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“¿Por qué no consigo lo que quiero?”: 5 errores fatales que no debes cometer

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“¿Por qué no consigo lo que quiero?”: 5 errores fatales que no debes cometer No puedes vivir de los cuentos de hadas, los finales felices de novela o de las historias exitosas de tus amigas. Debes ser realista oara ser feliz (Foto: Thinkstock)

¿No se te acerca ningún hombre?¿Estás estancada en un trabajo que odias y en el que, tras del hecho, nunca progresas? ¿Puedes contar a tus amigos con dos dedos, y de hecho, ni siquiera son de confiar? El problema no es del mundo ni de tu mala suerte. Es momento de poner en marcha estas 5 estrategias.

Según Chin-Ning Chu, existen mujeres ambiciosas pero sin espíritu guerrero, principal razón de su fracaso en las relaciones sociales y su crecimiento personal. Mujeres que ansían el éxito, envidian “la suerte” de otras, pero son incapaces de liberarse de lo que se conoce como “la actitud de Cenicienta”.

¿Aún llevas los zapatos de cristal? En el interior de cada una, en algún momento de la vida, hay una pequeña parte que ansía ser Cenicienta y que un príncipe azul la rescate, trayendo con él una vida llena de lujos y de comodidades. ¿Empiezas a darte cuenta dónde comienza el problema? No está mal poner como prioridad una familia, tu estatus profesional o una vida social activa: el conflicto interno crece como arroz cuando no avanzas hacia tus metas principales y te estancas ante el primer impase. No es tiempo para lamentarse y querer volver a nacer. Los fallas más recurrentes.

1.    Anteponemos las fantasías a la realidad: Hay que tomarse en serio lo que quieres. No puedes vivir de los cuentos de hadas, los finales felices de novela o de las historias exitosas de tus amigas. El ser humano está predispuesto a la inconformidad con lo que tiene, pero una cosa es pensar en “lo que podría ser” y lo que estás haciendo para que se cumpla. “Qué tal sí actuara de cierta forma”. ¡Pues hazlo! Prueba, arriésgate y toma oportunidades antes de dar el paso al costado. La cuestión es decidir, nada de aguas tibias y temores al fracaso.

2.    Nos engañamos sobre lo que deseamos: Para nadie es un secreto que los hombres nos han discriminado durante años, pero...¿y qué de nosotras? Nos encargamos de ser machistas y construir una imagen mental y física a partir de lo que ellos quieren ¿y qué pasa con lo que nosotras queremos? Esto crea una confusión con respecto a nuestros deseos y hacer lo que “está bien” para los ojos de los demás. Siéntete orgullosa de tus metas, tus elecciones y tus mecanismos para lograrlas. La mujer que quiere una cosa y termina haciendo otra, fácilmente se topará con la desdicha y la frustración. Los demás llegan a percibirlo y fácilmente nos rechazan o nos utilizan.

3.    Llevamos zapatos de cristal y ropa de combate:
Una curiosa metáfora que Chin-Ning defiende bajo la siguiente teoría: no hay peor error que confundir los anhelos. Una cosa son tus deseos como mujer (relaciones, familia, amigos, etc.) y otra tus proyectos profesionales: qué quieres estudiar, en qué quieres trabajar, cómo vas a sobrevivir, economía personal, etc.  Debes ser guerrera y femenina a la vez, poner como prioridad ambas visiones de vida y comportarte a la altura: realista, femenina y combativa. No dejes de lado tu lado femenino al momento de luchar por tus ideales.

4.    Aceptamos la discriminación sexual: A una verdadera guerrera no la frena la discriminación hacia su género. Con su pareja, en la oficina, en el hogar, con los amigos... nunca falta quien cree saber “cuál es nuestro lugar” porque somos mujeres. Esto nos impone comportamientos que, sin darnos cuenta, terminamos por aceptar y que poco a poco nos pordebajean y cortan con nuestra meta. Otro error es preocuparte por ello: no te beneficia en absolutamente nada. El “qué dirán” o el “deber ser de una verdadera dama” solo hace que vayamos en contra de nuestro deseo interior y verdadero. El mundo no está dominado por hombres: está supeditado a los que se dejan dominar.

5.    No tenemos un espíritu fuerte:
No hablamos de la que llora más o la que grita menos en medio de una pelea de pareja. Nos referimos a la que ante cualquier impase, siente que no tiene motivos para seguir adelante. A esto se le agrega la necesidad de aprobación de los demás: no discutimos con nuestro hombre porque podemos perderlo, no le digo nada a mi jefe porque puede despedirme, no le digo “no” a nadie porque te da pena. La fuerza proviene de nuestro espíritu y sin él somos mujeres débiles. Podemos clavar una daga con la mirada o vernos fuertes en el exterior con la apariencia y actitudes, pero no podemos fingir que nuestro espíritu está en crisis porque no tiene la capacidad suficiente para levantarse nuevamente o negarse a lo que le hace daño.







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