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Por qué no somos capaces de cumplir los objetivos de Año Nuevo

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Por qué no somos capaces de cumplir los objetivos de Año Nuevo Foto: Boffard.com

Las buenas intenciones parecen una constante cuando el año está a punto de cambiar de dígitos. La consecución de estos es un problema para la mayoría de personas una vez llega el momento de echar la vista atrás y ver qué hemos logrado.

La llegada de un nuevo año está plagada de buenas intenciones. Dejar de fumar, adelgazar, trabajar menos o pasar más tiempo con la familia y amigos. La lista de propósitos es casi infinita y prácticamente imposible de cumplir para la mayoría de mortales, según recoge un estudio de la Universidad de Scranton (Pensilvania, Estados Unidos) del que se ha hecho eco la plataforma Forbes. De hecho, los responsables de la investigación calculan que sólo el 8% de las personas logrará alcanzar el próximo año las metas que se plantearon al iniciarlo.

Esta deserción o abandono se  debe a lo que el psiquiatra estadounidense por la prestigiosa Universidad de Berkeley, Mark Goulston, llama una falta constancia objetiva, es decir, la incapacidad  de planear y mantenerse fiel al objetivo final que es alcanzar un propósito.

La constancia objetiva tiene relación con el objeto constancia, un término desarrollado por la psicoanalista y pediatra Margaret Mahler, especializada en el campo de la psicología infantil. Se refiere a la etapa cuando el niño se percata que su identidad no está vinculada a la de su madre, que es un individuo independiente a esta.

Este concepto tiene una estrecha relación con la formación de lo que se entiende como interiorización, que es la representación inconsciente e interna que el niño se forma de su madre. Las deficiencias en una interiorización positiva pueden generar la aparición de inseguridad y una falta de autoestima en el infante. De hecho, las personas con falta de objetivo constancia son incapaces de interiorizar el hecho de que otras puedan preocuparse por ellas, lo que les lleva a desarrollar una sensación de constante ansiedad e inseguridad. Estos sentimientos eclipsan el razonamientos a largo plazo y, por lo tanto, todos los objetivos que necesiten tiempo para llegar a buen puerto.

Así, estas personas se mueven motivadas por los impulsos y no por la lógica. Buscan estímulos efímeros con el fin de engañar esas emociones internas de ansiedad y que estas no las aturdan hasta el punto de convertirse en una sensación de pánico extremo. Camuflan su falta de control de las emociones en vez de enfrentarlas.

Basándose en todo esto, el doctor Goulston considera que la primera razón por la que las personas son incapaces de mantener los objetivos de año nuevo es por la incertidumbre que les crea el futuro, el largo plazo.  Es decir, si no está asegurado lo que este depararáe, por qué van a mantener su compromiso con los propósitos que se plantearon.

Otro motivo por el que muchas personas ni siquiera se plantean objetivos es por la falta de convencimiento de que conseguirán alcanzarlos. Evitando tenerlos, evitan decepcionarse a ellos mismos, o desilusionar a otros, lo que, según la teoría del objeto constancia, supondría un incremento de la ansiedad y la falta de autoestima que podría desencadenar en el pánico que con tanta perseverancia intentan evitar.

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