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El estrés es señal de que nuestro cerebro funciona

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El estrés es señal de que nuestro cerebro funciona Thinkstock

Si estás preocupada por el estrés que te genera un trabajo o una situación particular, no hay qué temer, la reacción natural de tu cuerpo te sacará de cualquier aprieto.

Durante las últimas décadas la teoría de la “gestión del estrés” ha logrado un enorme poder y prestigio. El manejo del estrés se basa en la idea de que la aceleración excesiva, sea psicológica o física, es perjudicial para la salud, y que la respuesta de lucha o huida que se produce de manera automática ante tal sensación, puede llegar a matarnos. Por lo tanto, el manejo del estrés propone impedir llegar a estados excesivos de excitación, ansiedad, angustia, temor o enojo.   
 
La teoría del estrés comenzó a gestarse desde mediados de los años treinta cuando el médico Hans Seyle empezó a publicar sus hallazgos acerca del comportamiento de cientos de ratones frente a condiciones estresantes. Seyle agrupo toda una serie de síntomas psicofisiológicos que no corresponden directamente con los de una enfermedad o condición médica específica, sino que son una reacción corporal a una situación tensa; estos síntomas son producto del estrés.

Desde la publicación de los hallazgos de Selye acerca del Síndrome de Adaptación General o estrés, esta teoría ha influido de tal manera en el entendimiento del comportamiento humano que da explicación a un sinnúmero de síntomas que no tienen origen fisiológico, como la caída del cabello, aparición de caspa, aumento o disminución del apetito e irritabilidad, entre muchos otros, se atribuyen actualmente al estrés. Ejercicios de relajación, masajes y sedantes de todo tipo han sido utilizados para paliar los efectos del estrés, como una medida infalible para mejorar la calidad de vida.

Una teoría alternativa

Sin embargo, de acuerdo con la psicóloga inglesa Patmore, el término estrés se ha aplicado sin excesivo rigor a cualquier tipo de sufrimiento o dificultad emocional. “La excitación y las emociones se han convertido en síndromes, y una industria [médica] con más miembros que nuestras fuerzas armada,s nos alimentan gota a gota con medicamentos y tonterías alarmistas como la ‘consciencia de la tensión’ sobre nuestros cuerpos y cerebro, cuyo efecto nos advierte ‘debes calmarte o te mueres”, dijo Patmore para medios de comunicación, “la industria tiene poco respeto por las emociones humanas, la consciencia humana o el cerebro humano”, agregó.

De acuerdo con Patmore, el estrés, lejos de ir en detrimento de la salud, puede ser muy beneficioso en tanto que puede convertirse en un motor para mejorar el desempeño de cualquier actividad que la persona quiera realizar.

Una observación sencilla que llevó a Patmore a pensar que el estrés es bueno para la salud, fue el arte como activador emocional. Bien sea una película, una melodía o una pintura, las obras maestras son realizadas por genios que buscan y logran alterar de alguna manera el estado emocional de las personas. “La música clásica, en particular, ha sido compuesta por genios durante cientos de años para invocar el clímax cerebral. Sus anotaciones son una fórmula compleja, exquisitamente elaborada, con un clímax cerebral tras otro que los oyentes pueden escuchar y sentir”.

Otra observación pertinente se produjeron durante sus entrevistas a deportistas de alto rendimiento, quienes admitieron que, durante una competencia, los altos niveles de estrés o ansiedad los llevan a tener una ejecución más avanzada, a exigirse más a sí mismos.

Si el estrés es tan malo como se ha planteado durante las últimas décadas, cómo podría explicarse el fenómeno de las personas asistiendo masivamente a ver películas de terror o a otro tipo de escenarios y experiencias que naturalmente causan estrés.

El estrés como incentivador
El fenómeno de emergencia es conocido como el proceso en el cual un conjunto de propiedades A genera imprevisiblemente otro conjunto de propiedades B. la peculiaridad del fenómeno está en que el conjunto B depende del conjunto A, sin embargo, no puede ser explicado por éste. Según Patomore, en el cuerpo ocurre la misma reacción ante situaciones de tensión, se presenta un aparente caos y se tiene la sensación de no saber qué hacer, pero eventualmente el cuerpo encuentra una manera natural de resolverlo organizándose de una manera natural.

Cuando nos sentimos amenazados, el corazón se acelera y aumenta la presión arterial. El suministro de sangre al sistema digestivo y las extremidades se desvía hacia los músculos grandes, para luchar o huir, y al cerebro, que está a punto de aumentar su propio poder de usar oxígeno y glucosa. “En un momento de alta tensión, el cerebro completamente cargado, se somete a la fase de transición de todos los sistemas complejos y se ordena a sí mismo, como ocurre en el fenómeno de emergencia”, dijo la psicóloga. Para Patmore, tratar de evitar este tipo de reacción no es la mejor idea, porque constituiría la cohibición de una reacción vital para la supervivencia.

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