COMENTARIOS

La guerra de los propósitos

Odette Chahin

La guerra de los propósitos Foto: Thinkstock

¿Quién diablos fue el que se inventó los propósitos? ¿Cumplirá con invento? Es difícil emprender la lucha cuando el aliado y el enemigo habitan en uno mismo. ¿Y cuáles son los tuyos para este fin de año?

Llega el fin de año y con él mi chequeo anual de metas y logros; saco de mi billetera un papel algo arrugado con fecha de diciembre del año pasado y empiezo a repasar mi listica para ver si esas intenciones trascendieron el papel o hicieron un papelón. Mi primera meta (al igual que la de 99 por ciento de las mujeres) era perder peso, y la segunda, ahorrar dinero. Sin embargo, me miro al espejo y acto seguido, procedo a revisar mi cuenta de ahorros, sólo para confirmar que más fondos tiene mi hermanito en su alcancía que yo. Aún no sé en qué momento invertí mis metas, y terminé con una cintura bonificada llena de intereses y una billetera flaca.

Muchas personas, cada año, se proponen cambiar, evolucionar para convertirse en una versión mejorada de sí mismas, pero, ¿quién diablos se inventó los propósitos? ¿cumpliría su invento o nos dejó a nosotros embaucados en una misión imposible? Al parecer el culpable fue un tal Janus, el dios de los finales y los inicios de la mitología romana, que tenía una cabeza con dos caras, me pregunto si sería por lo hipócrita. El hecho es que desde entonces millones de personas se autoflagelan con propósitos que, muchas veces, en lugar de traernos felicidad nos traen un racimo de infortunios; por ejemplo, la que se propone empezar a hacer ejercicio, se enfrenta no sólo con el suplicio de ponerse mallas que resaltan sus fallas, los dolores musculares posclase de kick–boxing y las obscenamente caras mensualidades del gimnasio, sino también toparse con aquellas Barbies innatas que aunque sólo van a ejercitar sus bocas, tienen los cuerpos perfectos… no hay derecho.

El Top 5 de propósitos más populares son: 1) adelgazar, 2) hacer ejercicio, 3) dejar el vicio (llámese cigarrillo, porro, póker, alcohol, sexo o chocolates), 4) ahorrar, y 5) cambiar de trabajo. En enero la fiebre del cambio está en su nivel más alto; los gimnasios están más sobrepoblados que China, pero, ya para abril, la mayoría de atletas amateurs están en casa comiendo arroz chino en la cama buscando excusas para no ir al gimnasio. Es de humanos querer cambiar para progresar, pero también es de humanos querer cambiar sin mover un dedo. Yo debo confesar que tengo los mismos propósitos desde 1996, aún no sé si es que nunca me doy por vencida o soy un caso perdido.

Sin embargo, como experta en el fracaso de metas, he analizado cuáles son los errores más comunes y por qué nos caemos en el mismo hueco sin aprender a esquivarlo. Para empezar, uno de los errores más grandes que uno comete es fijarse metas imposibles. Por ejemplo, los que dicen que van a dejar de tomar trago a partir del 1 de enero… ¿cómo lo van a lograr si el brindis de Año Nuevo es a la medianoche?

Además, es muy importante entender que si uno tiene un momento de debilidad se deja abrazar por el diablo y recae, eso no va a desencadenar el Apocalipsis. Que ese tropezón no la detenga, porque puede que haya perdido una batalla, pero no la guerra; hay que seguir adelante.
Otro gran error que cometemos con los propósitos es que queremos abarcarlos todos, como yo, que quisiera aprender a bailar tap, hablar ruso y tocar la guitarra al mismo tiempo, y nunca logro nada. El truco está en concentrarse en una sola cosa y serle fiel sólo a ese propósito. Seguramente ni Beethoven ni Picasso habrían llegado tan lejos si se hubieran dispersado tomando clases de spinning, crochet y cocina mediterránea. Una cosa a la vez da mejores resultados que hacer mil al mismo tiempo.

Inicialmente, pensé que este año mi propósito sería no proponerme nada, pero ni eso lo he podido cumplir porque leí cómo podía incrementar mis probabilidades de éxito que espero seguir y que comparto con ustedes. 1) Vuelva sus propósitos personales públicos, así, si no los hace por usted, hágalo por presión social, y si es necesario consígase un patrocinador, como hacen los alcohólicos anónimos, que lo apoye en momentos críticos. 2) Escribalos en un lugar donde los pueda ver todos los días: en el espejo del baño, tatúeselo a su novio en la frente o haga un grafiti en su sala… Y piense que si Kirstie Alley logró salir en bikini con 100 libras menos  en el programa de Oprah, y Álvaro Uribe logró cambiar la legislación para su reelección, ¿por qué no voy yo a poder aprender a bailar tap?

También le puede interesar

COMENTARIOS

Este es un espacio de participación de los usuarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los internautas y no reflejan la opinión de Publicaciones Semana. Nos reservamos el derecho de eliminar discrecionalmente aquellos que se consideren no pertinentes.
Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.