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Elimina los temores de tu vida

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Elimina los temores de tu vida Thinkstock

Los temores tanto al fracaso como al éxito, limitan nuestro desarrollo personal y son, en definitiva, dos caras de la misma moneda. Te contamos por qué.

Los temores, en mayor o menor medida, forman parte de la vida de cada uno de nosotros. Y nos paralizan, nos limitan. La mayoría creemos que nuestra inacción, eso que aunque queramos nos hace achicarnos ante la posibilidad de emprender un gran proyecto, se debe al miedo al fracaso. Acordemos que nadie quiere lidiar con la frustración que implica llevarse un chasco. Sin embargo, la paradoja es que, en muchos casos, lo que nos detiene es el miedo al éxito: no todos estamos preparados para triunfar.

Por eso, podríamos decir que el temor al éxito y al fracaso son dos facetas de la misma historia. Pero, ¿cómo se relacionan? Ambos se originan posiblemente en personas de baja autoestima, que han vivido infancias al cuidado de altos depresivos, que no valoraban los logros obtenidos o los menospreciaban.

Lo primero que podemos hacer para resolver estos temores es entender los motivos que desencadenan las conductas que no nos ayudan a crecer. Si sientes que no puedes concretar tus proyectos o que las cosas no terminan saliendo como soñabas, quizás debas explorar en tu interior qué está pasando: recorrer tu historia personal, tus creencias, los patrones de comportamiento heredados, y hasta cómo se encuentra tu autoestima en torno a ese proyecto pendiente.

¿Y si no puedo?
Suele ocurrir que personas muy eficientes, con estructuras rígidas respecto de lo que está bien y mal, son más propensas a padecer miedo al fracaso. En muchos casos, la autoexigencia provienen de una historia familiar ligada a las presiones (¿te sacaste un 9? ¡Podría haber sido un 10!), pero en otros es la propia persona con sus contextos la que va generando una gran presión sobre sí misma que, lejos de fijar altos estándares de excelencia, termina paralizando sus actos, porque nunca podrá cumplir con sus propias expectativas.

Este tipo de miedo consiste en tener una mirada tremendista ante cada proyecto, lo que implicará seguramente que lo abandonemos aún antes de empezarlo. Son habituales los sentimientos de culpa que suelen sumergir a la persona, nuevamente, en estados depresivos y vulnerables, sin recursos para aprender de los errores’, explica la sicóloga Ana Morales.

De esta manera, para evitar el fracaso, dejamos de actuar. Pero como dice un famoso proverbio chino, ‘el fracaso más grande es nunca haberlo intentado’. Equivocarnos en sí no es un problema: sólo nos indica que el camino que elegimos no es correcto, que necesitamos buscar otra opción en el sendero de la vida. El problema está en qué implica esa falla para cada uno y cómo nos calificamos a través de ella. No olvides que el fracaso es una oportunidad única para aprender y corregir, y un paso central para seguir adelante y encontrar el camino adecuado.

¿Y si puedo?
Aunque solemos asociar nuestras dificultades como emprendedores al miedo a fracasar, lo cierto es que es tan frecuente y tangible como su antagonista, el miedo al éxito. Es que suena ilógico que, si todos deseamos ser exitosos, algunos tengamos miedo a lograrlo. Pero pasa. Al igual que el temor al fracasar, el éxito causa miedo por el significado que le imprimimos cada uno de nosotros.

¿Qué factores nos impiden potenciar nuestras posibilidades de éxito por temor? Son variados los motivos que pueden desencadenar  este miedo. En algunos casos tiene que ver con dejar de ser niño y valerse por sí mismo, no desear competir con los progenitores, o bien el temor a perder lo que se consiguió, a lo nuevo.

El éxito nos da miedo cuando creemos que demuestra nuestro valor como personas, y tememos ‘no tener lo que hace falta’ y que esto quede expuesto. Porque triunfar nos daría tanto orgullo que no podríamos permitirnos perder este gran logro, y esto implicaría tener éxito en todos los aspectos de nuestra vida, no fallar nunca, ¡imposible! Estas creencias terminan agobiándonos. “Mejor me quedo como estoy”, nos decimos. Es el miedo que habla por nosotros.

¿Entonces? Dejamos de hacer muchas cosas que nos harían crecer y sentirnos mejor con quienes somos. ‘Por algo no lo logré hasta ahora’. ‘Quizás el éxito no es para mí’. ‘Dudo poder mantenerlo, si es que lo logro’. Olvidate de las excusas. Retomar la acción es la clave. Sólo con el movimiento vamos a generar el cambio que necesitamos para animarnos a más, sin miedo a lograrlo.

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