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Las huellas del abuso

Revista Fucsia

Las huellas del abuso Foto: Stone

El abuso sexual por parte de su padre es la vergüenza más grande que una mujer puede enfrentar.

No hay nada que haga más amarga la vida de una mujer que haber sufrido abuso sexual por parte de su padre. En medio del llanto que las descompone cada vez que recuerdan este hecho ignominioso de su niñez y adolescencia, dos mujeres accedieron a reconocer ante nosotros su experiencia ya expresarla en estos términos: “Lo odio tanto, aun después de muerto, que lo único que le pido a Dios es que me quite ese sentimiento, que me ayude a perdonar y a olvidar”. 

La segunda, una mujer de clase alta, cuyo éxito en su vida personal y laboral le ha permitidosuperar en alguna medida su experiencia, afirma que “descansé el día que ese hombre murió; lo único que quería y pedía durante todos estos años era no volverlo a ver nunca en la vida”.

Pero no todas las mujeres que han experimentado la terrible situación del abuso sexual por parte de sus progenitores pueden reconocerlo. Más aun, una siquiatra consultada expresamente sobre el tema, quien pidió reserva sobre su nombre, dice: “El daño que hace una vejación de este tipo en la estructura de la personalidad y en la vida de una mujer es tal, que todas las relaciones posteriores que ella tenga están señaladas irremisiblemente por este lastre. 

Incluso, para un sicoterapeuta es difícil llegar a obtener una confesión de su paciente de que ha pasado por esa terrible circunstancia. Y restituir a una mujer su autoestima después de eso, es una tarea muy larga y a veces estéril. Lo único que las puede redimir es el amor y la comprensión de su pareja”.

Y es que una de las disyuntivas que plantea a las mujeres este tipo de abuso, es el asumirlo como un hecho real: “Muchas veces —afirma   consultada— la niña o la mujer dan tantos rodeos durante su testimonio que es muy difícil determinar en una primera instancia si realmente ocurrió el abuso sexual o no.

Pero hay que tener en cuenta que tanto si hubo caricias solamente, como si se consumó la relación sexual, hay abuso”. Los padres que abusan sexualmente de sus hijas son, por lo general, victimarios y víctimas a la vez. En su mayoría provienen de familias disfuncionales, pueden haber sufrido maltrato físico y sicológico de sus mayores, incluso pueden haber pasado por una experiencia similar en su niñez, y manifiestan sicopatías o comportamientos que denotan una absolutafalta de sentido de la responsabilidad moral frente a sus hijas.

Por supuesto, carecen de escrúpulos y desconocen los límites éticos de las relaciones personales y sexuales. Generalmente, abusan de sus hijas adolescentes, cuando las niñas inician su desarrollo y en su fisonomía aparecen los primeros rasgos físicos característicos de una mujer.

Aunque se tiende a pensar que este fenómeno ocurre sobre todo en las clases bajas, en las clases altas se vive con más frecuencia de lo que se cree. Lo que pasa es que en éstas, las convenciones y las apariencias sociales hacen que una afrenta como la que sufre la mujer abusada por su padre sea mantenida en secreto inclusive por su madre, quien es incapaz de aceptar que esto ha ocurrido en su propia casa y protege a su marido, en la mayoría de los casos por miedo a enfrentarlo y perder su compañía, su nivel de vida o su apoyo económico.

Por otra parte, si en las clases bajas el abuso sexual se ventila en las comisarías y juzgados de familia, en las altas el siquiatra es el único depositante de este vergonzoso secreto. De todas maneras, sobre llevar la vida cotidiana y, sobre todo, la vida sexual después de un vejamen de estas dimensiones, es tarea que puede llevarle a una mujer toda la vida, aunque nadie más que ella lo sepa.

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