COMENTARIOS

El latin lover, ¿verdad o mito?

Fucsia.co

El latin lover, ¿verdad o mito? Foto: allwalls.net

El cine ha mantenido la leyenda del amante latino a través de figuras como el actor italiano Rodolfo Valentino en los años 20, o el mexicano Antony Quinn en los 50, mientras las encuestas de desempeño sexual los dan como los mejores. Pero, ¿qué dicen ellas?

El arma propagandística hollywoodiense se ha encargado de potenciar diferentes estereotipos que se han hecho populares con el paso de los años –y de las películas-. Entre ellos, el del amante latino.  Como bien expone el español Jordi Luengo López, en su artículo Ídolos populares de latina masculinidad fue Hollywood el germen del que surgió el mito del latin lover, a partir de un “imaginario colectivo en el que existía la convicción de que cualquier persona oriunda de la denominada ‘raza latina’ tendía a dejarse llevar por la flema de su carácter aventurero y era ardiente en su manera de amar”.  

La Real Academia Española no contempla, en su dudosa regulación lingüística, la concepción de latin lover. Sin embargo, hay diferentes personajes que enaltecieron este mito de macho alfa, consolidando el concepto una realidad ligada al origen racial de la persona. Todo ello, a pesar de la falta de concepción terminológica que mantiene la RAE al respecto.

En los años 20, el actor italiano Rodolfo Valentino y el cantante argentino Carlos Gardel fueron los máximos exponentes de que suponía ser un amante latino. Más adelante, en la década de los 40, sucedió lo propio con Porfirio Rubirosa, un diplomático dominicano y reconocido playboy famoso por sus múltiples relaciones amorosas y matrimonios con atractivas mujeres de la alta sociedad y que, años más tarde, inspiraría el personaje de James Bond. Ya en la década de los 50, la ejemplificación más indiscutible se plasmó en el actor mejicano de sonrisa penetrante Anthony Quin. La fama de conquistador de estos hombres les precedió mucho después de su muerte, mitificando aún más la idea de que este modelo de masculinidad, ligado a la promiscuidad, a la vigorosidad y la pasión desenfrenada, es el ejemplo de amante por excelencia.


Porfirio Rubirosa

Ya puestos en pleno siglo XXI, el mito que rodea al amante latino ha ido ganando fuerza  en el inconsciente femenino de la mano de diferentes artistas contemporáneos, como los españoles Antonio Banderas y Julio Iglesias, el cubano Andy García y el cantante Marc Anthony, estadounidense de nacimiento pero de origen portorriqueño.

Las características propias de la figura del latin lover fueron impulsadas por la labor propagandística bien definida de Hollywood, siempre en términos notoriamente positivos. “La imaginería desprendida del cinematógrafo, había difundido la estampa visual del hombre latino como la auténtica clave para hacer de la vida un placer”, recoge Luengo en su artículo. O lo que es lo mismo, bajo la promesa que este macho alfa es la máxima expresión de una pareja sexual satisfactoria.

La sexualización de lo latino ya no entiende de género. Mujeres como Salma Hayek, Jennifer López, Penélope Cruz o Sofía Vergara encarnan las cualidades de lo que la meca del cine y los medios de comunicación (especialmente estadounidenses) se han esforzado en calificar como latin lover femenina. Por su puesto, consigándo a este modelo de feminidad sus propios estereotipos: morena y racial, voluptuosa, fogosa y extremadamente sexual.

¿Pero existe en realidad el latin lover, en cualquiera de sus versiones? Si atendemos a valores reduccionistas centrados en el cliché de que el amante latino es un depredador sexual (hombre o mujer) en términos de frecuencia y duración, sí. Basamos la hipotética respuesta en el último estudio de la marca de preservativos Durex sobre bienestar sexual por continentes. Las investigaciones, realizadas sobre 29.000 adultos de 35 países, revelaron que el 85% de los latinoamericanos tienen relaciones sexuales semanalmente, con una duración de los encuentros de más de 23 minutos, casi cinco minutos más que la media mundial establecida.

Sin embargo, estos estudios contrastan con la forma en la que Hollywood, en sintonía con los medios de comunicación, representa a los latinos. A través de sus plataformas de influencia (cine y televisión),se potencia la consolidación de una visión reduccionista de las personas denominadas ‘latinas’, donde tienen cabida desde sudamericanos, hasta centroamericanos, italianos o españoles.

"Los latinos tenemos historias que contar. Es importante hacerlo, porque eso nos hace visibles. Y no solo como la sirvienta o el traficante de drogas. Somos padres, maestros, médicos, dueños de negocios y personas decentes y trabajadoras. Vernos reflejados en la pantalla ayuda a los jóvenes hispanos a tener autoestima y a valorar de dónde vienen. Eso aún no está sucediendo...", declaró a la revista Vanidades el actor Jimmy Smits, de ascendencia portorriqueña.

Según Carmen Arranz, una española de 26 años afincada en Madrid, que sale desde hace seis años con un hombre ecuatoriano, el mito del latin lover hollywoodiense no es tal, ni comulga con la realidad. “A mí lo que realmente me enamoró de mi supuesto ‘amante latino’ fue el darme cuenta de que en el fondo no era ese prototipo que se vende de hombre latino. Mi novio es una persona humilde que no vive preocupado por su aspecto físico y con ese ego innato de intentar gustarle a todas las chicas que se cruzan por la calle. Tiene esa chispa de los latinos, dicharachero, alegre, y, obviamente, su forma de ser difiere de los españoles. En cada lugar hay unas costumbres y eso influye en la forma de ser”, indica.

De la misma opinión es María José Barajas, una abogada madrileña de 25 años. “La verdad es que mi novio tampoco encaja en el estereotipo que se ha creado en torno al latin lover. Es un peruano de 28 años, super cariñoso y bastante tímido. Le cuesta abrirse a los demás, pero cuando lo hace, es un amigo fiel (en mi caso, pareja) que nunca te defraudará, ni traicionará. Llevamos juntos dos años, y siempre está pendiente de que la relación se mantenga igual que al principio. Es cierto que es romántico a más no poder, y siempre me trata como una princesa. Me da todo lo que busco en un hombre, pero eso no tiene que ver con una cuestión racial o de nacionalidad, bien podría ser peruano que alemán”.

También le puede interesar

COMENTARIOS

Este es un espacio de participación de los usuarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los internautas y no reflejan la opinión de Publicaciones Semana. Nos reservamos el derecho de eliminar discrecionalmente aquellos que se consideren no pertinentes.
Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.