros, demuestran que la edad no influye tanto en la continuidad de la vida sexual como la salud. 81 por ciento de los hombres y 51 por ciento de las mujeres en excelente estado físico declararon que practicaban la masturbación, el coito, el sexo oral y otras formas de placer. En fin, la necesidad de afecto y de caricias no se desvanece con los años y, si bien el envejecimiento conlleva una serie de pérdidas inevitables, el sexo no hace parte de ellas, apunta la siquiatra Susana Merces.

¿Hay una manera de pronosticar cómo será la sexualidad una vez se ascienda al ‘sexto piso’? Para otra especialista en el tema, la argentina Verónica Kenigstein, sí: “La relación de cada persona con su sexualidad será similar a la que sostenía cuando tenía menos edad. Es decir, si para un individuo el sexo ha sido placentero en sus primeras décadas, lo mismo ocurrirá al hacerse mayor. Si, por el contrario, el sexo ha constituido siempre una obligación o un área problemática, continuará ocurriendo lo mismo y tenderá a alejarse de esta vivencia”.

Así las cosas, ¿qué deben esperar las esposas o compañeras sentimentales de los hombres que pasan del medio siglo? Kenigstein les recuerda que, aunque el deseo de sus hombres siga vivo, la edad sí trae ciertas modificaciones. Es posible que la erección sea más lenta o que el pene requiera mayor estimulación para alcanzarla. De igual modo, es posible que la eyaculación demore más, o que se dé el orgasmo sin emisión de semen. El periodo refractario, o lapso que transcurre entre una erección y otra, por su parte, puede prolongarse.

Estas condiciones, advierte Merces, además de responder al deterioro natural y a las particulares condiciones de cada cual, también pueden llegar con enfermedades como la diabetes y como efecto secundario de drogas para la tensión arterial o la depresión. Los infartos, contrario a lo que se cree, no oponen mayor obstáculo al sexo, pero sí las causas que lo provocan como las arterias endurecidas, la obesidad y el exceso de tabaco y alcohol.

La sexualidad reprimida o disminuida a causa de todo ello, anota el sexólogo Ignacio Rivera, suele afectar la sicología masculina y dar lugar a episodios de mal humor, depresión, conductas inusuales, búsqueda del placer en otra cama y redescubrimiento de la masturbación. No hay que olvidar, concluye el especialista, que el varón es competitivo por naturaleza y sentir que pierde desempeño puede resultarle humillante. Él mismo crea su propio descontento porque tiene una tendencia a comparar su vida sexual del presente con la de su juventud o con la de sus congéneres. Nada volverá a ser como en la adolescencia, repiten al unísono médicos, sexólogos, urólogos, bioenergéticos y otros facultativos que tratan el tema. Pero hay soluciones más al alcance de lo que se cree. “Si bien no hay reglas, una condición primordial de una vida sexual activa es la flexibilidad mental. El tema del rendimiento no debe tener cabida en una relación de pareja. Sobre todo, a esa edad hay que librarse de la idea fija de que todo tiene que ser como antes”, dice Carsten Brandenberg, médico alemán que dirige estudios sobre la sexualidad después de los 60 años.

También ayuda derribar mitos como que en la edad adulta todos los hombres se vuelven impotentes. Si bien se presentan problemas, hoy el hombre cuenta con el viagra, que debidamente recetado soluciona dos tercios de los problemas de impotencia. El resto, asevera la doctora Merces, se puede tratar con inyecciones que los señores pueden aplicarse a sí mismos e implantes.

Otro mito llamado a sucumbir es aquel según el cual cuanto más viejos, peores amantes. Todo lo contrario. “A medida que los hombres envejecen, pueden retrasar la eyaculación por más tiempo, lo cual extiende el sexo y permite que las mujeres sientan más placer”, sostiene Merces. Y, como en otros saberes, en el sexo también hay que darle su crédito a la experiencia. Las mujeres también pueden, recomiendan los expertos, animar a los hombres a llevar estas inquietudes al consultorio médico. La investigación realizada en Chicago concluyó que sólo entre 5 y 10 por ciento de ellos habla con sus médicos de su vida sexual. El resto no lo hace por pudor o falta de confianza, ignorando tal vez que las frustraciones en la cama pueden reflejarse en otras afecciones, de acuerdo con nuevas conclusiones de las ciencias cada vez más comprometidas con la sexualidad.
 

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