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Cuándo es mejor ser una fiera

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Cuándo es mejor ser una fiera Thinkstock

No permitas que te pisoteen tus jefes ni que te intimiden tus colegas de trabajo. ¡Páralos en seco!... aplica las reglas de la mujer inteligente que sabe mantenerse en sus trece.

Michelle es una representante de ventas de 25 años, se quedó estupefacta cuando le dijeron que una colega de oficina estaba esparciendo el rumor de que a ella la habían despedido de su trabajo anterior. “!Es que aquello estaba tan lejos de ser cierto!”, dice. Sin embargo, dudó en enfrentarse a la difamadora cara a cara. “En situaciones de este tipo, por lo regular me quedo callada y espero a que todo pase, pero en este caso, temía que el chisme llegara a mi nuevo jefe y pusiera en peligro mi trabajo”. Después de varias noches de insomnio, decidió enfrentarse a la chismosa. “Me le puse delante y le pregunté a quemarropa porqué estaba regando mentiras de mí. Ella quiso hacerse la que no sabía de lo que yo estaba hablando y cortó la conversación rápidamente... y, que yo sepa, desde entonces no ha vuelto a decir ni una palabra sobre mí.”

Como lo aprendió Michelle, una pequeña dosis de ‘ferocidad’ puede llegar lejos, especialmente si se sabe escoger el momento y las palabras. “A veces no da resultado ser benévola o esperar a que las cosas se apacigüen”, dice Lilian Glass, autora del libro ‘Guía del idiota para la autodefensa verbal’. Si algo verdaderamente importante se está poniendo en juego, tienes que adoptar una actitud firme. ¿Y cómo saber cuándo adoptar esa actitud y cuándo hay que tener cuidado?

Aquí, dos situaciones durante las cuales, no solo es apropiado, sino mejor, desplegar la bandera de fiera.

Situación N° 1
El energúmeno del bar no deja de importunarte a pesar de tu frialdad

“Hacía 15 minutos que había llegado al bar cuando este gorila se me plantó al lado y trató de abordarme”, comenta Elena, economista de 29 años. “Le dije que tenía novio y que él no me interesaba para nada, pero no me dejaba tranquila... es más, cuando vine a darme cuenta había halado una silla y estaba tratando de ofrecerme un trago”.

Lo mismo si un tipejo te empieza a seguir por la calle, que si un maníaco sexual se te pega en un club, tienes todo el derecho del mundo a decirle que no te interesa su compañía sin darle más explicaciones. Jan Ferris, sicoanalista especializado en entrenar a la mujeres para ser más decididas, sugiere esta táctica para quitártelos de encima: míralo a los ojos directamente, con una expresión facial seria, y dile que no te interesa, pronunciando bien despacio tus palabras para que hagan mayor efecto. O sencillamente retírate y pregunta por el administrador o el encargado del lugar y lo más probable es que ya se haya marchado cuando regreses a tu asiento.

Ojo, que no te salga el tiro por la culata. No digas nada que ponga en entredicho su masculinidad, no tanto por protegerle su frágil ego, como por protegerte a ti misma. No te hace falta que un psicópata te persiga. Aunque no se un homicida, insultarlo es una invitación a que regrese en forma más ruda; y lo que tú quieres es cortar la conversación, no empezar una guerra de insultos.

Situación N° 2
Un colega está esparciendo rumores sobre ti

A Angela, una financista de 26 años, le ocurrió lo mismo que a Michelle, cuando se vio banco de una campaña de difamación de una colega... “Le dijo a todo el mundo que yo tenía una aventura con mi ex jefe. Y me hizo lucir como una trepadora implacable que no se para ante nada con tal de subir”.

Angela se indignó, pero la motivación de su colega tenía sentido, porque parte del trabajo de Angela era hacerse cargo de algunas tareas de la chismosa. “El que dice cosas negativas o falsas de alguien, por lo general, se siente amenazado por el talento o por la posición de esa persona”, dice Glass. Pero tienes que detener el sabotaje lo más pronto posible para salvar tu carrera. Aunque tu primer impulso sea interrumpir en su oficina y confrontarla, no lo hagas. “Si la acusas, lo único que conseguirás será avivar el fuego”, explica el experto. “Se sentirá acosada y hará cualquier cosa para defenderse”.

La mejor táctica es apelar a tu necesidad de poder y de llamar la atención. Dile, por ejemplo, “sé que no puede ser cierto, pero me han dicho que tú estás diciendo cosas terribles de mí. Espero que puedas llegar a la raíz de esos rumores”. Buscando su apoyo, estarás dándole a esa habladora la sensación de poder que tanto anhela.
                                                              

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