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La primavera árabe, una decepción para las musulmanas

EFE

La primavera árabe, una decepción para las musulmanas Mujeres árabes durante protestas a favor de la democracia

La búsqueda por la democracia en estos países promete una revolución a favor de los hombres, pero deja por fuera a la mitad de la población, dicen líderes árabes. 'La religión no puede ir en contra de los derechos humanos', argumentan.

Las consecuencias de las revoluciones árabes para las mujeres han sido, en muchos casos, "decepcionantes", pese a haber luchado en las calles codo a codo con los hombres en busca de justicia y democracia, según Lakshmi Puri, vicedirectora ejecutiva de ONU Mujeres.

En una entrevista en Rabat, donde ha participado en el Congreso mundial de Ciudades y Gobiernos locales, Puri lamenta que se haya dado a las mujeres la idea de que la prioridad en el mundo árabe, una vez triunfante la revolución, es "traer la democracia por y para los hombres, dejando fuera a la mitad de la sociedad".

Por eso, la comunidad internacional y los donantes deben seguir apoyando y financiado una agenda en favor de los derechos de las mujeres árabes, para no permitir que precisamente sean relegadas a un segundo plano y se les haga regresar al espacio doméstico.

"La mujer debe tener un rol productivo y no solo reproductivo. Es cierto que en muchas culturas es el núcleo de la vida familiar, pero nosotras estamos promoviendo que tenga más poder y capacidad de decisión en tres esferas: en su casa, en la empresa privada y en la política pública", sostiene la responsable india.

En ese sentido, se muestra radicalmente contraria al "relativismo cultural" que se invoca desde algunos países musulmanes para justificar prácticas como la poligamia o el matrimonio de niñas menores, con el argumento de que así lo consagra la tradición o la religión.

"Ninguna religión puede permitir ni permite las violaciones de derechos humanos; es sólo la interpretación que hacen los hombres la que lleva a estos abusos", asevera.

"Todos los gobiernos deben comprometerse para acabar con tales prácticas que son dañinas para las niñas y las mujeres", dice Puri, quien plantea ese combate con tres ejes: criminalizarlas en constituciones y reglamentos, aplicar las nuevas leyes y concienciar a la población.

Ambos prácticas tienen que ver "con la pobreza y la ignorancia", según ella, por lo que es importante ofrecer alternativas positivas en su lugar, como trabajo o educación a las que se "salven" de esas prácticas.

ONU Mujeres tiene muy claro a quién quiere apoyar en esta lucha por los derechos de las mujeres árabes: a las organizaciones civiles feministas (aunque Puri no utilice esa palabra) que trabajan sobre el terreno en pro de los derechos de la mujer y para acabar con toda clase de violencia machista y discriminación de género.

En paralelo, es partidaria de reforzar la cooperación con actores institucionales para hacer respetar la ley cuando ésta es favorable a las mujeres, y pone como ejemplo las "caravanas de concienciación" que el Ministerio de Justicia marroquí (en colaboración con la ONU) lleva a cabo en zonas rurales para tratar de frenar el matrimonio de menores o, en el caso de que exista, darle al menos estatus legal.

Y es que uno de los problemas básicos que existen en las zonas rurales árabes es la "inexistencia documental" de las mujeres, que no se inscriben en los registros civiles y en consecuencia no pueden reclamar derechos ni tampoco declarar a sus propios hijos, por lo que es uno de los combates en los que está implicada ONU Mujeres.

Puri se muestra firmemente partidaria de la política de cuotas femeninas en las instituciones. "Son medidas temporales, que consideramos necesarias para corregir desigualdades históricas y lograr una igualdad sustantiva", explica.

En este sentido, alaba los pasos dados en Marruecos, donde hay un 17 % de parlamentarias mujeres gracias a la política de cuotas impuesta a los partidos, y ahora el Gobierno estudia introducir en el nuevo código electoral una cuota en las instituciones locales que lleve el porcentaje de mujeres hasta un 30 %.

También destaca los esfuerzos marroquíes en pro de la igualdad de la mujer, particularmente con la Constitución de 2011, pero recordó que, para ser efectivos, deben traducirse en leyes, que además deben aplicarse para no quedar en papel mojado.

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