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El placer de cenar en la clandestinidad

Foto: Pantherstock

El placer de cenar en la clandestinidad

Saltar una valla, escalar una pared, atravesar un túnel, llamar a la puerta de un desconocido, acceder a un local subterráneo a través de pasillos... ¿El objetivo? Cenar en la clandestinidad.

Es lo que cada vez está más de moda en las grandes ciudades: reunirse en secreto, en un lugar que nadie imagina o conoce, alejado del mundo... Pero a la vez en el centro de todo.
A pesar de la amplia oferta cultural que ofrecen ciudades del tamaño de Londres, Toronto o Barcelona, cada vez son más los urbanitas que buscan experiencias que vayan más allá de una simple cena o salida de fin de semana.

Los supper clubs son restaurantes urbanos, escondidos y aparentemente cerrados al público, donde se organizan eventos sociales que juntan a personas desconocidas para cenar y compartir una noche diferente.

Este tipo de reuniones se han expandido por el mundo mezclando el placer de la comida con las relaciones sociales, convirtiendo una cena en una aventura gastronómica. "La comida tiene el gran poder de reunirnos y hacer que conectemos de manera como ninguna otra cosa puede hacer", dice Geoff Kann del supper club secreto Beware of Dog de la ciudad de Denver en Estados Unidos.
Aunque la mayoría de supper clubs trata de hacer de sus platos un lujo, la acción social y el ingrediente de clandestinidad tienen tanto protagonismo en estos eventos que algunos han llegado a relegar la cena a una simple excusa.

Pero estos eventos no sólo se celebran en un restaurante. A veces, se llevan a cabo en lugares en medio de la ciudad, rodeados de escenas urbanas familiares pero escondidos, anómalos y de difícil acceso.

Charlie Burger, nombre de un supper club de la ciudad de Toronto en Canadá, bajo el que se esconde su coordinador, elige siempre espacios únicos en el mismo centro de Toronto, encondidos pero en zonas muy transitadas. Algunos ejemplos son el acceso por huella digital a una instalación subterránea de alta seguridad de almacenamiento de vino, un museo de arte tribal y objetos macabros o un teatro subterráneo semiabandonado en el barrio chino de la ciudad.
"Me encanta encontrar lugares que nunca supiste que existían, aunque camines por ellos todos los días", cuenta.

¿Por qué cenar en secreto?


Los motivos que llevan al comensal a pasar una velada en la clandestinidad van más allá de la exclusividad que ese ingrediente aporta a la noche.

Estas acciones responden a una necesidad de compartir e intimar, "fruto de una década caracterizada por el individualismo", dice Aiofe Behan, que hasta hace poco, convertía su casa de Edimburgo, en Escocia, en un supper club. Behan cree que la crisis ha promovido un sentimiento de comunidad entre la gente.

"Este secretismo es una mezcla de intriga y misterio en la que nuestros invitados dejan volar su imaginación al no conocer detalles como el lugar de la cena o las personas con las que compartirán la velada" Charlie Burger, coordinador de un supper club en Toronto

Para Charlie Burger en Canadá, este secretismo es una mezcla de "intriga y misterio en la que nuestros invitados dejan volar su imaginación al no conocer detalles como el lugar de la cena o las personas con las que compartirán la velada".

Algunos de estos supper clubs no permiten la entrada a cualquiera. Zingara Cucina, un restaurante "sin ubicación fija" escondido en algún apartamento de Melbourne, Australia, no admite a nadie que no sea recomendado por personas o amigos que sean conocidos.
"Pretendemos mantener una red de gente que se sienta cercana en sus intereses", dice Zingara Cucina en un email en el que no revela su identidad.

Javi es un joven cocinero que abrió Restaurant Secret en Barcelona, como "una reunión de amigos", hace ya más de un año. Empezó a viajar y decidió "llevarse su restaurante con él". Ahora se ha convertido en un nómada y organiza, de momento, caterings secretos hasta que encuentre el destino donde quedarse.

Para Javi, los principales ingredientes que buscan sus comensales son la exclusividad y la sorpresa. "Nos adaptamos a cualquier propuesta, pero la mayoría de nuestros clientes optan por que les sorprendamos", comenta.

Los "desconocidos" que acuden al evento, a menudo no se saben nada más que la hora y el lugar de encuentro, desde donde se dirigen a la cena.

Barcelona es el corazón de esta tendencia en España. Urban Secrets es una empresa gastronómica que cuenta con una red de restaurantes ocultos por la ciudad de Barcelona para los que se necesita una contraseña que te permite acceder al interior.

Su filosofía se basa en que la gente quiere vivir experiencias nuevas. Destacan restaurantes como el Tintorería Dontell, detrás de la fachada de una tintorería o el Chi-Ton, que en este caso aparece como una tienda de souvenirs para los viandantes que no saben lo que esconde detrás.
Sin embargo, el éxito de estos lugares los convierte cada vez más en restaurantes conocidos y de moda. Algunos dicen que ya no se sienten atraídos por una actividad que debería haber quedado en secreto, para unos pocos.

El caso de Alicia Weston, que acoge a los comensales en su propia casa de la calle Parkholme Road en Londres, es diferente. "Yo también disfruto de la misma experiencia que ellos. Después de todo, estoy invitando a cenar a extraños en mi casa", comenta Weston.

El encuentro secreto paso a paso


Uno de los aspectos más destacables de esta genuina velada es que muchos juegan con los límites de la legalidad.
Bani Brusadin, de Barcelona, es el coordinador del festival de arte "no convencional" The Influencers que una vez al año junta todo tipo de artistas del mundo de la música, las artes visuales, etc., creando una mezcla sugerente y diferente.

"El objetivo era hacer algo sugerente que desafiara los límites"
Bani Brusadin, organizador del festival de arte The Influencers
Brusadin quiso llevar estas sensaciones a un terreno más exclusivo, para lo que se puso en contacto con Jeff Stark, que previamente había coordinado eventos underground de este tipo en la ciudad de Nueva York. Juntos organizaron una cena secreta en una parte abandonada de la antigua central termoeléctrica Barcelona.

El objetivo era reunir a unos desconocidos bajo un concepto de cena secreta de la que no se sabe nada más que la hora y el lugar de encuentro.


"La cena", dice Brusadin, "es sólo una excusa para juntar a un grupo por la noche y poder disfrutar de una experiencia completa y sugerente con desconocidos en intimidad". Bani Brusadin y Jeff Stark denominan a estas escapadas secretas "experimentos sociales" porque los lugares en los que se lleva a cabo la velada suelen ser de difícil acceso.

"Son sitios donde no deberíamos estar", comenta Brusadin. Algunos prohibidos de pisar y otros lo suficientemente ocultos como un túnel abandonado de la época de la Guerra Civil Española, para tener la sensación de que es una zona inaccesible, poco adecuado para cenar. Siempre tratan de localizar emplazamientos escondidos en la propia ciudad, cerca de la vida urbana.
El experimento social trata de disfrutar de las reacciones y colaboración entre desconocidos en una situación que no se habían planteado como saltar una valla o trepar una pared para llegar al lugar de destino.

A pesar de que los participantes no se conocen entre ellos, tienen a menudo algo en común: les intriga lo desconocido y quieren descubrirlo en compañía de extraños que, finalmente, se convierten en cómplices. "El que no está de acuerdo con el lugar de la cena secreta o no le gusta el planteamiento se retira antes de continuar. Ya nos ha pasado", explica Brusadin.

"El objetivo era hacer algo sugerente que desafiara los límites", dice Bani Brusadin, "es decir, crear un espacio de intimidad y complicidad en el que todos los participantes colaboren entre ellos para llegar al lugar prohibido sin ser descubiertos".

La clandestinidad, junto con la prohibición implícita, ofrece una sensación de adrenalina que está de moda entre aquellos que quieren animar su fin de semana. Y para disfrutar de ella qué mejor excusa que una buena cena.