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El 'break' ¿Cómo "pegar" una relación rota? (Foto: Thinkstock)

¿Cómo le pide uno vacaciones a esa persona con la cual se supone que uno quiere pasar el resto de sus días? Esa pausa o descansito en la relación para revaluar, pensar y decidir si a esa relación resquebrajada aún se le pueden pegar los pedazos con crazy glue o si, por el contrario, se debe romper del todo.

Hace un tiempo, un viernes de desparche salimos varias amigas y yo en plan de ladies night, 99 por ciento éramos solteras, excepto una, que estaba en un estado civil algo indefinido: estaba en break con su hombre al que a veces se refería como “mi novio”, y a ratos como “mi ex”.

Esa noche, mi amiga 50 por ciento soltera y 50 por ciento comprometida, estaba algo ligera de ropas, razón por la cual tal vez los hombres la confundieron con un pedazo de bistec, al que todos querían echarle muela. Ella se divertía coqueteando con todos, y cuando traté de actuar como Pepito Grillo, ya que la voz de su conciencia seguramente la había perdido al tercer apple martini, me dijo “Fresca que estoy en break, pero no estoy capada”.

Cuando uno está mamado del cubículo, de los graznidos y la mierda del jefe y la comida de cafetería: uno pide vacaciones en el trabajo. Pero cuando uno está cansado de la intensidad de su pareja, del disco rayado con las mismas peleas y se da cuenta de que el calentamiento global no es por huecos en la capa de ozono, sino por el genio de su pareja.

¿Cómo le pide uno vacaciones a esa persona con la cual se supone que uno quiere pasar el resto de sus días? Pues, de los mismos creadores del break–up (rompimiento), llegó el break, esa pausa o descansito en la relación para revaluar, pensar y decidir si a esa relación resquebrajada aún se le pueden pegar los pedazos con crazy glue o si, por el contrario, se debe romper del todo.

A veces, cuando uno está de cacería en los centros comerciales buscando una ‘pinta matadora’ para algún evento especial, uno ve algo en una vitrina que le gusta, pero no lo mata, se lo prueba, le queda bien a uno, pero no convence. Y al salir del almacén le dice uno al vendedor, “¿me la guarda hasta las siete p.m. por favor?”, y en simultánea se dice uno para sus adentros “si no consigo algo mejor regreso por ese vestido”. Esta es la filosofía de los partidarios del break, les gusta lo que tienen, pero quieren saber si hay mejores cosas en las otras vitrinas.

La gente decide tomar un break por muchas razones. Uno de los indicadores clave es cuando su relación le esta produciendo más dolor que placer (a menos que usted sea masoquista y el dolor sea equivalente al placer). Otro indicador es cuando empieza a pensar que está sufriendo de déjà vu todos los días, pero en realidad está viviendo la misma discusión sin principio ni final en loop. Mucha gente decide tomar un break o porque las cosas van muy rápido (llevan dos semanas y ya alguno quiere que se muden juntos) o porque va muy lento, carece de acción y emoción; en otras palabras, sucede más en un capítulo de los Teletubbies que en esa relación.

Las mamás decían que “el tiempo cura todas las heridas”, y uno se tragó el cuento de que el tiempo lo curaba todo desde una gripa, un mal corte de pelo hasta tendencias comunistas. Pero, aunque el tiempo sí ayuda, no hace milagros. Los problemas con la pareja son como los platos sucios, uno quisiera que desaparecieran y se limpiaran solos, pero cuando uno regresa todavía estarán ahí esperando por uno. El tiempo tiene propiedades curativas sólo cuando se combina con diálogo, paciencia y disposición.

Y así como cuando uno se va de vacaciones implica resolver ciertas cosas, como quién le va cuidar el perro, quién le va a pagar los servicios, etc., antes de irse de break debe aclarar ciertas variables con su pareja. Primero, ¿cuánto tiempo va a durar el break, una semana, un mes? Si en la oficina le dan por reglamento 15 días hábiles al año de vacaciones, ¿cuánto le debe dar a su pareja? Eso sí, no sea conchudo con el tiempo, ni trate a su pareja como conmutador de línea 1800, es decir, no lo deje mucho tiempo esperando en la línea sin contestarle, porque lo más seguro es que le cuelguen el teléfono y no la vuelvan a llamar. Segundo, debe quedar claro si se va tener contacto o no de algún tipo durante ese periodo (por vía telefónica, e–mail, presencial o con palomas mensajeras). Y por último, se debe dejar ¡clarísimo!, si durante ese periodo se mantendrá un contrato de exclusividad con la pareja o de inclusividad, con el que se puede salir y conocer a otras personas.

Infortunadamente, nuestra cultura no ha podido aprender que un break no es lo mismo que un rompimiento, ni que tampoco es el acabose emocional al que los amigos deben mandar sufragios. Por el contrario, es un periodo sano y necesario para reinventar una relación, para tomar una perspectiva de la situación. Lo importante es regresar con el liquid paper en la mano para hacer correcciones de todos los errores que rajaron la relación. Y cuando termine el break, celebre, sin importar el resultado.

Celebre si va a seguir su historia con esa persona para bien de los dos, y celebre también si cerró ese capítulo para bien suyo. Recuerde, no hay break que por bien no venga.

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