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Nuestras mentiras favoritas

Nuestras mentiras favoritas Pantherstock

‘Me merezco esto’, ‘no hay nada que pueda hacer’, ‘esto nunca cambiará’, son algunas de las afirmaciones que decidimos creer con firme convencimiento. Pero no es cierto que esas aserciones sean ciertas por naturaleza, sino que decidimos mantenerlas, por comodidad, falta de visión, o simple testarudez.

Una mentira es una declaración realizada por alguien que sabe o sospecha que es falsa. En este caso se trata de afirmaciones que nosotros consideramos verdaderas, pero que a la luz de los hechos son falsas. Las mentiras que nos decimos a nosotros mismos son una manera de suavizar las responsabilidades o las consecuencias de los actos. Esta reacción puede paliar sensaciones negativas a corto plazo, pero no corregir una actitud poco propositiva que a largo plazo puede traer consecuencias indeseadas.

La periodista Jancee Dunn, conocida por su trabajo con Oprah Winfrey, desarrolló una investigación acerca del tipo de cosas que generan absoluta certeza, pero que no son necesariamente ciertas. A continuación algunas de las mentiras que más comúnmente disfrutamos, y que requieren suficiente valor para enfrentarlas y superarlas.

Tengo toda la razón

De acuerdo con el libro “Se han cometido errores (pero no por mi): por qué justificamos creencias tontas, malas decisiones, y hecho hirientes”, de la psicóloga social Carol Tavris, esta actitud soberbia de considerar que los demás están errados, pero nosotros no, es llamada sesgo de base y se refiere al hecho de creer que los demás están errados frente a una creencia, recuerdo o evento; esta actitud incluso impide caer en cuenta del error y propicia un estado permanente de testarudez que puede ir en contra del buen desarrollo personal.

Carezco de fuerza de voluntad

“Usted tiene cierta fuerza de voluntad, todo el mundo la tiene”, expresa el psicólogo social y experto en el tema, Roy Baumeister, quien, tras realizar estudios de laboratorio descubrió que volverse más organizado, dejar de fumar, hacer ejercicio, seguir una dieta, o cualquier otra acción que genere algún esfuerzo, puede ser realizada debido al autocontrol. El doctor Baumeister descubrió que la fuerza de voluntad es como un músculo que es necesario ejercitar a través del tiempo de manera constante.

Me lo merezco

Un postre, un vestido, un viaje, o cualquier otra cosa deseada. Igual que ocurre con la anterior característica, pensar que se está haciendo un juico justo al poner la responsabilidad por fuera de nosotros mismos genera tranquilidad. ‘No depende de mí, he sido tan estricta con esta dieta que merezco un chocolate’, se piensa con ingenuidad. La tendencia a autopremiarse es común, y no tiene nada de malo cuando haciendo una evaluación objetiva; pero cuando se encuentra cualquier excusa para darse gusto, sin haber trabajado antes por ello, no tiene mucho sentido tener la idea de un premio.

Yo no juzgo a la gente

Todas las personas categorizan a las demás según sus percepciones personales
, este procedimiento ocurre en cuestión de segundos y se llama “inferencias de rasgos espontáneos”, afirman investigadores de la Harvard Business School. Estas inferencias se hacen de manera consciente y es una manera de encajar a las personas en nuestro mundo.
                                                

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