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Las mujeres de Disney: sumisas enamoradas

Fucsia.co

Las mujeres de Disney: sumisas enamoradas Foto: trafegandoronseis.blogspot.com

A Blancanieves le gustaba limpiar y cuidar de los siete enanitos mientras esperaba que su príncipe la rescatara. Bella dejó sus sueños por vivir con la Bestia. Disney ha empleado el estereotipo de roles con el que crecieron muchas generaciones.

"Los hombres no te buscan si les hablas. No creo que les quieras aburrir. Allí arriba, es preferible que las damas no conversen, a no ser que no te quieras divertir. Verás que no logras nada conversando, a menos que los pienses ahuyentar. Admirada tú serás, si callada siempre estás. Sujeta bien tu lengua y triunfarás”.

La factoría Disney puso en boca de Úrsula esta frase con la que la mala malísima de la película trata de convencer a Ariel para que acceda al contrato que esta le propone y por el que recibirá unas bonitas piernas, único requisito para reunirse con su príncipe fuera del mar. A cambio, ella le deberá entregar a la villana su voz, por lo que no podrá volver a cantar. Tampoco, podrá hablar, expresarse u opinar a través de las palabras, algo que, por otro lado, no resulta tan atractivo para conquistar a los hombres del exterior, según le insiste Úrsula.

No hace falta mencionar que la joven acepta la transacción sin poner demasiada resistencia, justificando su decisión en el profundo amor que le profesa a su amado (con el que por cierto, solo ha coincidido en una ocasión). Y aunque eso implique no volver a comunicarse nunca más.

Desde su nacimiento en la primera mitad del siglo pasado, Disney ha sido fuente inagotable de creatividad, dando vida a cientos de caricaturas y personajes míticos de fantasía. Sus largometrajes de animación, más allá de ser parte de la memoria histórica del séptimo arte, se han instituido como piezas audiovisuales con capacidad de influenciar a los niños (y posterior adultos) de muchas generaciones con sus construcciones ideológicas sobre los roles de las personas.

En sus primeros años, la productora consolidó con cada película unas señas de identidad propias, bajo la visión empresarial y creativa de Walt Disney, del que se dice era alcohólico, neurótico y arrastraba problemas sicológicos debido a las palizas que recibió de su progenitor durante su infancia. Es por ello que en todas sus caricaturas se identifican rasgos característicos y homogéneos en función de su sexo.

En el caso de los personajes femeninos, el modelo más promovido es el de una mujer con una belleza fuera de lo común, subordinada y enamoradiza, capaz de poner su vida en función del príncipe, aunque eso signifique renunciar a sus sueños y seres queridos. “La mujer es sumisa y obediente, se guía por sus emociones, se orienta al amor y al matrimonio, es la que cuida de la familia y de la casa”, explica Patricia Digón Regueiro,  profesora de la Universidad de A Coruña (España), en su artículo El caduco mundo de Disney: propuesta de análisis crítico en la escuela

En el Rey León, por ejemplo, las leonas tienen un papel dependiente frente a los leones. La ausencia de una figura masculina en sus filas que las capitanee a la revolución, les incapacita para rebelarse contra Scar cuanto este toma el poder. No es hasta que Simba reclama el trono que le ha usurpado su tío que ellas luchan por su libertad.

En el caso de Jasmine, su papel se reduce a ser el objeto de deseo del protagonista varón y del malvado Jaffar, quien no duda en acosarla sexualmente o encadenarla a modo de esclava en diferentes momentos del largometraje. Tampoco faltan las referencias sexistas en los diálogos: "Veo que os habéis quedado sin habla: una cualidad muy apreciada en la mujer", le reprende Jaffar

Si bien es cierto que la princesa hace gala de algunos repuntes de rebeldía, son los personajes varones quienes definen su vida a lo largo de toda la película, por no decir que la temática que justifica la existencia de esta caricatura gira alrededor de su matrimonio y del posible candidato que logre llevarla al altar.

Bella también tiene que enfrentarse a la represión del resto de personajes de La Bella y la Bestia, haciendo gala de una tímida independencia. "El pueblo entero lo comenta: no está bien que una mujer empiece a tener ideas y a pensar", le increpa su padre en un momento de la película. La actitud de este personaje es mucho más activa que sus homólogas anteriores, sin embargo, la joven renuncia finalmente a sus sueños de viajar y cultivarse por tener su final feliz al lado del príncipe. De hecho, ella personifica el cliché de que una mujer, con su dulzura y su ternura, puede cambiar a un hombre agresivo y violento.

Lara Zapata Fiedler, en su ensayo Los estereotipos de mujeres en las películas de Disney, distingue una falta de superación personal en los personajes femeninos de la productora. Afirma que existe una “necesidad de que haya una figura masculina de por medio que incentive y complete esta superación. (…) Se sugiere que la realización de una mujer, llámese felicidad, está  directamente relacionada con la formación de una familia tipo, donde la mujer se casa, tiene hijos, vive para estos y no para su realización personal”.

Ese es el caso de Blancanieves, un estereotipo de la mujer ama de casa estadounidense de principios del siglo XX, encargada del cuidado de sus hijos (representados estos por los siete enanitos) y del hogar (el primer impulso que tiene la princesa al llegar a la morada de los siete varones es ponerse a limpiar).


Un divertido gag que ejemplifica la tendencia de las princesas Disney a enamorarse con una rapidez pasmosa

La joven también encarna el rol de fémina reprimida y sumisa, sin mayores inquietudes que “que un gentil galán, me entregue su amor, escuchar su voz en una dulce canción y oírle cantar su intensa pasión". Por otro lado, cabe resaltar que es la impresionante belleza de Blancanieves lo que motiva el interés del príncipe azul por ella. Parece que ni el caracter, ni la inteligencia (que, por cierto, brillan ambas por su ausencia) o cualquier rasgo de la personalidad, resultan atractivos a los ojos del galán o son cualidades necesarias para ganarse el amor del amado.

El paso del tiempo ha tenido sus efectos en el modelo de mujer por el que se decantaba Disney. Pocahontas fue una de las primeras en inaugurar la “revolución feminista” de la factoría de animación a la hora de presentar a sus personajes femeninos. Ella es una de las primeras que no impone el amor  a sus valores, que no renuncia a sus orígenes, familia o ubicación geográfica por seguir los pasos de aquel a quien ama.

Después de ella, personajes como Mulán, la princesa Mérida de Brave o Elsa, la protagonista de Frozen. Representaciones de mujeres fuertes, con personalidad y arrojo que luchan por sus convicciones y que no esperan que un príncipe azul las salve de su destino. Ellas se proporcionan su propio final feliz. Y si encima se enamoran de un hombre en el camino hacia esa meta, 2X1 en el happy ending.

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