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¿Sabes decir ‘no’? que tan dañino es ser una persona complaciente

¿Sabes decir ‘no’? que tan dañino es ser una persona complaciente Foto: Thinkstock

A todos nos ha ocurrido que, ante la presión social, aceptamos realizar una acción que no queremos, compramos algo que no necesitamos, iniciamos una relación amorosa que no nos convence. No saber decir no es una carencia comunicativa que puede menoscabar el sano desarrollo de la persona como ser social y autónomo.

La asertividad es la capacidad comunicativa de expresar con claridad las decisiones y pensamientos personales sin agredir a los demás con ello y sin renunciar a la voluntad propia para no molestar a los otros. La asertividad es una expresión consciente, congruente y equilibrada, que sirve para comunicar los intereses personales de manera clara, sin la intención de herir o perjudicar a los demás.

La asertividad es pues una capacidad social que está relacionada con la madurez de la persona, quien reconoce su derecho a expresar lo que quiere o piensa sin incomodar a las otras personas, entendiendo que ello no implica herir susceptibilidades.  Saber decir no es una habilidad fundamental para conseguir relaciones afectuosas satisfactorias, como amistades y relaciones de pareja; al mismo tiempo, es muy importante para realizar con éxito labores sociales como comprar, vender, seguir instrucciones sociales, etc.

Razones por las que evitamos decir no
La falta de asertividad puede provenir de fuentes distintas en cada persona, temores muchas veces injustificados porque se desconoce el derecho social a tener autonomía y a defender intereses propios.
•    Para evitar un conflicto: preferir ceder antes de generar una situación incómoda, sobre todo si de por  medio hay intereses laborales o amorosos.
Tener siempre la puerta abierta a los aportes de las demás personas está muy bien, pero si ello atenta contra los intereses o principios personales, más vale expresar lo que se piensa, de lo contrario se comienzan a gestar inconformidades y angustias poco sanas.  
•    Para no hacer sentir mal al otro: procurar escapar al sentimiento de culpa que podría generar ver al otro en una situación de inconformidad por nuestra causa; es el caso de la persona que prefiere ceder antes de siquiera imaginar cómo se va a sentir el otro por su decisión.
Sentir empatía por el otro es una característica esencial para el desarrollo social, la ausencia de la misma es un rasgo de psicopatía, pero excederse hasta el punto de contemplar los sentimientos ajenos antes que los propios es un colmo que no es saludable.
•    Por temor a ser rechazado: la sola idea de originar en el otro un rechazo acerca de nuestra imagen o nuestra manera de actuar es cohibición suficiente para ceder.
Todas las personas proyectan una imagen de sí mismos, aunque la persona no se esfuerce por pulirla, esa imagen determina gran parte de la percepción que los demás tienen, no por eso el individuo tiene que amoldarse a los gustos de todos los otros para ‘caerles bien’, entre otras cosas, porque ese propósito es imposible.
•    Por negación propia: considerar que las necesidades y deseos de los demás son más importantes que las propias es el motor fundamental para ceder ante el otro. Esta posición revela baja autoestima y una cierta actitud de servidumbre que es completamente innecesaria
A veces las personas piensan que mostrar lo que piensan o sienten es señal de egoísmo, pero no es así, es simplemente el mecanismo natural con el que socialmente las personas se enteran de lo que pasa en el interior de los seres humanos. Si una persona dice “sí quiero ir a esa fiesta”, el que lo está invitando va a entender que en realidad es así, quejarse durante el evento, cancelar a último minuto o simplemente no asistir son actitudes inmaduras que podrían evitarse con un simple “en esta ocasión no puedo ir, lo siento”.

De igual manera ocurre en el trabajo y en todas las esferas de la vida en general, situaciones donde se pueden dar respuestas como: “voy a estar ocupada ese día, no puedo ayudarte con lo que me pides”, “creo que esa labor no es de mi competencia, pero te puedo recomendar a…”, “preferiría no ir al cine el día de hoy, qué te parece si…”, etc.

Siempre es mejor evaluar si lo que te están pidiendo es algo que realmente quieres hacer, para dar respuesta puedes tomarte tu tiempo, así tendrás más clara la situación. Recuerda que la gran mayoría de personas prefieren la sinceridad y el carácter que a la gente sin criterio.

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