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¿Obsesionada con las redes sociales?

¿Obsesionada con las redes sociales? ¿Obsesionada con las redes sociales?, foto: Thinkstock

Si no pasa un día sin que actualices tu estado en facebook o sin que publiques tus pensamientos en twitter, si tus vacaciones jamás excluyen los aparatos que tienen acceso a las redes sociales y mensajería instantánea ¡cuidado!puedes pertenecer a ese nuevo gremio de los adictos a la vida social virtual.

Por RevistaFucsia.com
 
Una de las maravillas del internet radica en la posibilidad que ofrece de mantener conectada a miles de personas a la vez por medio de las redes sociales. Las herramientas informáticas para potenciar la eficacia de las mismas operan de forma cruzada: comunicación (ayuda a poner conocimientos en común), comunidad (ayuda a encontrar e integrar comunidades), cooperación (ayuda a hacer cosas juntos). Está claro que el internet es un medio de comunicación fundamental, pero una cosa es comunicar datos y otra es develar la intimidad.

Resulta curioso que al mismo tiempo que las personas se juran independientes y originales, crezca el interés general por figurar en la vida de los demás, por mostrar fragmentos de la personalidad o de la vida cotidiana que se acercan a lo que socialmente se considera bueno o deseado. Estereotipos de éxito, belleza, intelecto o felicidad, son expuestos cada segundo en sitios como Facebook o Twitter, esto no es malo en sí mismo porque hace parte del lenguaje propio de las redes sociales, el dilema está cuando existe un interés excesivo por revelar la intimidad.

La intención de publicar
Cada acción tiene una intención específica, cada vez que conscientemente realizamos un acto, responde a un deseo de completar con él un propósito previamente establecido. De igual manera ocurre con la información que se publica con las redes sociales, cada dato tiene un propósito de opinión entre los supuestos lectores, un grupo que puede exceder el círculo de conocidos y que por lo general excede el círculo de personas frecuentadas.

De acuerdo con la psicóloga Claudia Zabala de Mentevital Neurofeedback, “aquellos que publican su vida personal y necesitan involucrar a muchas personas en sus actividades, evidencian una necesidad de reconocimiento y evaluación externa. Saber qué piensan los demás de mí y mostrar una identidad que se ajuste a lo socialmente valorado son los pensamientos que trasnochan a más de uno en las redes sociales. Existe una necesidad implícita de seguir estereotipos sociales: el que más viaja es más feliz, el que tiene más amigos es el más querido, divertido o con más éxito”, afirma la experta. “Estas personas ‘adictas’ no son conscientes de la molestia tan grande que pueden llegar a causar entre algunos de sus contactos y visitantes en las redes” dice Zabala.

Qué hay de malo con develarlo todo
Si bien es cierto que muchas cosas que aparecen en las redes sociales no son verdad y que muchas otras son puestas en la red sólo para parecer ‘interesantes’, hay quienes se esmeran por perfilar cuidadosamente la imagen proyectada mediante los detalles más íntimos que adquieren trascendencia en tanto que están expuestos a la opinión de los demás.

Qué voy a almorzar, cuántas peleas llevo con mi novio, a dónde viajaré estas vacaciones, qué haré este fin de semana, estrenando ipad, de rumba con fulanito, con quién estoy, deprimida, feliz, brava, @ España, @México, etc., son algunos de los tópicos que algunos se preocupan por publicar en el instante apropiado, más interesante aún, si se hace en un idioma distinto al español o si se hace de paso alguna alusión acerca de lugares del mundo donde se ha estado.

Según Félix Humberto Bravo Fernández, psicólogo y profesor de la Universidad del Golfo de México, el daño latente de publicar la vida en las redes sociales radica en lo que otros pueden hacer más adelante con esa información.

“Además de compartir de manera consciente, arrastramos con nosotros todo un equipamiento (amigos, dirección, correo-e, detalles de la vida privada y demás) que tal vez no debería aparecer o, si acaso, hacerlo de otra manera. Son multitud de detalles a disposición de gente que no conocemos, con quien no decidimos comunicarnos y cuyo uso de esa parte de nuestra intimidad desconocemos. Y lo que es pero incluso, vendemos gratis, también, la intimidad de nuestros íntimos, la mayoría de las veces sin su consentimiento”, explica Bravo.

Detectando la obsesión
La doctora Zabala afirma que, aunque las redes sociales son parte crucial de nuestro tiempo y las nuevas generaciones son más propensas a desarrollar su vida en torno a los dispositivos tecnológicos y las redes sociales, la necesidad de exponer la vida privada demuestra una cierta insatisfacción por parte de quien publica. “La pregunta más importante gira en torno a saber qué debilidades y/o creencias tiene la persona para que sus vivencias no sean suficientemente satisfactorias hasta que sean vistas por otros”, afirma Zabala.

Todo exceso es perjudicial, dicen los sabios. No se trata de desaparecer de la red, sino de aprender a establecer un filtro que permita una cierta seguridad personal en línea. La manera como la tecnología ayuda a gestionar la vida personal de cada quién aún está en discusión; lo mismo pasa con la definición de adicción para el caso de las redes sociales. Lo cierto es que, en estos días, la noción de privacidad es personal y de cada quien depende el uso o abuso de las redes sociales.

Estas personas ‘adictas’ no son conscientes de la molestia y el aburrimiento que pueden llegar a causar entre algunos de sus contactos.


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