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Envidia... te salva o te condena

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Envidia... te salva o te condena Thinkstock

Cómo el monstruo verde de la envidia puede darte el impulso decisivo para ocupar tu lugar entre los vencedores.

“A veces siento tanta envidia de mis amigas, que las odio”, afirma Katia, de 27 años, contadora pública. “Hace un mes fui a una cena donde se celebraba el compromiso de una de ellas, y me llené la boca para decir que el 50% de los matrimonios termina en divorcio… ¡Que feo!, ¿verdad?... parece que me sentía frustrada por no haber podido lograr yo también una relación seria, me dejé arrastrar por la envidia... y me convertí en alguien muy distinto a la persona honesta y generosa que habitualmente soy”.

¿Te has visto retratada en Katia? ¿Has hecho una cosa parecida? Antes de que empieces a recriminarte, déjame decirte que todo el mundo ha experimentado esa mezquina emoción en algún momento. Jazmín, fisioterapeuta de 32 años, admite que estaba tan envidiosa de la atención que recibía una escritora prima suya, que se negó a leer la novela y brilló por su ausencia en la fiesta de lanzamiento. Cuando una amiga de Vera Iñiguez consiguió un sueldo impresionante como corredora de bolsa de valores... “Estaba tan verde de envidia, que le dije que lo único que le importaba era hacer dinero”, recuerda Vera, maestra de 29 años. Shirley, consultora de relaciones públicas, de 30 años, tiene una amiga que, con 1.73 cm., es la mujer alta y esbelta que Shirley, de 1.57 cm., daría cualquier cosa por ser. “Siempre que salgo con ella me siento enana”.

Estas 4 mujeres vivían consumidas por el resentimiento y la codicia –codicia por lo que otra tiene y resentimiento hacia esa persona por tenerlo-; y dejaron que su envidia sofocara lo mejor de ellas; pero ninguna de las 4 es mala.

“Todo el mundo experimenta envidia... es una emoción humana normal”, explica la sicóloga Ana Morales. “Alguien tiene algo que nosotras queremos... y nos volvemos codiciosas”.

Pero no todas las envidias tienen que generar sentimientos de autocompasión o de impotencia. “Cuando te das cuenta de que eres capaz de lograr lo que esa persona tiene, la envidia puede motivarte”, dice Morales. “La envidia puede ser una herramienta de destrucción o un gran don”. Aquí, cómo hacerle frente a esa tendencia y convertir lo feo en hermoso.

Cuando la envidia se convierte en maldad
“Una amiga mía y yo estábamos detrás de la misma promoción en el trabajo. Yo me daba por ganadora, porque tenía mejor expediente y llevaba más tiempo en la compañía que ella”, recuerda Lucy, corredora de bienes. “Pero, para mi horror, la elegida fue ella. Y yo me desquicié, estaba celosa de sus nuevas responsabilidades y de su flamante oficina. Creía que yo era la que merecía el ascenso”.

Poseída por la envidia, Lucy empezó a hacerle desaires a su amiga y a hablar horrores de ella con sus compañeros de trabajo. “Esa no era mi costumbre, pero no podía pensar con claridad”, dice.

Según al experta, es posible que Lucy haya hablado mal de su amiga, porque fuera un golpe muy duro para su autoestima, ver cómo le pasaba por encima el ascenso. Pero su reacción no la hizo sentirse mejor, sino que reforzó su sensación de insuficiencia. “En vez de usar tu energía negativamente, investiga la razón por la que tu amiga recibió el ascenso y luego trata de emular con ella”, recomienda Morales. “O si de veras crees que se cometió una injusticia contigo, dirige tu energía a buscar otro trabajo”.

Aprende con tu maldad
La envidia de Katia por el compromiso de su amiga la incitó a mencionar, con la peor de las intenciones, las crecientes estadísticas de divorcios. Hay que aplastar nuestra inclinación a expresar la envidia en forma negativa, y el primer paso es preguntarse qué cosa envidiamos. En el caso de Katia: “Cuando mi amiga anunció su compromiso, me hizo sentir solitaria e insegura”, admite ella.

La envidia de Jazmín por la publicación del libro de su prima, brotaba de sus propios sueños de convertirse en escritora... aunque ella no se lo admitiera a sí misma en aquella época. “No podía lidiar con los sentimientos que su triunfo agitó en mí”, recuerda.

Cuando descubres la razón de tu envidia por una persona, es mucho más fácil volver esa envidia a su favor y crecer con la experiencia. “La envidia puede ser una educadora excelente”, declara Ana Morales, “siempre que la persona esté dispuesta a aprender sus lecciones”.

Haz de la envidia una fuente de energía
Si crees que conseguir lo que envidias –casarte, hacer dinero- es prácticamente imposible, recuerda que las grandes metas se componen de mil pequeños pasos. Piensa en una o dos cosas de escasa importancia que podrías hacer todas las semanas para acercarte a tu gol principal, y hazlas. Tan pronto como Jazmín comprendió que estaba tratando a su prima tan desconsideradamente porque ella también quería ser escritora, se sintió motivada para entrar en acción. “Le pedí tips para escribir”, dice, “y luego me metí en un curso sobre la redacción de libretos en la universidad local”.

Después de abandonar la fiesta de compromiso de su amiga sintiéndose baja y ruin por su deplorable comentario, Katia se prometió a sí misma hacer algunos cambios en su vida social. Les dijo a sus amigos que quería que contaran con ella en el grupo. “Estaba asumiendo el control de mi situación, y eso me hacía sentir mejor que hundirme en la autocompasión y amargarme con la felicidad de mis amigas”, recuerda hoy.

Recupérate

Pero hay situaciones de envidia que no tienen salida. Es obvio que Shirley nunca va a medir 1.73 cm., pero su envidia encendió la chispa que la indujo a una especie de autoexploración. “Estar alrededor de esta amiga sacó a la superficie sentimientos que albergaba de niña, por ser siempre la más bajita de la clase”, dice ella. “Las inseguridades volvieron a emerger, desbordándose”. Un amigo le sugirió que pasara menos tiempo con la muchacha alta. “Dejé de verla con tanta frecuencia y me sentí mejor conmigo misma”. Muchas veces, aunque sea un poco patético, con solo evitar a la persona que queremos es suficiente.

Según Morales, si te sorprendes a ti misma deseando lo imposible constantemente, tu envidia probablemente simbolice otra cosa. Pregúntate que recuerdos te invoca esta emoción. “Le eché una mirada cuidadosa a mi pasado financiero, recordé que mi familia era pobre y todos luchábamos mucho”, dice Vera, la mujer que ‘crucificó’ a su amiga cuando le dieron el puesto tan bien remunerado. Entonces se dio cuenta de que su reacción al éxito de su amiga tenía raíces en un pasado de privaciones, y se le hizo mucho más fácil aceptar la vida que ella había elegido. “Acabé admitiéndome a mí misma que podría ser corredora de bolsa, no había nacido con los mimos ímpetus de mi amiga”, dice ella. “Mi vocación es enseñar, y aunque no pague mucho, soy buenísima en eso. Ahora puedo sentirme contenta por el éxito de mi amiga son desmerecer el mío”.

La envidia es tu amiga
La envidia puede ser deliciosa en vez de maliciosa, descubrió Laura, una enfermera de 28 años. “Mi mejor amiga y yo, las dos, teníamos 20 libras de sobrepeso”, recuerda. Pero un día la amiga de Laura empezó a ordenar ensaladas en vez de bistés y le dijo que se había hecho socia de un gimnasio. “Me explicó que estaba harta de ser gorda, y que había decidido hacer algo”.

Anteriormente, Laura se había sentido mal cuando otras amigas suyas habían perdido peso. Pero esta vez era diferente. “Ella no se vanagloriaba de su pérdida de peso... era honesta, reconocía el tremendo esfuerzo que le costaba y trataba de embullarme para que la imitara... y eso me inspiró”.

La envidia de Laura la ayudó a quitarse 15 libras de encima. “Si cuando le tienes envidia a alguien, puedes admitírtelo a ti misma, usa ese sentimiento para ponerte una meta”, concluye Morales. “A veces la envidia puede ser extremadamente positiva”.
                                                               

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