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"El que nace pa' lector, del cielo le caen los libros": Elena Poniatowksa

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"El que nace pa' lector, del cielo le caen los libros": Elena Poniatowksa Foto: Elena Poniatowska perfil de Facebook

Esta escritora acaba de recibir el Premio Cervantes y 125 mil euros. Su figura representa la crítica social a su país, pero sobre todo, es una de las figuras femeninas más importantes de la literatura en América Latina.

La frase de ‘más mexicana que la mole’ la dice ella misma en su su perfil de Twitter. Y nada más cierto. Aunque nació en París y se crió hasta los 17 años en Estados Unidos, sus libros han estado ligados a la cultura, a las raíces sociales y políticas de México.  Sus frases en esta red social como: “El dicho de "El que nace pa' lector, del cielo le caen los libros" es cierto porque mi casa está llena de libros firmados y regalados”,  o “En Pedro Páramo, Juan Rulfo mezcla a vivos y muertos y demuestra que es inútil tenerle miedo a la muerte pero es bueno pensar en ella”, se evidencia a una mujer que respira literatura. Por esa pasión impresa en sus letras acabó de recibir el Premio Cervantes, que la introdujo en un remolino de entrevistas, llamadas y felicitaciones procedentes de todo el mundo.

Su nombre es reconocido además como periodista, cuyas técnicas del periodismo literario aprendió en su formación en Estados Unidos y aplicó en sus textos.  La causa feminista que nació en los años 60 logró conquistarla e influyó sobre su trabajo, de tal manera que la llevó a publicar sobre temas como la relación del hombre y la mujer,  el trabajo y desempleo o el papel de la mujer.

Durante 60 años de carrera ha publicado  más de 30 libros, ha ganado más de 100 premios en 18 países y 12 doctorados honoris causa, recuerda el autor Humberto Musacchio en el diario mexicano Excelsior.

La misma autora recuerda parte de su infancia en una entrevista hecha para la publicación ‘Material de lectura’ en 1982:

“Yo no tenía mucha confianza con mis papás, porque los intermediarios eran una institutriz, una nana. Me acuerdo que no hablábamos en la mesa. Una vez durante la comida mi mamá estaba hablando y se le olvidó cortarnos la carne; entonces, no comimos carne… De mi mamá tengo el recuerdo de una mujer de una enorme belleza, que tenía vestidos largos; yo veía esos vestidos en el corredor en la noche, cuando venía a decirme buenas noches, cuando se iban a alguna cena. Recuerdo sus pechos que eran muy hermosos y muy blancos y su olor: muy perfumada.

No puedo decirte más. Yo viví mucho con mis abuelos. Mi abuelo me enseñó un poco a leer y a escribir, además de matemáticas. Posteriormente me mandaron a la escuela, lo cual me aterró. Después fuimos mi hermana y yo a una escuela comunal, muy estricta, una escuela francesa y ya. Después nos vinimos a México, mi hermana, mi mamá y yo. Nos vinimos en un barco de refugiados, más o menos, que se llamaba “El Marqués de Comillas”; mi papá se quedó en la guerra.

Y asegura que la culpa es un sentimiento católico, pero, sobre todo, femenino: “Eso nos enseñan siempre desde niñas. Nosotros tenemos la culpa si no tenemos hijos y la culpa de ser madre si tenemos hijos y no estamos todo el día con ellos, o todo el día dedicadas a ellos; o tenemos la culpa de ser malas esposas. Una mala esposa es la que guisa mal, la que plancha mal las camisas, la que atiende mal al marido. Aunque también se puede decir que el hombre es un mal marido, un mal padre, un mal hijo, un mal hermano.

Sin embargo creo que se maneja mucho más la culpabilidad tratándose de mujeres. Se dice mucho más frecuentemente de una mujer que es una mala mujer, refiriéndose a una prostituta. Pero nunca se dice de un hombre “es un mal hombre”. Hay muchas más exigencias en torno a la mujer que en torno al hombre. ¿O no crees? Mucho tiene que ver en esto la formación católica que hemos tenido desde siempre. Nos educan dentro de la culpabilidad: “Es mi culpa, mi culpa, mi gravísima culpa”. Y durante años lo aprendimos, lo creemos, lo rezamos y ¿cuál es la culpa? ¡Quién sabe! Y así vemos a niñas chiquitas decir eso ahora ¿o acaso ya cambió el catecismo?”.

Treinta años después no ha dejado de escribir y, por el contrario, sus reconocimientos crecen, con la diferencia ahora después de tres décadas que puede responder directamente los elogios: “Enorme agradecimiento feliz, a todos los llamadores telefónicos y los que han twitteado porque comparten el gusto por el Premio Cervantes 2013”.

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