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En el corazón de Natura Los agricultores oficiaron de guías del grupo de periodistas, que viajó de Colombia y del resto de países de Latinoamérica donde opera la marca, a vivir esta inolvidable experiencia.

La empresa brasileña líder en cosmética, cuidado corporal y perfumería invitó a FUCSIA a conocer sus tesoros más preciados en São Paulo, Belém de Pará y la selva amazónica.

Cuando se oyen palabras como açaí, murumurú, cupuaçú, andiroba, pitanga o burití, cualquiera queda en el mismísimo limbo. Podría pensarse que se trata de vocablos de una lengua muerta o extraterrestre, o tal vez del nombre del alguna tribu o de una secta. Pero no. Son, como las llaman las directivas de Natura, “regalos de la naturaleza”. Frutos, flores, hojas, almendras, semillas y raíces que se dan en lo más profundo de la inmensa selva amazónica brasileña, de donde se extraen los activos esenciales para la amplia gama de productos de la marca, pero más que todo, para su línea Ekos, lanzada hace doce años como un modelo pionero de negocio sostenible. Un equipo de investigadores fue a la naturaleza a buscar esas esencia en la biodiversidad de ese rico país y después de años de investigación aprendió la manera de unir el uso tradicional con el conocimiento científico, para transformarlos en productos que ofrecen sensaciones totalmente desconocidas, pero que respetan el medio ambiente. Así, esos nombres que pocas personas del planeta habían oído mencionar, se convierten en los ingredientes fundamentales de champús, acondicionadores, jabones, aceites corporales, perfumes y muchos más productos que, además de ser ricos en beneficios, ofrecen la más alta tecnología.

Sus olores, colores y sabores reconectan a quien los usa con la naturaleza. Trae evocaciones de la exuberancia de la selva y la generosidad de la naturaleza. Para vivir esas sensaciones, basta con buscar alguna de las 1’400.000 consultoras que tiene la marca en Brasil, Argentina, Chile, Perú, México, Francia y Colombia. O en alguna de sus pocas tiendas, pues su modelo de negocios está basado en la distribución directa y venta por catálogo a través de esas consultoras. La más grande de ellas está en la vía Oscar Freire, de São Paulo, el mismo lugar donde en 1969 Luiz da Cunha Seabra, de solo 27 años, comenzó a vivir su sueño y, alejado del camino al que lo destinaban sus estudios de Economía, se convirtió en creador de productos de belleza. Para ese momento su única riqueza eran unas cuantas fórmulas cosméticas, una pasión sin límites por la belleza, las relaciones con otras personas que son el pilar de toda su actividad. De esta manera estableció un trato cotidiano, personalizado e íntimo con sus clientes. Los escucha, les ofrece toda su atención, les habla… Aun hoy, día a día, ve la importancia que tiene el diálogo en su manera de encarar la belleza. De ese pequeño espacio en la capital de Brasil, Luiz y sus compañeros de aventura, Guilherme Peirão Leal y Pedro Luiz Barreiros Pasos, pueden hablar de un emporio que emplea a siete mil personas (sin contar las consultoras), sino que lucha por un planeta mejor.

Magia natural
Después de un vuelo de cinco horas a São Paulo, otro de cuatro a Belém de Pará y un viaje de tres horas por el río Mojú hasta el corazón de la selva, se llega a lo que bien podría llamarse “la flor” de Natura. Con solo llegar a este majestuoso lugar, la comunidad indígena jauarí recibe a los visitantes con cantos de bienvenida en su dialecto, que sirven de saludo a cada uno de los países de origen de los periodistas allí presentes. Una serenata que eriza la piel del más insensible. Para comenzar el recorrido por los sembrados, hay que preparase con botas pantaneras, sombrero, bloqueado solar y mucho repelente de insectos. Los integrantes de la comunidad están organizados de tal manera, que cada quien sabe cuáles son sus responsabilidades. Lucen felices porque tienen un trabajo constante que les permite unas mejores condiciones de vida (sin lujos, porque no les interesan), y lo más sorprendente, a partir de frutos como el murumurú, que no solo no servía para el consumo humano, sino que sus enormes tunas los obligaban a cortar el árbol para evitar herirse. Natura encontró en este fruto una gran cantidad de bondades para sus productos, una manera de proteger una especie, y ellos, una fuente de ingresos, bajo la premisa del respeto a la naturaleza. En el modelo de negocios implementado con las 32 comunidades, siempre asociadas, que interactúan con la marca, todos ganan. El precio justo y la remuneración por el uso del patrimonio genético y del conocimiento tradicional son la base de la relación de Natura con las colectividades responsables de proveer los insumos provenientes de la sociodiversidad usados en los productos. En la década del 2000, la empresa fue pionera en el establecimiento de cadenas de proveedores de derivados vegetales y en aplicar los preceptos de la Convención sobre la Diversidad, de las Naciones Unidas. De ese aprendizaje surgió en el 2009 “la Política Natura de uso sostenible de la biodiversidad y del conocimiento tradicional asociado”, que contiene una serie de principios para la realización del reparto de beneficio, cuyo objetivo es promover la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad. Un gana-gana con el que a todos se les ve felices. A Natura, porque su productos toman más vuelo día a día, y a las comunidades, que se sienten respetadas en ellas y en su entorno. Por algo el lema de Natura es: “Bien estar bien”.

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