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Falsa denuncia de violación: una mentira con un alto costo

Fucsia.co

Falsa denuncia de violación: una mentira con un alto costo Foto: thecitypaperbogota.com

CONTENIDO EDITORIAL. La aparente inexistente violación a una conductora del Sitp no sólo nos pone a pensar sobre las razones que llevaron a esta trabajadora a mentir, sino sobre las consecuencias que una falsa denuncia puede generar en casos reales.

Desde esta misma página hicimos eco de lo que en su momento, y bajo la verificación del Instituto de Medicina Legal, era cierto: una mujer, conductora de una bus del Sistema Integrado de Transporte Público (Sitp), había sido abusada y violada la noche del jueves 23 de julio. Lo condenamos como un hecho atroz, reprochable, inaudito, un hecho que ponía de nuevo a las mujeres en el centro de las más horribles vejaciones. (Lea también La sociedad que castiga a la mujer y justifica al violador)

Los detalles del caso fueron más que conocidos. El país se escandalizó y la sociedad en general se solidarizó con esta mujer que engrosaba la larga lista de quienes han sido víctimas de ataques sexuales. Una lista cuyos registros lidera Bogotá, la ciudad con más violencia sexual contra la mujer en Colombia, según un informe difundido en 2014 por el Instituto de Medicina Legal.

Pero este lunes, cuatro días después de la noticia, nos despertamos con un giro inexplicable y también profundamente doloroso en esta historia: la información suministrada por la señora era falsa y fue desmentida por las autoridades.

El propio general Rodolfo Palomino, director de la Policía Nacional, aseguró que "contrastando con lo encontrado en torno a los hechos denunciados, se pudo establecer en coordinación con la Fiscalía y la policía judicial que se trataría de una falsa denuncia. Ese hecho que a todos los colombianos nos conmovió nunca ocurrió, esa supuesta violación nunca sucedió. Y se habría tratado de una situación fingida, muy seguramente con unos propósitos personales".

La conclusión de la Policía nos lleva irremediablemente a varias reflexiones y a muchos interrogantes. ¿Por qué alguien mentiría sobre un hecho así? ¿Qué lleva a una mujer a mentir sobre un delito tan grave? ¿Qué consecuencias puede traer para las mujeres que de verdad sufren una violación? ¿Cómo se afecta el aparato judicial movilizado con este hecho? ¿Cómo controlar el pánico que suscitó entre muchas mujeres? ¿Cómo afecta esto la estigmatización que de por sí ya cargan los hombres como los mayores abusadores de mujeres? ¿Qué papel jugamos los medios?

Nuestro equipo editorial siempre ha tenido claro que una de nuestras banderas es la defensa y promoción de los derechos de la mujer. Nuestra nota abogaba más allá del hecho, a los comentarios alrededor de él que cuestionaban por qué la mujer estaba trabajando tan tarde. Es decir, cuestionaban a la víctima y no el por qué los que habían cometido la supuesta violación lo habían hecho. Un círculo de machismo que nos convierte, como bien decía el título, en una sociedad que castiga a la mujer violada y justifica al violador.

Pero a la luz de lo que hoy se conoce, es más que pertinente decir que rechazamos con una voz igual de fuerte las falsas acusaciones que irremediablemente podrían afectar futuras denuncias reales. Hemos conocido casos en los que las víctimas narran el engorroso, trágico y en ocasiones revictimizante proceso de denuncia de violación. Hemos visto cómo los estándares para la atención de víctimas de violencia sexual, aunque han ido mejorando y ajustándose a un trato más humano, a veces terminan en un segundo ataque, en una "segunda violación", como lo han expresado algunas víctimas.

Una falsa denuncia podría ser el camino para que eso no se modifique, para que no se tomen en serio las acusaciones, y también hay que decirlo, para que se condene a gente inocente, para que se sigan consolidando estereotipos sobre los victimarios. El fin de semana vimos cómo las fotografías de los supuestos abusadores rodaban en las redes sociales, algunas con comentarios enardecidos de una sociedad que clamaba lo peor para estas personas. Y miren con lo que hoy nos encontramos. Personas que, por lo menos con este caso, nada tenían que ver.

Eso, por no hablar del pánico de muchas mujeres que nos movilizamos en el transporte público y que se exacerbó desde ese viernes. 

Sin embargo, y al margen de los últimos detalles, el caso sigue siendo complejo y dejando más interrogantes que certezas. ¿Cómo es que Medicina Legal certificó la violación y ahora no existe? ¿Quiénes eran los hombres tan detalladamente descritos por ella y que fueron capturados? ¿Debemos siempre pensar que hay un lado oscuro en cada historia que sale en los medios? En las redes sociales por ejemplo, varias personas se preguntan si debería creerse la versión oficial. En una sociedad que poco cree en sus instituciones, y menos en la justicia, tiene toda cabida este tipo de dudas.

Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional, indicaba en su Twitter: "Espero de corazón que la conductora de SITP realmente haya mentido y no que se esté retractando por amenazas". Jineth Bedoya, víctima de violencia sexual y una abanderada en la lucha contra este delito, se declaraba "sin palabras" frente a un tema que sin duda también pone en peligro las campañas, proyectos y movilizaciones en favor de víctimas reales.

No juzgamos las razones que esta señora haya tenido para hacer esto. Si fue por un beneficio personal o no, tendrá consecuencias penales y civiles que en su momento afrontará, pero sí abrimos el debate sobre las consecuencias morales y éticas que deja la mentira y cómo abordaremos como sociedad y ciudadanos nuevos casos que puedan presentarse.

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